Carrobomba de las Farc ‘dinamitó’ la fe de los habitantes de Inzá

Carrobomba de las Farc ‘dinamitó’ la fe de los habitantes de Inzá

Diciembre 09, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Andrés Felipe Becerra I. Reportero de El País
Carrobomba de las Farc ‘dinamitó’ la fe de los habitantes de Inzá

Los habitantes de Inzá, en el oriente del departamento del Cauca, ayer no podían creer lo que había pasado en el pueblo el sábado pasado. Pasaban una y otra vez por la estación de Policía, blanco del atentado con carrobomba, la cual quedó totalmente destruida.

El ataque en pleno día de las velitas, que dejó nueve muertos, revivió las escenas de horror que solo la guerra entrega.

En la puerta de la iglesia de Inzá, al oriente del Cauca, hay un afiche que dice que este 2013 es el año de la fe. Hasta el sábado pasado, antes del ataque con carrobomba de las Farc en el centro de este municipio que dejó nueve muertos y 43 heridos, nadie parecía tener dudas de ese mensaje.Todos en Inzá parecían tener fe, en parte, de que la guerra que por tantos años ha azotado a este departamento no los volvería a tocar por varias razones: hace más de diez años en el pueblo no se registraban ataques de la guerrilla, el viernes pasado hubo grados, hace ocho días fue la feria del pueblo sin asomos de riñas o peleas de borrachos. Pero la fe se perdió a las cinco de la mañana del sábado pasado: las escenas de horror que solo la guerra entrega se volvieron a escuchar, a ver, a sentir.Todo ocurrió en la plazoleta central de Inzá, donde está ubicada la estación de Policía, la Alcaldía, la galería, el local Sor Café, Juan Tama, el Restaurante bar D’ floro. La población se preparaba para el habitual sábado de mercado. Cientos de campesinos e indígenas provenientes del mismo Inzá, de veredas como Alto de la Cruz y El Carmen, e incluso desde el municipio de La Plata (Huila), llegaron como es costumbre desde muy temprano a la plazoleta central para descargar de camperos y chivas café, plátano, yuca, panela, banano, lulo, y luego llevarlos dos cuadras abajo, a un parque, donde se improvisa una galería por unas horas. En ese lugar y a esa hora, mientras la mayoría de soldados y policías dormían en la estación, dos hombres estacionaron en todo el centro de la plazoleta una camioneta gris Mazda, con placas EVJ 813 de Cali, cargada con cebollas y con tres cilindros de explosivos camuflados. El carrobomba con los cilindros tenía un blanco: la estación de Policía de Inzá, donde años atrás funcionó el Teatro Municipal. La estación quedó totalmente destruida, y, como siempre ocurre con estos atentados, los soportes y esquirlas de los cilindros cayeron por todos lados, generando caos en la población. ***“No quiero volver a vivir esta guerra. Ver los cuerpos de mis compañeros bajo los escombros, la pierna desmembrada de uno de ellos al lado mío, son escenas que no quiero volver a repetir. En tres meses se acaba esto: termino de pagar servicio en la Policía”.Son las palabras del auxiliar de la Policía Armando Sánchez Fonseca, de 19 años, y quien solo hace dos meses había llegado a Inzá, procedente del municipio de San Sebastián, también en el Cauca, donde una vez le tocó responder a un hostigamiento de la guerrilla cuatro días seguidos. El sábado en la noche Armando no quiso volver a entrar a lo que quedó de la estación. “Me da miedo, no quiero recordar que pisé el cuerpo de uno de los soldados que murió en el ataque, no quiero recordar el humo que se formó por la caída de las paredes ni mucho menos el momento en que gritábamos todos y ninguno nos escuchábamos, pues estábamos aturdidos”, dijo este joven policía. A Rosalba Cruz Salázar, una habitante de Inzá, también le será difícil olvidar las consecuencias de la guerra, y más cuando sabe que las víctimas de este ataque fueron sus amigos, sus vecinos.Don Ovidio Gutiérrez se estaba subiendo a la chiva que estaba al lado del carrobomba, pero el soporte de uno de los cilindros lo impactó. “Algo que posiblemente nunca vamos a borrar de nuestra memoria es como quedó el cuerpo de Ovidio: del tronco para arriba bajo la chiva y sus piernas por allí, tiradas en dos tiendas de la plazoleta central”, contó horrorizada Rosalba. “Definitivamente la vida es un ratico. A Don Ovidio se le había graduado una sobrina el viernes pasado y hasta la madrugada del sábado él estuvo ayudando a acomodar las sillas que se utilizaron para la celebración de todos los graduandos. Solo durmió tres horas y luego salió al mercado, que Dios lo tenga en su gloria”, dijo la mujer, de 63 años. *** La noche del sábado 7 de diciembre unas 300 personas, de los 26.989 habitantes que tiene Inzá, se acercaron temerosos a la plazoleta central para prender las velitas en el mismo sitio donde los violentos, unas horas antes, habían atacado a la Fuerza Pública y a la población civil con otro tipo de fuego. Esas personas, que vieron como en cuestión de minutos un acto terrorista acabó con parte del pueblo, se dieron un abrazo de paz. Policías, soldados e inzarenses se dieron apoyo. El párroco del municipio, Juan Antonio Camero, dijo esa noche que un acontecimiento de violencia, de muerte, tiene que estar acompañado de la esperanza. Sin embargo, esa esperanza tendrá que irse recuperando con el tiempo porque pese a los abrazos, las palabras de apoyo, muchas de las personas de Inzá, que parecían tener fe de que esa guerra absurda se acabaría con unos diálogos de paz, volvieron a temer por sus vidas. El año 2013, al parecer, no alcanzó a convertirse en el año de la fe.

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