A las estaciones de Policía de Cali tampoco les cabe un detenido más

A las estaciones de Policía de Cali tampoco les cabe un detenido más

Noviembre 16, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera Reportera de El País
A las estaciones de Policía de Cali tampoco les cabe un detenido más

La Estación Los Mangos tiene capacidad para diez detenidos, pero el miércoles pasado había 28. En ocasiones han entrado hasta 40 personas en esos dos calabozos.

Debido al hacinamiento en las cárceles, las estaciones de Policía se convirtieron en peligrosas prisiones.

La delincuencia y la autoridad están en una relación de convivencia forzada en Cali. Unos 600 capturados son los huéspedes obligados en los calabozos de las 22 estaciones de Policía que hay diseminadas por igual número de comunas de la ciudad. Es la cifra de los retenidos que casi se tuvieron que quedar a vivir en el sitio de operaciones de los agentes. La falta de cupos carcelarios en los centros de rehabilitación de Villahermosa y de Jamundí, ha sido una mala coincidencia con los paros del Inpec y de la Justicia, que tienen represados los procesos y las audiencias.Villahermosa es la quinta cárcel más hacinada del país, con un 300 % de sobrepoblación. El penal alberga 6500 internos en condiciones infrahumanas, mientras su capacidad es solo para 1700. Y con la Operación Reglamento, este centro penitenciario solo puede recibir 10 reclusos al día, cifra que no se compadece con los 600 que esperan en las estaciones un cupo y con los nuevos detenidos que la Policía captura a diario. Muchos tienen fallo de reclusión intramural, pero la falla es que no hay cárcel para tanto preso. Como tampoco hay funcionarios para sacar a algunos que ya muestran su boleta de libertad. Como un joven con discapacidad cognitiva que apenas sabe firmar “Fabio” con caligrafía infantil. Este detenido por hurto (un celular) recibió detención domiciliaria el 10 de noviembre, pero no tiene cédula ni familia que atestigüe en Villahermosa, donde ya ha entrado, que él sí es Fabio y que su número de cédula es ese que aparece en el papel que le dio la juez, ya arrugado de mostrarlo. “Solo falta el pantallazo de su ingreso allá y sale”, dice uno de los nueve hombres metidos como salchichas en un calabozo donde no llega la luz del sol, en la Estación de Junín. Todos abogan con un “liberen a Fabio, liberen a Fabio”, parodiando la famosa película infantil, pero nadie se ocupa de ejecutar la medida. Ellos muestran hongos en los pies y en la cabeza por la humedad. Uno de 22 años se queja de dolores musculares, por la falta de espacio para caminar. Lleva seis días sentado en una bóveda del ancho de una cama sencilla: 1,20 por 2,20 metros, donde recluyen hasta seis personas. “Una pulgada”, ironiza él.Uno de los 42 detenidos confinados en tres calabozos de la Estación de El Guabal, con capacidad máxima para 15, escurre la cobija entrapada con la que amaneció en el patio. Ellos tendieron un plástico sobre la reja a cielo abierto, pero este cede con el peso de los aguaceros que caen por estos días.El patrullero John Durán narra que a diario graban el procedimiento de llevar a varios detenidos a Villahermosa y cómo los devuelven porque allá no cabe un preso más. “Es para dejar los soportes de que cumplimos la orden de traslado porque ya tienen orden de reclusión intramural, pero no nos los reciben”, dice.El comandante de la Estación, teniente Andrés Osorio, ha enviado oficios a cuanta dependencia se le ha ocurrido, pero nadie da una solución. El patrullero Durán dice que él debería estar vigilando cuadrantes, atendiendo las solicitudes de los ciudadanos, pero no puede porque tiene a cargo el control de los detenidos. En esas 22 estaciones hay detenidos por todo tipo de delitos, incluidos unos de alta peligrosidad. Uno de ellos es alias Camilo, jefe del clan Úsuga, para el que no se ha hallado cupo en Villahermosa. Presidiarios de El Vallado a su vez denuncian que la Policía contribuye al hacinamiento con capturas por delitos menores: el que se robó unos cepillos de dientes o el que “cogió un dinero, pero poquito”. También incluyen a los de violencia intrafamiliar, “porque se ponen a alegar con la esposa”. Sin embargo, autoridades como el subintendente Jhorman Galvis aclara que el caso no es tan simple como dicen. “El hombre iba a degollar a la esposa, al parecer estaba drogado y le tuvieron que meter el Tazzer para lograr que la soltara. Pero a los días ella vino y ya estaban de besitos otra vez”, dice el uniformado. O un muchacho de 18 años que está en Los Mangos ‘solo’ por porte ilegal de arma de fuego, pero la comunidad le adjudica ocho homicidios. Sea cual sea el delito que los llevó a estas cárceles satélite, muchos claman porque “nos den la domiciliaria”. Otros, conscientes de que