¿Cómo ha cambiado el narcotráfico tras la caída de Gilberto Rodríguez Orejuela?

¿Cómo ha cambiado el narcotráfico tras la caída de Gilberto Rodríguez Orejuela?

Junio 10, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País / Colprensa

20 años después de la captura del máximo capo del cartel de Cali, el narcotráfico ha evolucionado. El presidente Juan Manuel Santos aceptó la necesidad de un cambio en la estrategia de lucha contra las drogas.

Gilberto Rodríguez, el ‘Ajedrecista’, el máximo capo del Cartel de Cali, lleva casi 20 años en prisión. Con su captura, el 9 de junio de 1995, empezó el desmoronamiento de uno de los dos carteles de narcotráfico más poderosos del mundo.   

Ese día, el Bloque de Búsqueda de la Policía lo encontró escondido en una caleta  tras una pared falsa, luego de una persecución legendaria que duró meses. En una casa del barrio Santa Mónica le dieron ‘jaque’ al Rey y luego fueron cayendo cada uno de sus socios:  incluyendo a su hermano Miguel.  

Durante siete años permaneció preso hasta que en el 2002 lo liberaron por orden de un juez, pero cuatro meses después regresó a la cárcel y   él y su hermano fueron extraditados a Estados Unidos al año siguiente.

Hoy, 20 años después, los Rodríguez Orejuela siguen presos en Estados Unidos, condenados a 30 años de prisión. En  los últimos ocho años y medio ha estado en siete cárceles diferentes.  “La última vez que supe de él, estaba como bibliotecario en un penal de mediana seguridad en Filadelfia. Él no pudo negociar con Estados Unidos y yo creo que con esa condena de 30 años morirá en prisión”, dice uno de sus antiguos abogados.

El penalista, quien ha asesorado a otros narcos presos en ese país que han  negociado con la justicia estadounidense, asegura que los Rodríguez no lograron llegar a un acuerdo por varias razones. “Una es que siempre fueron muy tercos y se asesoraron mal. Además para Estados Unidos su extradición fue un mensaje, ellos representaban un símbolo en el narcotráfico y no podían ser condescendientes, tenían que tener una pena ejemplarizante”, agrega.

Pero la detención y muerte de los miembros de la cúpula del Cartel de Cali no acabó con el fenómeno del narcotráfico. 

El informe ‘Cuatro décadas de Guerra contra las drogas ilícitas: un balance costo’ publicado por la Cancillería colombiana muestra como en los años 80 y 70 “se calculaba que las dos principales organizaciones, los carteles de Medellín y de Cali, controlaron  el 70 % de la cocaína que salía de Colombia hacia Estados Unidos”, pero con la caída de estos capos de Cali el control fue asumido por otros.

La captura de los capos, según el estudio,  “generó un primer cambio en las estructuras de las organizaciones de tráfico de drogas, que pasaron de ser grandes carteles centralizados a organizaciones más pequeñas y dispersas”.

Sin embargo, para el analista Gustavo Duncan  no se puede decir que del Cartel de Cali se pasó a los ‘baby carteles’ u organizaciones pequeñas, que aunque existen no tuvieron  el control del narcotráfico, el cual fue asumido por el Cartel del Norte del Valle y por los grupos paramilitares. 

Actualmente, el narcotráfico es disputado por las bandas criminales, herederos de los paramilitares, quienes venden a carteles extranjeros, como los mexicanos, la droga. 

“Los narcotraficantes colombianos después del 2000 creyeron que si transportaban la droga solo hasta  México o Centroamérica evadirían la extradición. Así fueron perdiendo el control de la venta de drogas en Estados Unidos”, explica un oficial de un grupo especial de la Policía. 

Pero mientras los cultivos de coca  disminuyeron de  140 mil hectáreas (2001)  a 42 mil (2013), y, según las autoridades, la capacidad de enviar droga al exterior es menor que décadas atrás, un  nuevo fenómeno se presentó en el país.

