Conozca cuáles son los desafíos de la estrategia militar en el Cauca

Marzo 14, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Perla Escandón Tovar

Detrás de la escalada terrorista de las últimas dos semanas en el norte del Cauca, que ha cobrado la vida de unas diez personas, hay una serie de razones que explican por qué las Fuerzas Militares no han logrado consolidar su dominio en esta zona del suroccidente de Colombia.

Detrás de la escalada terrorista de las últimas dos semanas en el norte del Cauca, que ha cobrado la vida de unas diez personas, hay una serie de razones que explican por qué las Fuerzas Militares no han logrado consolidar su dominio en esta zona del suroccidente de Colombia. La incursión de guerrilleros del Sexto Frente de las Farc en Caloto, donde hurtaron dineros del Estado y asesinaron a dos civiles y a cuatro policías, ratificó la forma de actuar de los grupos ilegales desde hace tres años y que ha cambiado la dinámica del conflicto. Se trata de grupos de entre 5 y máximo 15 hombres, algunas veces van de civil o con camuflados, que escondidos en matorrales, riscos de las montañas o desde viviendas, les disparan a las autoridades. También aprovechan la oscuridad de la noche para hostigar las poblaciones. Estas pequeñas unidades están conformadas por francotiradores y expertos en combates y explosivos, según el investigador Ariel Ávila, de la Corporación Nuevo Arco Iris. “Son ellos quienes están generando golpes de mano o sorpresivos”, dijo Ávila. Para el analista Fernando Giraldo, las condiciones geográficas y climáticas del departamento permiten que las Farc tengan cierta ventaja sobre la Fuerza Pública.“Los soldados no tienen la capacidad suficiente para desplazarse sino tienen información sobre el terreno y los recursos, mientras que la guerrilla tiene conocimiento total”, afirma Giraldo.De hecho, los subversivos del Sexto Frente han encontrado protección en la boscosidad de la cordillera Central, entre Corinto y Miranda. Allí han establecido sus guaridas y un corredor de comunicación con hombres de ‘Alfonso Cano’, precisó una fuente del Ejército. Unido a las difíciles condiciones topográficas, está la densidad poblacional que limita el operar de la aviación. Desde el cielo la zona norte se observa como un pesebre. Casas dispersas, cubiertas por árboles, lo que impide el bombardeo a los campos de las Farc. “No se pueden hacer operaciones, los apoyos aéreos sólo se hacen cuando las tropas necesitan ayuda en un combate. La guerrilla se ha aprovechado mucho de eso”, expresó la fuente militar.Pero más allá de estas condiciones, las autoridades enfatizan que la instalación indiscriminada de minas antipersonas o ‘quiebra patas’, el reclutamiento de jóvenes (algunos indígenas) y la existencia de milicianos son las razones que afectan notablemente los resultados militares. Álvaro Jiménez, director de la ONG Campaña contra las Minas, sostiene que el problema de esos elementos es creciente y grave en municipios como Tacueyó, Caloto y Miranda.“Las minas impiden el avance de las tropas, pero también está la munición sin explotar. Granadas de mano y de mortero y bombas que quedan sin estallar”, manifiesta Jiménez.Antes de iniciar las operaciones terrestres, soldados antiexplosivos deben primero escanear y limpiar el terreno. “En 500 metros hemos encontrado hasta 15 minas. Destruirlas puede tardar hasta un día”, explica un oficial.El inventor de esta macabra forma de atacar es alias Caliche (Carlos Patiño), jefe de la Columna ‘Jacobo Arenas’, quien la creó en 1997 con el fin de sacar las Fuerzas Militares de los municipios.Las milicias: el enemigo urbanoSe calcula que en el norte hay unos 160 milicianos que, según las autoridades, usan a los civiles como trincheras. Son conocidos del pueblo y tienen sus familias allí, por lo cual no los delatan.Estos hombres se valen de los nativos, como se evidenció en enero del 2010 cuando un grupo impidió la captura de ‘El Inválido’, jefe de finanzas del Frente 6 y quien manejaba rutas del narcotráfico. A este enemigo urbano se suman las dificultades jurídicas para procesarlo. Conseguir pruebas en su contra requiere un trabajo de investigación mucho mayor que con cualquier otro delincuente. “Pareciera que el trabajo fuera lento, pero no podemos dañar la actividad judicial”, dice el coronel Héctor Manuel Aguas, jefe del Estado Mayor del Ejército.Ante el panorama, el analista Giraldo reitera que la inteligencia militar y la red de informantes son claves, “falta mayor colaboración de la ciudadanía”.Mientras que Álvaro Jiménez piensa que la debilidad en la comunicación entre los indígenas y los gobiernos Departamental y Nacional impide que cualquier intervención sea profunda.

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