Acción social, la otra 'arma' que usa el Ejército

Acción social, la otra 'arma' que usa el Ejército

Diciembre 09, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera, Reportera de El País
Acción social, la otra 'arma' que usa el Ejército

“En el Plan de Acción Integral, trabajamos vestidos de civil. El camuflado nos lo pusimos solo para la foto”, dijo un profesional del Batallón de Ingenieros del Ejército que pavimenta la vía Mondomo-Tres Quebradas.

Indígenas y campesinos del Cauca reciben ayudas del Gobierno a través del área social de la Tercera División. El Cric se opone porque dice que es función de los entes civiles.

Su piel, del color de la tierra fértil bajo el sol, grita que su vida no ha sido fácil. Tres veces desplazado, tres atentados contra su vida y un hijo asesinado por aceptar la ayuda del Ejército Nacional no le han hecho desistir de trabajar por un mejor futuro para su comunidad.Es Jesús Antonio Montano, líder misak (guambiano) que se ha enfrentado por igual a guerrilleros y a funcionarios corruptos del Estado para hacer que los beneficios que este les otorga, no se queden en el camino a la montaña. Montano está agradecido por la semilla que sembró en el departamento del Cauca “el general Leonardo Alfonso Barrero Gordillo, cuando era del Comando Conjunto Suroccidente, quien me abrió las puertas”, dice el misak, mientras ascendemos a La Rejoya, vereda ubicada en La Meseta, zona rural de Popayán.En la escuela Villanueva, soldados uniformados montan juegos infantiles que donó el Ministerio de Defensa para los 44 niños que allí estudian. Al mando del sargento Edinson Cardenal, suboficial de Acción Integral de Popayán, transformaron el lodazal del patio en un jardín de prado, con apoyo del Comando Sur de los Estados Unidos, que mandó al coronel Mark Rodríguez y el capitán Esquivel a trabajar en la obra.“Les hemos hecho jornadas de salud, ya entregamos unas casas y este parque es el regalo de Navidad para los niños”, justifica el sargento Cardenal. Más arriba, Montano muestra orgulloso su cultivo de café especial castilla, arbustos repletos de granos verdes en las 2,7 hectáreas que el Incoder les dio a cada una de las 27 familias de desplazados en 2010. “Hasta los funcionarios del Incoder decían que eso no salía porque la hectárea era muy cara, pero gracias al Ministerio de Defensa y al general Barrero, que fue el padrino de este proyecto, se hizo realidad”, cuenta.Y abre su casa que construyó el Banco Agrario con los subsidios del Gobierno para vivienda rural, como las de las otras 27 familias. “El general Barrero lo gestionó y el coronel Elmer Mauricio Peña Pedraza y el general Ricardo Jiménez, hicieron el seguimiento”, dice y pasa al rancho de tabla y tierra donde vivían él, su esposa y sus dos niñas hasta hace un mes. Ahora es cuarto de herramientas y tendedero de ropa.Obras así forman parte del plan Acción Integral del Ejército Nacional, para ayudar a las comunidades rurales. ¿Por qué el Ejército? “Porque allá donde no llega ni la energía ni el agua, en el último rincón de Colombia, siempre hay un soldado”, dice un miembro de la Tercera División en Cali. Programas de emprendimiento agrícola, agropecuario y empresarial, jornadas de salud hasta con 30 especialistas y medicinas gratuitas, arreglos y pavimentación de vías, construcción y mejoramiento de escuelas, colegios y polideportivos, acueductos e instalación de plantas eléctricas, son las tareas más visibles que coordina el Ejército en alianza con las entidades de Estado.La inversión suma $55.000 millones a lo largo y ancho del país. Como lo hacía la Fuerza de Tarea Titán en Chocó, al mando del general Rubén Darío Alzate, cuyo secuestro desencadenó el debate de si esa labores son o no misión del Ejército.