60.630 desaparecidos en Colombia en los últimos 45 años, según informe

Noviembre 21, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
60.630 desaparecidos en Colombia en los últimos 45 años, según informe

Buenaventura es una de las poblaciones más afectadas por la desaparición forzada. En los últimos años han denunciado las ‘casas de pique’.

Un documento de Memoria Histórica revela el drama de la desaparición forzada en el país, uno de los crímenes "más atroces".

Colombia tuvo 60.630 víctimas de desaparición forzada en los últimos 45 años en el marco del conflicto armado. Una cifra mayor que la de  todas las dictaduras del Cono Sur. Así se indica en el libro Hasta Encontrarlos, El Drama de la Desaparición Forzada en Colombia, publicado ayer por el Centro de Memoria Histórica,  que abarca el período entre 1970 y 2015. “La dictadura militar de Chile (1973-1990) dejó más de 3200 desaparecidos, según la Comisión de la Verdad, en tanto el régimen militar de Argentina (1976-1983) dejó 30.000, de acuerdo con organismos humanitarios”.  “Las dimensiones de este crimen resultan escalofriantes e inmorales”, dice la entidad en la introducción de la investigación.  “La desaparición forzada quebranta la integridad de un ser humano, en un proceso inverso al del revelado de una fotografía: pretende borrar la identidad de una persona hasta velarla por completo, hasta volverla invisible”, expresa el libro. Y se agrega que lo que busca este trabajo es “señalar las dimensiones de la infamia que acompaña al precepto de desaparecer a un ser humano, recordar a las más de 60.000 víctimas,   denunciar a los colectivos armados que han perpetrado de manera dominante este crimen, así como sus móviles y modos de ejecutarlo, y reconocer las consecuencias y daños que causa la ambigüedad entre la presencia y la ausencia sostenida de un ser querido”. La investigación muestra cómo los grupos paramilitares han sido  los responsables de la desaparición de 13.500 personas, en tanto las guerrillas cargan con 5900, las bandas criminales con 2600, el Estado con 2300. El resto de las desapariciones no pudieron ser atribuidas.  El CNMH sostuvo que la desaparición forzada es una de las prácticas “más atroces” de las que se han valido regímenes y organizaciones para imponer su poder y control.  “Es una forma de violencia capaz de producir terror, de causar sufrimiento prolongado, de alterar la vida de familias por generaciones y de paralizar a comunidades y sociedades enteras”, afirma.  Asimismo, el CNMH señala que el Estado “no ha sabido responder” a las demandas de las familias ni cumplir con su deber constitucional de proteger a la ciudadanía. “La falta de acción estatal decidida y eficaz en la búsqueda de las personas desaparecidas, y en la identificación y castigo de los autores materiales e intelectuales, ha permitido consumar la desaparición y así garantizar el triunfo del propósito criminal”, dice. Los lugares del horrorEn la investigación se identificaron  algunos de los lugares del horror: “lugares de ocultamiento, de paso, de tortura, de humillación, en donde las víctimas de desaparición forzada fueron despojados de su identidad: hoteles, escuelas, cuarteles, fincas, haciendas, casas, parques, plazas, vehículos, iglesias... se convirtieron en símbolos abyectos”. Entre estos lugares se mencionan el Hotel Punchiná de San Carlos Antioquia, que  se transformó en “la casita del terror”;  las ‘casas de pique’, en Buenaventura, el ‘chalet de la muerte’, en Palmira; ‘El matadero’ y los hornos crematorios en Juan Frío, en Norte de Santander. También recordaron las haciendas Villa Paola y Las Violetas, en Trujillo, Valle, donde asesinaron a la mayoría de los desaparecidos de la masacre de Trujillo. Este caso, según Memoria Histórica, evidencia  la violencia en el  Valle del Cauca en “donde las violencias del Cartel del Norte del Valle se entrecruzan con las dinámicas de violencia del conflicto armado, con alianzas como la que se probó judicialmente en el caso de Trujillo entre narcotraficantes y agentes de Estado”. Muchos de los cuerpos de los desaparecidos de Trujillo fueron encontrados en el río Cauca. Es que el informe también recuerda que “cuando se piensa en la muerte de los desaparecidos tenemos que pensar también en los cuerpos que día tras día bajaron arrastrados por las corrientes de los ríos de Colombia (el Cauca, el Magdalena, el Sinú, el Atrato, el Caquetá, el Guamuez, el Táchira, el Catatumbo)”.

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