El Editorial
Una prórroga necesaria
Septiembre 20 de 2006
Tras los elogios del Gobierno de los Estados Unidos sobre la lucha contra las drogas ilícitas en Colombia, ahora se esperan decisiones sobre el comercio bilateral, en aplicación del principio de corresponsabilidad. Y como algo natural a las relaciones de dos países unidos por principios comunes.
Pero los colombianos empiezan a mostrar extrañeza ante la incertidumbre que se ha apoderado de asuntos como el Tratado de Libre Comercio, que a su vez incide en forma directa en la iniciativa andina, conocida como Aptdea, y dirigida a apoyar con rebajas arancelarias las economías de los países que combaten las drogas ilícitas. En ambos casos, la razón para esa incertidumbre se explica en que las decisiones corresponden ahora al Congreso estadounidense y en el resultado de las elecciones para renovarlo.
Eso quiere decir que el TLC, cuya negociación de dos años ha causado tantas polémicas y aun despierta grandes inquietudes en los sectores políticos, económicos y sociales de Colombia, está expuesto a que la variación de fuerzas en el Congreso de los EE.UU. pueda hundirlo, si el partido Republicano de George W. Bush resulta derrotado en forma rotunda, como sugieren importantes analistas.
Entonces se producirán variaciones importantes, causadas por una conjunción de factores que sorprenden. Por ejemplo, el cambio en la política de comercio internacional de la economía más grande del planeta, que abandonaría el bilateralismo para regresar a las negociaciones multilaterales, como el Área de Libre Comercio de América. O el efecto directo que puede tener en la relación entre Colombia y los Estados Unidos el desarrollo de la guerra en Iraq, al restarle respaldo al gobierno republicano.
Si el Congreso estadounidense no aprueba el TLC ni prorroga el Aptdea, el problema tendría consecuencias graves para sectores como los textiles y las flores. En efecto, estos productos compiten en el mercado de los EE.UU. debido en parte a la rebaja del arancel, ventaja que perderán el 31 de diciembre del presente año, si, como todo parece indicar, el TLC no es aprobado antes.
En esas condiciones, mientras el Congreso de los Estados Unidos revisa el TLC, la alternativa es la prórroga, porque de no hacerlo se presentará una variación sustancial en la política antidrogas, no sólo con Colombia, sino con Perú, cuyo tratado está listo; y con Ecuador, con el cual se suspendieron las negociaciones. En ese escenario, será de esperar la reacción enérgica que despertaría el incumplimiento de acuerdos cuyo origen debe encontrarse en la política antes que en el comercio.
Esas son las circunstancias que los EE.UU. deben sopesar con cuidado, para no producir traumatismos mayores a la economía colombiana y a las relaciones con los países andinos comprometidos en la lucha antidrogas. Más que un asunto de negocios, la prórroga de la Aptdea es un problema de política internacional y de cumplir con compromisos adquiridos en un tema que involucra la salud y la estabilidad de las naciones.