“Es que los gobernantes nunca vienen por acá”, se queja Montano y a la vez comenta sonriente: “Pero la mayor ventaja de esto es que no intervienen los politiqueros, se hace directamente porque todo lo gestiona el Ejército”.Feliz se ve también David Muñoz, desplazado del Patía. “Me mataron un hijo, a otro le dispararon, a otro lo tuvieron amarrado para matarlo y a mis 4 hijas las tuve que sacar de noche”, dice el campesino que sonríe frente a su casa y su cafetal.Al llegar, la comunidad los tildaba de informantes de las Farc. Y las Farc los tildaba de informantes del Ejército. Montano ya había caído en un retén de la columna Jacobo Arenas en Gabrielópez (Totoró). “Allá apareció un comandante de la guerrilla, le expliqué la labor social que hacía y al otro día me soltaron, pero tenían todos mis datos y los de mi papá, que también fue líder”, cuenta.“Ellos (Farc) vienen a las comunidades para que apoyemos los cultivos ilícitos, la meta de ellos es tener los impuestos de los que cultivan la coca y la amapola, pero nos resistimos, eso no era viable y se los he dicho”, dice Montano.Entonces abandonó sus 100 hs en El Tambo y fue a Silvia, pero le asesinaron a su hijo adolescente en Piendamó. Para él, por retaliación de milicianos de las Farc. “Me puse muy mal, pero el general Barrero me ayudó con sicólogos y salí adelante”, dice. Hace un año fue víctima de otro atentado, luego de ir en bicicleta de Popayán a Bogotá para denunciar a José Luis Valencia, director regional del Incoder, por malversación de $88 millones destinados a la comunidad.En Mondomo, el Batallón de Ingenieros del Ejército pavimenta una vía que era intransitable. El ingeniero Samir Verano relata que al amanecer del 25 de noviembre, la guerrilla de las Farc atacó con tatucos y granadas el campamento de trabajo durante más de media hora. Ellos, que están desarmados, porque su labor no es operativa ni ofensiva, quedaron a merced de Dios y del pelotón de seguridad de la maquinaria. Y tres horas después de que El País visitara la obra el miércoles pasado, volaron un tramo de la vía Panamericana entre Caldono y Mondomo.Sin embargo, la comunidad acepta la intervención. “Nunca hemos rechazado el Ejército, siempre ha sido bienvenido y antes la comunidad está pidiendo que las obras continúen y ojalá la pavimenten hasta San Pedro, ya están recogiendo firmas y gestionando los recursos”, dice Olga Paz, presidenta de la Junta de Acción Comunal de la vereda Tres Quebradas. Ella destaca que la comunidad está tan a gusto que puso la mano de obra para reubicar el acueducto y ampliar la vía de 4 a 8 metros de ancho. No obstante, Nelson Lemus, consejero mayor del Consejo Regional Indígena del Cauca, Cric, dice que la posición de su organización es que las obras relacionadas con lo social las tienen que realizar los estamentos civiles, las alcaldías, los departamentos. “No tienen porqué tener a la fuerza pública desarrollando obras civiles”, afirma.“No estamos de acuerdo con que el Ejército esté realizando obras que tienen que realizar los civiles porque esa no es su función; esas tareas las deben hacer las entidades creadas para eso, y sino, ¿para qué tenemos un Ministerio de Agricultura o un Ministerio de Vías y Transporte?”, cuestiona.“¿Porqué ponen a un tipo armado a hacer una obra civil? Que la haga el Estado sí, porque es su deber y es un derecho de las comunidades, pero que la haga un civil”, insiste Lemus. El consejero expone que esa situación les trae muchas dificultades porque están poniendo en riesgo a los líderes que aceptan ese tipo de obras “porque ‘la gente’ nos ve como aliados y vinculados con la fuerza pública y eso nos trae señalamientos”.De otro parecer es Marcelino Campo, líder de la vereda Loma Alta de Mondomo, capturado tres veces por la guerrilla para saber si era informante del Ejército. “He recibido muchas presiones, fui capturado por el comandante Caliche y por el comandante Caballo y me llevaron a esas montañas de Solapas... eso prendieron un computador por allá en un cafetal, sacaron un cuaderno y por todo lado aparecía el nombre mío, que había más de 2000 demandas contra mí”.