“Los gobiernos se centraron en atacar a los grandes capos y no se dieron cuenta que surgió un monstruo más difícil de controlar que es el microtráfico. Con la experiencia en los juzgados puedo decir que la lucha contra las drogas fracasó”, explicó un abogado penalista.

“Aunque se debe reconocer que el poder corruptor del narcotráfico ya no tiene los niveles de esa época de los Rodríguez, que permearon la institucionalidad y transformaron la ciudad por las ansias de las nuevas generaciones del dinero fácil. Las historias de ese poder corruptor del Cartel de Cali son famosas, yo recuerdo una en la que hacia el 90 y pico  allanaron una casa de ‘Chupeta’, donde tenía caletas con dinero y joyas. Él mando un abogado, que antes de que el fiscal entrara, sacó dos maletas llenas de plata, joyas y documentos”, recuerda el abogado.

El aniversario de la captura de Gilberto Rodríguez coincidió con  la XXXII Conferencia Internacional para el Control de Drogas, que terminó el pasdo jueves en Cartagena. Allí el presidente Juan Manuel Santos aceptó la necesidad de un cambio radical en la estrategia global de lucha contra las drogas.

Si bien no es la primera vez que el jefe de Estado habla de la necesidad de darle al problema un enfoque distinto al estrictamente represivo por la vía militar y carcelaria sino enfocado más bien en lo que llamó un “tratamiento diferenciado” a cada actor de la cadena del narcotráfico, sí fue la primera vez que lo hizo ante 400 representantes de 130 naciones, donde su propuesta encontró eco.

Los expertos, en general, coincidieron como en cumbres anteriores en la necesidad de fortalecer cuatro ejes fundamentales en la lucha contra el narcotráfico -la prevención, la interdicción, el lavado de activos y el tráfico de estupefacientes-, pero esta vez el mundo comenzó a mirar el flagelo de las drogas ilícitas con la necesidad de ver la demanda, es decir, el consumo como un problema global de salud pública.

También por primera vez el debate sobre la legalización de las drogas pasó a un segundo plano. Según el general Ricardo Restrepo, director de la Policía Antinarcóticos, el consenso del encuentro multilateral fue que “se debe pensar en el problema de las drogas como un asunto de salud pública, sin pensar en la legalización”. 

El eco de la propuesta de Santos tuvo una primera respuesta de Estados Unidos, ya que el propio jefe del Comando Sur, general John Kelly, admitió en su intervención ante la Cumbre: “Soy el primer norteamericano en admitir que el problema (del narcotráfico) son las sociedades consumidoras, mi país es el principal”. 

El planteamiento del presidente Santos es que no se debe medir con el mismo rasero al campesino que cultiva hoja de coca, al consumidor que padece de su adicción y a los narcotraficantes de los grandes carteles. Para los primeros, el Presidente propone fórmulas alternativas reales de sustitución de cultivos y la erradicación manual; para los segundos tratamientos médicos y para los terceros mantener la ofensiva punitiva mundial. 

Santos recuerda que desde 1961, cuando se suscribió la Convención Única de las Naciones Unidas sobre Estupefacientes, “el mundo inició una guerra que hoy, 54 años después, tenemos que reconocer que no hemos ganado”. 

El exdirector de la Policía, general en retiro Luis Ernesto Gillibert Vargas, dice que “erradicar la droga no es fácil, me atrevería a decir que es casi imposible, porque así como la tecnología les llega a las naciones, también le llega al narcotráfico”.

Los herederosLos herederos  de Gilberto y Miguel Rodríguez, luego de la extradición de estos. Varios de  sus hijos fueron procesados por lavados de activos al ser acusados de esconder bienes.  Tras cumplir  la pena por ese caso, Alexandra Rodríguez, hija de Gilberto, fue recapturada y condenada por extorsión.  Alexandra preacordó con la Fiscalía y la condenaron a cuatro años de prisión. Entre tanto, William Rodríguez, hijo de Miguel, quien estaba preso en Estados Unidos por narcotráfico, quedó libre tras una rebaja de penas.
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