delinquieron, coinciden en que prefieren el calabozo actual a una celda en Villahermosa. Así duerman “al estilo cigarrillo” o enrollado como culebra alrededor del inodoro como en la de El Guabal. O con los pies afuera de los barrotes como hacen los de Junín. O por turnos, como hacen los de El Diamante. O como los murciélagos, ironiza uno en una hamaca. “Allá en ese infierno hay más peligro, más infecciones, hay tuberculosis, hasta lepra”, replican varios.Con excepción de los de Junín, que dicen “está tan maluco aquí, que preferimos Villahermosa”, pese a las incomodidades, las celdas de las estaciones les suenan a paraíso a los otros. Incluso a quienes llevan hasta cinco meses y medio en la estrechez del calabozo, con hasta 10, 12 capturados más.Uno de ellos ingresó a la Estación de El Vallado el pasado 27 de mayo por hurto agravado y calificado. Y ahí sigue con 20 detenidos más, sin contar el que se fue de clínica porque se le infectó una herida en una mano.En ese patio reducido cohabita un joven en silla de ruedas. A sus 22 años tiene una pierna seca, con tornillos y varillas en la rodilla, que se asoman por una herida apostemada. “Vea, él lleva 16 días así, el Inpec no lo ha llevado a una curación, se le va pudrir”, reclaman otros porque él ni habla. Uno de los 28 detenidos en Los Mangos también lleva cinco meses sentado en el único butaco que cabe entre la reja y los calabozos. Miran deportes en un viejo televisor que uno de ellos mandó a traer y la señal de parabólica que la Policía les compartió.“Aquí estamos mejor, para qué ir a ese hueco (Villahermosa), si nos toca pagar condena la pagamos aquí, allá por entrar a pasillo, le cobran $500.000 y por una celda, un millón, por qué tiene que ir uno a pagar impuesto o a que le den cuchillo, solo por aseo hay que pagar obligado cuatro lucas”, dice el hombre. El intendente Alexánder Romero Rey, de la Estación Los Mangos, comenta que “el personero de Cali, Andrés Santamaría, puso una tutela que falló a favor de recibir los detenidos en centro penitenciario, pero desde que empezó la huelga del Inpec todo se frenó”.Hay situaciones extremas como el de un convaleciente en la Estación El Lido, detenido en el aeropuerto cuando iba hacia Honduras. Allí y en la clínica los exámenes no mostraron nada y a los cuatro días salió libre. Pero fue a su casa a tomar laxantes y nunca expulsó las 80 cápsulas de coca que llevaba en el estómago. Al sentirse mal, se entregó en el Hospital Universitario del Valle, donde le abrieron el abdomen para extraerle la droga. Hace diez días salió y se recupera sentado en un rincón del pasillo, sin atención médica, frente a dos calabozos y un baño donde se filtra el agua, no entra el sol y se amontonan 24 reclusos con medida de aseguramiento.El mayor Óscar Landazábal, comandante de la Estación El Lido, aclara que vigilar reclusos no es misión de la Policía. Menos lidiar con sus visitas, pues no hay ni el espacio ni la logística para ello. Por eso, los contactos con familiares duran máximo dos o tres minutos, pues es un problema de seguridad más para los uniformados. Y es que no falta el que quiere ser el líder de la celda, reclutar a los que están por primera vez para sus bandas, formar problemas de convivencia. Por ello un joven debe dormir esposado fuera de la celda, en el pasillo, por la seguridad de los demás. “Estas son salas transitorias para un proceso de judicialización, pero no para tener reclusos”, enfatiza el mayor Landazábal.Algunos agentes creen que lo peor está por llegar: las capturas tienden a aumentar y temen que con las negociaciones de paz con las Farc, no todos los guerrilleros se van a someter al proceso legal. “Ya se tiene la experiencia con los paramilitares, algunos se van a desmovilizar a su manera, es decir, integrándose a las bandas criminales y del narcotráfico”, dijo un comandante de estación. En especial, señala, los de las columnas Daniel Aldana, Teófilo Forero y el Frente 29, que son las que manejan el lucrativo negocio de la droga en el Suroccidente del país. En la Estación de El Diamante solo hay 14 detenidos, pero de mayor complejidad. Como el que dice ser reciclador y tener problemas mentales. Muestra su fórmula de medicamentos psiquiátricos (Clonazepan y Clozapina) que no le han dado, con su torso atravesado por cuchilladas que se autoinflingió.“Maté a alguien que llegó a mi casa a matar a mi mujer, a mi cuñado y a mí y era la vida mía o la de él. Dicen que me tocan 17 años porque fue con sevicia, pero eso no es sevicia, yo le doy hasta que no se mueva”, dice mientras los otros ríen a carcajadas. “Necesito mis medicamentos, no duerno, estoy tan atormentado que me mato o mato a otro”, insiste desesperado. Los demás ya no ríen. Hoy pasarán otras 24 horas con él.

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