“Les dije que estamos es trabajando la tierra y tratando de sobrevivir con lo que tenemos y si hay ayudas del Estado a través de las Fuerzas Militares, las tenemos que recibir”, explica Marcelino.El líder dice que la presión fue más de los cabildos. “Dijeron, esos son paramilitares, llevaron las quejas a la Jacobo Arenas, y ellos nos dijeron que los cabildos de Canoas, Munchique, Aguadas y otros presionaron para que me mataran a mí, al gobernador Florentino Ulcué, a Eliécer Tenorio y a otros dirigentes indígenas, porque tenían miedo de que la gente se les estaba independizando”.Yo les dije: “si por eso me van a matar, pues aquí estoy. Lo que quiero es que la gente no limosnée, no salga a taponar las vías; es poner las tierras a producir y si nosotros somos del Estado, pues necesitamos los recursos del Estado”.El líder refiere que decidieron renunciar al cabildo de Canoas, ser independientes y participar de los programas del Gobierno a través del Ejército. “Hemos visto resultados en poco tiempo, ellos no creían, decían que nos iban a engañar, que era pura politiquería y gracias a Dios, sí estamos viendo la realidad y queremos que el Gobierno nos siga apoyando. Y si nos toca dar la vida, pues la damos, pero vamos a seguir trabajando estas tierras”, dice este hombre que participa del programa de sustitución de cultivos ilícitos y tiene sus esperanzas sembradas en el café especial Castilla.Al final, alias Caliche le advirtió que no lo fuera a aventar: “Le dije: si usted está hoy en mi casa y usted se va, yo no sé pa’donde coge, ¿quién es el que lo avienta?, ¿yo que me quedo en la finca trabajando o los que andan con usted?”.Los lugareños dicen que esa vía que ahora pavimentan los batallones de Ingenieros Codazzi y Cisneros, era un pantanero y sitio de paros que bloqueaban la Panamericana. Ahora los indígenas ya no salen porque están ocupados en la siembra, deshierba o cosecha, afirman.Los proyectos son tan exitosos que vienen de Putumayo y de otras partes del país para replicarlos. “Ya somos más de 3000 indígenas de Suárez, Caloto, Corinto, Miranda, Buenos Aires, Santander, Morales, Caldono, Mondomo y Miranda, que trabajamos con el Gobierno, ya les cogimos ventaja y por eso los otros andan como achilados”, dice Marcelino.Hoy 60 organizaciones ya trabajan de la mano con el Ejército que les hace el puente con las instituciones, entidades y ministerios. “Entramos al norte del Cauca, la zona más conflictiva, con un proyecto de más de $1000 millones”, dice el capitán Andrés Peñaranda, oficial de Acción Integral de la Tercera División.La guerrilla de las Farc volvió por Montano. El pasado 5 de marzo lo sacaron amarrado de su rancho a las 3:00 de la madrugada y lo llevaron hasta la vereda La Capilla (Cajibío), “cerca a un río donde aparecen todos los muertos”. –¿Qué es lo que hace usted?– le inquirió el comandante de las Farc.–Pues yo estoy buscando solución, haciendo lo que no hacen ustedes, porque gracias a ustedes nos toca ir a aguantar hambre a las ciudades. Ustedes nos han destruido y despojado de nuestras tierras. No nos perturben más, dejénnos seguir. Yo leí el libro de Jacobo Arenas, que empezó bien, pero terminó mal porque lamentablemente el narcotráfico y los cultivos ilícitos los transformó. Ustedes dicen que son el Ejército del Pueblo, pero el verdadero Ejército del Pueblo es el Ejército Nacional.

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