“Chocó está bañado en oro, pero abandonado”

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Monseñor Julio Hernando García Peláez, obispo de Istmina-Tadó, dice que el paro armado es una muestra del abandono en esta región del país.

“Chocó está bañado en oro, pero abandonado”

Marzo 15, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Oriana Garcés Morales
“Chocó está  bañado en oro, pero abandonado”

Monseñor Julio Hernando García Peláez, obispo de Istmina-Tadó.

Monseñor Julio Hernando García Peláez, obispo de Istmina-Tadó, dice que el paro armado es una muestra del abandono en esta región del país.

El Chocó ha estado en las últimas semanas en la agenda del Gobierno Nacional. Tras un paro armado de las Farc, ocurrido la semana pasada, el propio presidente Juan Manuel Santos realizó un consejo de seguridad en Quibdó para frenar la ola de violencia que aqueja esta deprimida zona. El obispo de Istmina-Tadó, Chocó, monseñor Julio Hernando García Peláez, ha sido una de las voces que más ha denunciado la violencia en el Pacífico. El prelado asegura que el abandono estatal, la falta de alimento y la minería irracional propician la violencia de los grupos armados. ¿Qué tan difícil ha estado la situación del Chocó en los últimos meses?Acá se vive una situación muy difícil y compleja. Es un departamento abandonado del país. Bañado en oro, en platino, pero abandonado; entonces cuando se da un paro como el de la semana pasada se incrementa el hambre; como se vive de la minería, aquí la gente no produce comida y hay que traerla de Pereira o de Medellín. Otro problema grande del Chocó es la infraestructura. Aunque las recientes administraciones han hecho esfuerzos, todavía hay mucho recelo con las autoridades de la región por la historia de corrupción que hemos vivido.¿Hace cuánto no se presentaba una situación de violencia como la actual?Creo que la situación en los últimos meses se ha venido agravando y se va a agravar más, sobre todo por el problema de la minería, la devastación de la selva, el envenenamiento de los ríos y los factores de violencia. Esto causa que la gente esté mucho más marginada y desplazada.¿Cómo se afrontó el paro armado?Más que temor, es la costumbre de que aquí con frecuencia queman buses y carros; entonces realmente cuando se da la orden de paro armado, los transportadores, tanto de buses como de camiones, la acatan; lo mismo pasa en los ríos y en el mar. La gente no se moviliza y quedamos aislados. Entonces, ¿qué futuro tenemos aquí? Que en cualquier momento algún grupo declare de nuevo un paro armado y otra vez quedamos en manos de nadie. El problema es que no hay una solución inmediata. ¿Luego del anuncio de aumentar el pie de fuerza de la Policía y de establecer un batallón, la situación se ha normalizado?Todavía subsiste en el inconsciente de la gente el temor de que en cualquier momento este tipo de cosas puedan volver a suceder. Una de las cosas que hay que adelantar ahora es un trabajo psicológico con las comunidades afro y las comunidades indígenas.¿Por qué cree que se declaren tan fácilmente paros armados en el Chocó; este año van dos?Lo que pasa es que este es un terreno selvático, muy difícil de controlar por la salida al mar y los ríos. Pero lo que más nos agobia es la situación de los pobres. El Gobierno tomó medidas como la creación de un batallón en el departamento, ¿piensa que es la solución?Nosotros hemos hecho un clamor como Iglesia que se mantiene en pie: necesitamos pan. Todas esas medidas son significativas, importantes y el Estado tiene que hacerlas porque debe garantizarle a la ciudadanía el orden, pero lo que más necesitamos en este momento es el pan para todos. El Presidente hizo cinco promesas, que ojalá se cumplan, pero el problema acá es de fondo. Lo que necesita el Chocó es infraestructura, generar empleo y sobre todo, saciar el hambre de la gente. ¿Cómo cree que se actuó frente al paro?Pienso que en términos generales la población se ha sentido muy abandonada por parte del Gobierno. El paro lo programaron, lo hicieron y lo terminaron cuando quisieron. Esto es muy triste y muestra que aunque las autoridades locales y gubernamentales estén bien intencionadas, a nivel nacional estamos sometidos a un abandono impresionante. El Presidente ha hecho presencia en Quibdó, con un consejo de Gobierno e insiste en continuar con sus locomotoras, pero una cosa es el discurso y otra cosa es la realidad del hambre.¿Ese abandono es un caldo de cultivo para los grupos armados?No solamente para ellos. Las ciudades también se ven afectadas porque las personas que son desplazadas finalmente van a tirarse al pavimento. Entonces, son las que vemos en los semáforos de Pereira y Cali. Queremos llamar la atención porque ahí es donde urge que haya una solución inmediata a esta problemática. Esto nos está afectando a nosotros y también a ustedes.¿Se ha intensificado la violencia urbana en ese departamento?Necesariamente en algunos centros urbanos el desplazamiento de la gente se va volviendo problemática la vida. Quibdó tiene barrios que se han vuelto muy violentos. Lo mismo sucede en Istmina y Bahía Solano, que son tradicionalmente pacíficos. Acá la gente no es violenta, pero cuando la vida se vuelve imposible, se incrementan los niveles de violencia.¿Qué se denunció en la Carta Pastoral de los Obispos del Pacífico en el 2011?El problema de las tierras, que se ha venido incrementando por asuntos como la minería, uno de los mayores generadores de violencia. Llamamos la atención porque no es solamente en el Chocó sino en todo el litoral del Pacífico. Es un drama que empezamos a ver todos los obispos de esta región.En un comunicado de su Arquidiócesis se dice que los discursos oficiales niegan el incremento de la violencia en el Chocó.Cuando hemos afirmado eso es porque realmente constatamos el drama que viven las familias con, por ejemplo, el reclutamiento de niños. Sabemos también del problema de los jóvenes que dejan fácilmente el estudio para buscar otras opciones, como irse a cultivar coca. Entonces cambian su proyecto educativo, pierden el horizonte y no terminan el bachillerato. Tenemos pocos profesionales porque se pasa a otras formas más fáciles de vida.En ese comunicado también se denuncia una “connivencia” de la Fuerza Pública con los actores armados.Dentro de las situaciones que se presentan no hay que descartar circunstancias desafortunadas en las que esto aparece. Sobre todo en hechos que se presentan en zonas alejadas y marginadas. Por ejemplo, decir que la Fuerza Pública no puede operar en ciertas partes del Chocó por la situación selvática, por miedo a las emboscadas... ¿Qué llamado hace al resto del país?En primer lugar la emergencia de atender el hambre. Esto no da espera de 24 horas, requiere de atención inmediata. En este momento, las consecuencias de un paro como el que se ha presentado es que ha quedado hambre en la gente. En segundo lugar es la necesidad de la infraestructura. El Chocó también es Colombia y al Gobierno central no se le puede olvidar que este es un departamento que también pertenece a esta nación.

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