Agentes encubiertos, la apuesta para desmantelar las bandas de microtráfico en Cali

Agentes encubiertos, la apuesta para desmantelar las bandas de microtráfico en Cali

Febrero 03, 2017 - 10:19 p.m. Por:
Laura Marcela Hincapié S. | Reportera de El País
Agentes encubiertos, la apuesta para desmantelar las bandas de microtráfico en Cali

Los agentes encubiertos son indispensables para llegar al escondite de la mercancía de los expendedores, debido a que estos ya no cargan con grandes cantidades de droga.

Detrás de la caída de las bandas de venta de droga hay una labor que requiere sigilo y gran capacidad de infiltración. Así trabajan los policías encubiertos en Cali.

El tipo saca el arma. Apunta. Amenaza con volarle la cabeza al joven que tiene enfrente. El tipo es el jefe de la banda que vende drogas en las Canchas Panamericanas de Cali. Ahora le reclama una plata a uno de sus siete expendedores. El intendente López está allí, en medio de la pelea. Vestido con camiseta, pantaloneta, barba, un peinado como el de Germán es el Man. Desde hace varias semanas el policía encubierto visita el lugar. Al principio fingió ser un consumidor de marihuana; ahora es parcero de todos, conversa, juega fútbol. López empieza a sudar. Quiere coger el teléfono, llamar a sus compañeros, detener al tipo del revólver. Quiere, pero no puede. Si llegan a sospechar de él, se cae la operación. ¡No te hagas matar por plata! Fue lo único que atinó a decir el agente. El joven amenazado saca varios billetes de 50, se los entrega al jefe, sale corriendo. López respira profundo. Sigue sudando. La escena ocurrió el año pasado. Ahora, martes 27 de noviembre, el agente está sentado en la cafetería del comando de la Policía. Viste una camiseta morada de marca Tommy Hilfiger. Tiene el pelo corto, estilo militar. Ya no usa barba. El hombre de 30 años recuerda que ese fue el momento más difícil que ha vivido desde que es agente encubierto. López es uno de los tres investigadores de la Sijín que tienen la misión de infiltrarse en las bandas de microtráfico, conocer a sus miembros, descubrir qué droga venden, dónde la esconden y ayudar a capturarlos.En los últimos cinco años el Grupo de Estupefacientes de la Policía de Cali ha desmantelado unas 20 bandas. La clave: agentes encubiertos. Cada operación dura unos seis meses. La mayoría se ha hecho en zonas verdes: se estima que en el 60% de los parques de Cali se vende droga. Estos investigadores han estado detrás de la caída de los grupos más peligrosos de la ciudad, como la banda La Ocho, que operaba en el barrio El Rodeo y que, según las autoridades, tenía una estructura similar al Parche del Zuley, que participó en el atentado contra Fernando Londoño.¿Puede el engaño ser el arma más efectiva de un policía contra el crimen?Con disfrazHabían pasado dos meses desde que López y sus compañeros seguían a los vendedores de droga de las canchas Panamericanas, jíbaros como les dicen en la calle. Sabían que eran siete y su jefe un tal ‘Jota’, que trabajan turnos de 12 horas, que ofrecían marihuana y, a veces, cocaína.El agente vio, entonces, la oportunidad de acercase a la banda. El plan: llegar con una fachada de deportista, luego comprarles todo lo que vendieran, memorizar sus movimientos. Al final: arrestarlos con la droga en el bolsillo.La decisión de trabajar como un agente encubierto es voluntaria, pero el Director de Fiscalías es el único que puede autorizar esa figura. ¿De qué depende? De las pruebas y medidas de seguridad que tenga el investigador para garantizar el éxito del operativo.López decía tener todo bajo control. Lo primero que hizo fue tomar una aparencia similar a los miembros de la banda. Ni muy “gamín” ni muy elegante. El policía empezó a usar camisetas anchas y pantalonetas hasta los tobillos. Se dejó el bigote, el pelo largo. Tenía un disfraz. La llegada, sin embargo, no fue fácil. Los primeros días ninguno de los expendedores quiso venderle. López no les inspiraba confianza. Tuvo que pasar una semana para que ‘Jota’, luego de verlo tantas noches haciendo barras como un deportista dedicado, le vendiera un cigarrillo de marihuana. Hasta allí, se había convertido en un cliente. Solo eso. A las semanas siguientes, López se quedó a fumar con ellos.