Así vivía la familia del sargento Lasso la tortura de la promesa de su liberación

Abril 02, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Daniel Suárez Pérez | Reportero de El País
Así vivía la familia del sargento Lasso la tortura de la promesa de su liberación

Juan Esteban le entregará a su tío César Augusto Lasso un dibujo de Superman.

Las Farc pospuso liberaciones de secuestrados para el próximo 2 y 4 de abril. Relato de una espera eterna.

La familia Lasso Monsalve expresa que la espera por la libertad del sargento César Augusto no es felicidad, es más bien un deseo que los tortura y que ha tardado trece años y cuatro meses en hacerse realidad. Por ahora, cada uno quiere cumplir promesas que quedaron pendientes, cartas que no pudieron enviarle y regalos que aún conservan.Ante los cambios, los familiares decidieron no tener un plan para recibir al suboficial. La entrega de los diez uniformados pasó del 26 al 30 de marzo. Las liberaciones son para ellos algo vacilante.Fabiola Monsalve expresa que durante los años que lleva secuestrado su hijo nunca se había sentido tan ansiosa como ahora: cree que dentro de poco no tendrá en su cabeza la imagen de César Augusto bajándose del avión en Bogotá, si no frente a sus ojos. Piensa que ese día también se le irán de su mente las angustias que le ha dejado el plagio.En los últimos días la madre del sargento ha estado “con rabia”. Ha evitado hablar con los medios de comunicación, no quiere llenarse de falsas esperanzas. Ha querido “cerrar los ojos y no sentir nada”: la idea de que hay que esperar unos días para abrazar a su hijo es una ansiedad mezclada con alegría. No ha querido planear ninguna sorpresa, solo desea tener al frente a su hijo y que él le diga qué van a hacer.Fabiola advierte que no olvida los gustos de su hijo y está preparada. Sabe que debe tener listos en su casa los ingredientes para cocinarle lo que más le gusta: bandeja paisa, arepas y las tortas que ella le hacía y le mandaba por correo a cualquier pueblo donde él estuviera. Fabiola está convencida que sus recetas no van a tener muchos granos, “es lo único que a ellos le dan en la selva”. Ella sabe que esa dieta, mezclada con el sufrimiento del secuestro, lo ha transformado físicamente en otra persona.Otra familiaEn la sala de la casa de los Lasso Monsalve, ubicada en el barrio Torres de Maracaibo de Cali, están colgadas tres fotografías del sargento: dos retratos en los que aparece vestido con su uniforme y una en la que está de civil con sus cinco hermanos, dos hermanas y sus padres. César Augusto está delante de todos, sonríe a la cámara de rodillas y sostiene a Sarita, su perra Chow Chow. El día que Lasso regrese a su casa conocerá una familia diferente a la de la foto: una hija que nació cuando él estaba en cautiverio; de una sobrina de 6 años que dejó, pasó a ocho más que esperan conocerlo; su papá, Daniel Lasso, falleció el 1 de junio del 2009 por un paro respiratorio esperando el regreso de “Cesitar”; la mascota falleció tres años después en una finca por la “pena moral”.Fabiola revela que hay “una nueva Sarita”, que reparará un poco la tristeza de Lasso por lo que tuvo algún día y ya no va encontrar. La perra llegó “de milagro” el 1 de enero pasado. En la madrugada los Lasso Monsalve celebraban el Año Nuevo y un gato atacaba la perrita cerca a la vivienda. Sarita entró a la casa para protegerse. La familia esperó unos días para saber si tenía dueño. Nadie apareció. Fabiola cambia su tristeza por una sonrisa cuando le pide a su nieto Juan Estaban que muestre el dibujo hecho a lápiz que le tiene a su tío. Es un “Superman vestido de civil”, con gafas oscuras y una chaqueta de cuero. El niño de 11 años se alegra porque solo tardó dos horas en hacerlo y se lo entregará a su “héroe” cuando se encuentren en Bogotá.Daniel Ómar, padre de Juan Esteban, comenta que espera volver a jugar con su hermano fútbol y ajedrez. El hombre, que reside en Buenaventura, recuerda que César Augusto es delantero izquierdo -“era zurdo y efectivo”-, también participaba en los campeonatos familiares de ajedrez. “Fue algo que nos enseñó mi padre. Cuando aprendimos le ganábamos a él. Eso lo vamos a hacer otra vez”.¿Dónde pasará la primera noche?César Augusto va a encontrar una familia dispersa a su regreso. Su madre y algunos hermanos viven en el Valle y Risaralda; su compañera sentimental Ninfa Hernández, está en Villavicencio con sus dos hijos menores; y su hija mayor, Lisseth Lasso, terminó de estudiar un curso de sistemas en Bucaramanga.Hasta el momento ninguno de los familiares sabe dónde irá a quedarse el sargento la primera noche que pueda estar con su familia. Las tres primeras semanas después de la liberación estará en Bogotá y Cartagena haciéndose los procesos médicos y de adaptación con la Policía. Luego deberá decidir a cuál casa llegará. Ninfa manifiesta que el futuro de su relación dependerá de la decisión que tome con su compañero sentimental. Comenta que en la ausencia de Lasso se ha dedicado a sacar adelante a sus dos hijos. “Es difícil definir algo después de trece años de estar solos. Lo único que quiero es verlo y ver qué pasa”. Lisseth tenía 7 años cuando su padre fue secuestrado. Dice que a pesar de la edad y de las fotos que ha visto de él en las pruebas de supervivencia, no se le ha borrado la imagen del sargento cuando lo podía ver de frente.Por el anuncio de la liberación la joven de 20 años aplazó el ingreso a la universidad donde estudiará comunicación social. Agrega que la última vez que vio a su padre fue unos meses antes del secuestro. Lasso llevó a su hija a Bogotá, pasaron varias noches en un hotel de la Policía, y fueron a un concierto. Cuando él iba a pagar las boletas se dio cuenta que había olvidado su tarjeta de crédito. Ella lloró y él la calmó con un helado y con la promesa de que la próxima vez que se vieran asistirían al espectáculo. Unos meses después de su último encuentro y unas semanas antes del secuestro, Lisseth cuenta que César Augusto la llamó para contarle que debía cancelar su visita a Mitú, en Vaupés. Recuerda que su padre se sentía triste, “era un tono como de despedida, me pedía que le obedeciera a mi mamá, que nunca dejara de estudiar y que sacará buenas notas”. Ahora entiende que el temor de su padre para pedirle que no lo visitara se debía a un rumor que había en el pueblo: la guerrilla los estaba rodeando. El 1 de noviembre de 1998, 1.500 insurgentes de las Farc atacaron la población con cilindros bomba. Tras doce horas de combates, 16 uniformados murieron y 61 fueron secuestrados. Lasso fue uno de los plagiados y es el único que sigue en cautiverio.La hija del suboficial manifiesta que aunque ha estado enferma de una infección en los riñones, eso no es un impedimento para ir hasta la capital colombiana y abrazar a su padre, para estar luego sola con él y leerle dos cartas que le escribió hace unos años cuando “más lo extrañaba y me sentía más triste”. Lisseth cuenta que “esta semana soñé que mi papá llegaba al hospital donde estaba, iba por mí. Recuerdo su rostro, era el mismo que tenía en el último video que nos enviaron de él en cautiverio. No sé cómo estaba vestido, tampoco le vi las cadenas”.

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