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Arte plástico
Un arte de grandes contenidos
Septiembre 27 de 2006
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“Alcance a hacer ocho semestres de publicidad, pero no me convencieron esos medios poco éticos de venderle a los demás lo que no necesitan”, dice Rodrigo Echeverri.
Áymer álvarez I El País |
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“Es falso patriotismo pensar que un artista cuando sale sólo debe mostrar lo bonito de Colombia”. “Me parece importante que el arte ponga alertas frente a lo que está sucediendo”.
En Bogotá un niño pretendía meterse dentro de una de sus pinturas. Los espectadores estadounidenses quedaron hipnotizados bajo el efecto visual de los paralelepípedos rojos. En Panamá fue igual, hasta que se percataron del mensaje de su obra y empezaron a rechazarla.
La reacción del niño es lógica. La propuesta de Rodrigo Echeverri, que ha desarrollado durante dos años de investigación y experimentación, está en el limbo entre la escultura y la pintura y también tiene algo de instalación. En lugar de encerrarse en sí misma, se apropia del espacio arquitectónico.
Este bogotano, fugado publicista, con tres décadas de vida, y un título de artista plástico de la Universidad Nacional, del 2003, ya ha dado mucho de qué hablar por sus Contenidos, precisamente como titula la obra que expone en la galería Jenny Vilà Arte Contemporáneo, ubicada en la Avenida 4 A Oeste No. 1-51.
Esta es su tercera exposición individual y la primera de ese tipo en Cali. Acaba de participar en el Premio Botero, lo que le ha dado mayor reconocimiento en su naciente carrera.
No sólo curadores de arte como Carlos Hurtado, Eduardo Serrano y Jaime Cerón han creído en él, también coleccionistas como el ex presidente César Gaviria y el arquitecto Alejandro Castaño han adquirido sus obras. Además, Fernando Toledo y Jenny Vilà le abrieron las puertas para sus primeras exposiciones individuales, el primero, en Colombia, y la segunda, en Cali.
Sencillo, sin las ínfulas del artista que ha salido del país (pese a haber expuesto ya en Panamá y Puerto Rico), pero sensible hasta los tuétanos con la realidad cotidiana, Echeverri es un obsesionado con el tema de la guerra en Colombia. La ha abordado desde la fotografía, los videos y el performance, pero esta vez su expresión es la pintura.
Para muchos de los transeúntes que pasan por la galería de Jenny y aprecian la vitrina, esos ladrillos rojos cual átomos volando pueden parecer muy simpáticos, pero guardan unos ‘Contenidos’ que no se sustraen de la realidad.
Esos paralelepípedos representan ataúdes, cajones. Las composiciones y sus títulos no son arbitrarios, sino que se desprenden de frases repetitivas en el lenguaje de la guerra: Esquema de Seguridad, Pasaban por el Lugar, Construcción con Cajones, Tras los Enfrentamientos y No han Hallado los
Cuerpos.
Minimalismo norteamericano. Sus construcciones aparentemente bellas, y en el aspecto puramente formal influenciadas por el minimalismo norteamericano, hablan de las explosiones de minas, de carros bombas, de poblaciones atrincheradas, de muertos que no aparecen.
Y no es que Echeverri haya sido tocado en carne propia por el conflicto. Mas bien, en sus recuerdos de las conversaciones familiares, en su niñez y adolescencia, como en los de cualquier familia colombiana actual, ese fue un tema recurrente.
No necesariamente tenía que tocarlo la guerra para reflexionar sobre ésta, argumenta él: “Me parece muy importante que el arte invite a esa reflexión, que ponga alertas frente a lo que está sucediendo”.
Perfil Rodrigo Echeverri Calero Edad: 30 años.
Reconocimientos: Seleccionado para el Calendario Propal 2006. Premios: Proyecto Cuerpo, Arte y Naturaleza, del Jardín Botánico de Bogotá, en el 2004, y premio compartido en el Salón Cano Museo de Arte Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, en 1998, entre otros. |
Todo adquiere un significado. El atrayente rojo proviene de la relación entre el ataúd y la caja negra de los aviones, que realmente es roja, para ser hallada más fácilmente.
La caja negra del ataúd guarda la información en el cuerpo del difunto, lo mismo sucede con la caja negra de los aviones, guarda los datos de lo que ocurrió segundos antes de que se desencadenara un accidente. De hecho toda la serie se llama Cajas Negras.
Lo más interesante para él es lo que ocurre a nivel de percepción. Cómo el ojo del espectador es engañado y sucede esa fascinación “que también es un poco lo que ocurre con la violencia. Los colombianos sienten esa atracción hacia ésta”.
Pero Echeverri confiesa que en el país del Tío Sam estos módulos no representaban nada más que una reflexión acerca de la repetición, pero no se contextualizaban con ningún discurso narrativo: “Lo que hago es tomar esa influencia, esos cajones en cierto modo vacíos y llenarlos de Contenidos del contexto colombiano”.
Y en Panamá aceptaron la obra hasta conocer su contenido sobre la violencia. Eso se debe, afirma Echeverri, a un falso patriotismo, que es pensar que un artista cuando sale sólo debe mostrar lo bonito de Colombia. “Pero a mí me parece importante que si una obra como ésta sale del país, contenga también lo franco: Que no todo es bonito, hay que mostrar esa verdad”.
Esta serie, Contenidos, ya ha tenido dos exposiciones individuales. La primera fue el año pasado, en Bogotá, en la Universidad Salamanca, y la segunda, en Cali, donde Jenny Vilà. En exposiciones colectivas estuvo en el Salón Botero, en la Feria de Arte de Bogotá y en Puerto Rico. La obra de Echeverri tomó vuelo.
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