¿Y no acaba bajo los efectos de la droga? Los agentes tienen un truco: dejan el humo en su boca, sin aspirar, lo sueltan, una y otra vez, hasta acabar el cigarrillo. “Sino, terminaría ‘parchado’ con ellos”.En estas operaciones secretas, los investigadores están facultados para consumir y portar drogas, debido a la intervención que adelantan. Sin embargo, la ley no les permite hacer parte del negocio. Si alguno llega a vender con los expendedores, así sea un requisito para su investigación, sería juzgado como cualquier civil.Tener la respuesta ahí, en la punta de la lengua. Siempre. Un agente encubierto debe ser así, entrador, extrovertido. López sabe de eso. El policía, de unos 80 kilos, es un paisa conversador. Gracias a eso, dice, se ha convertido en una ficha cercana a los jefes de las bandas.El intendente tiene claro cómo romper el hielo: el fútbol, la familia. Su amistad con los ‘jíbaros’ de las Canchas Panamericanas empezó cuando dijo que era hincha del América de Cali, al igual que ellos. Luego se ganó su respeto cuando inventó que su “cucha” estaba enferma y él se hacía cargo de ella y sus hermanitas. López, entonces, cuando está en una operación encubierta -ya ha participado en tres- se vuelve un actor. Cada palabra, gesto, hacen parte de un libreto, uno que tiene un final: los expendedores tras las rejas. Los policías encubiertos no reciben un entrenamiento especial. Simplemente deben ser investigadores que tengan la capacidad para engañar sin que los descubran. Allí, de nuevo, todo depende de su personalidad, su olfato, su astucia. Esa malicia es necesaria, sobre todo, para detectar a los expendedores que se camuflan como vendedores de helados, mujeres embarazadas. En algunos operativos, cuenta la Sijín, los cabecillas de las bandas son mujeres que salen a pasear a sus bebés y esconden la droga en los coches. A los dos meses, el agente López ya había logrado que los ocho expendedores le vendieran droga. Pero, ¿cómo podía probarlo? Antes de empezar su operación encubierta, el policía y sus compañeros instalaron una cámara en un sitio cercano al expendio. Eso -explica López- es indispensable para comprobar ante el juez el negocio ilegal porque sin videos no hay pruebas, sin pruebas no hay condenas, sin condenas se pierde el trabajo. Por ese buen olfato, el intendente también detectó que cada vez que hacían un pedido grande, el jefe de la banda se perdía unos minutos y luego regresaba cargado. El escondite de la mercancía debía estar cerca. Tal vez en su casa. En una conversación de rutina, el policía logró que ‘Jota’ le abriera las puertas de su negocio. -López: Parce yo vivo aquí cerca, ¿vos también?-‘Jota’: Sí, detrás del Templete.- López: Yo antes vivía por allá, al lado de una panadería. -‘Jota’: Sí, la de don Julio. Mi casa está a dos cuadras. -López: Por ahí hay muchos edificios...-‘Jota’: Mi casa es de un piso, una verde que queda en toda la esquina. ¿La has visto?Sin disfrazLos policías dieron con esa casa verde. Allí encontraron dos libras de marihuana, 50 cigarrillos armados, máquinas para rayar, licuar y empacar. Luego de cuatro meses de una operación encubierta, ‘Jota’ y sus siete expendedores fueron capturados. La Policía sostiene que las bandas cambiaron su modalidad: ya no cargan grandes cantidades de droga. Por eso, los agentes encubiertos son indispensables para llegar al escondite de la mercancía o, de lo contrario, las autoridades solo pueden juzgar a los expendedores por portar dosis mínimas. La banda de las canchas vendía unos 400 cigarrillos diarios, pero nunca tenía en su poder más de diez. En los últimos cinco años en Cali han sido capturados unos 200 integrantes de grupos de tráfico de alucinógenos, en parte, por la labor de estos investigadores secretos. López no estuvo en la captura. El protocolo dice que los agentes encubiertos solo aparecen el día del juicio, cuando los capturados se ven en los videos vendiéndole droga a ese policía que un día fingió ser de los suyos. Entonces llegan los golpes, insultos, reclamos. El intendente recuerda que en la operación que hizo en el parque El Paraíso, en el 2011, los detenidos prometieron matarlo. ¿Ha sido difícil delatarlos? En la cafetería de la Policía el agente se queda en silencio. Los agentes encubiertos, además de trucos, también tienen reglas: no hacer amigos, no enamorarse.

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