La otra orilla. Por: Cecilia Orozco Tascón
No hay con quién
Noviembre 21 de 2009
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Es desvergonzada la conducta del Gobierno frente al lío de Agro Ingreso Seguro, el nombre que le puso al regalo de los dineros que provienen de los impuestos. Quienes vivimos del trabajo nos esforzamos con gusto en pagar lo que nos exige el Estado porque consideramos como de elemental justicia que con esa plata se apoye a los desvalidos de la comunidad.
Pero, ¿donarles lo poquito que nos sobra a los empresarios millonarios? Ni en un mundo de orates. Desvergonzada fue la defensa que hizo la Casa de Nariño del plan calculado fríamente para incrementar los bolsillos de unos y aumentar la brecha social que los separa a ellos de la mayoría pobre. Desvergonzada la actitud del ejecutor de este esperpento, Andrés Felipe Arias -cuya edad es inversamente proporcional a los escándalos que han generado sus decisiones-. Desvergonzadísima y soberbia, por último, la gran sonrisa que Arias y su subalterno, el ministro Andrés Fernández, exhibieron en la foto que se publicó el día que salieron ‘triunfantes’ de la moción de censura. Apostaría a que estos próceres no pierden un minuto de su sueño.
Se nota en que el precandidatito y Fernández jamás se cuestionaron su comportamiento y, en cambio, se atribuyeron un éxito que no era suyo, pues no los asistían razones jurídicas, políticas ni menos aún morales. Tanto es así, que de los 70 senadores de la coalición, de quienes se suponía que llegarían todos a una para impedir la moción, se presentaron sólo 41. 29 parlamentarios oficialistas prefirieron pasar agachados y no ir al Capitolio ¡Ay borregos!
La oposición, por su parte, no pudo esconder su flojera. ¿Cómo se explica que la colectividad que tramitó la moción de censura, es decir el liberalismo, inicie el debate con peticiones de impedimento para los mismos que citaron al Ministro? Y después, ¿por qué no asistieron a la sesión en bloque? Es cierto que Javier Cáceres es un viejo marrullero y que abrió y cerró la votación a hora reglamentaria, aunque inusualmente temprana. No obstante, no hay argumento válido para que los liberales no estuvieran en su curul desde el inicio. Convengamos en que si la oposición hubiera votado íntegra contra Fernández no le habría alcanzado para tumbarlo. Sin embargo, se sabe que entre más pequeña es la diferencia en una contienda, menos poder tiene el mandato de los ganadores. Eso, en primer lugar. En segundo término, los que dejaron la silla vacía eran de tal importancia por lo que representan como rebeldes del poder, que el símbolo de su ausencia superaba el efecto numérico del resultado. Me refiero a Rodrigo Lara, uno de los más feroces anti AIS, al candidato presidencial del Polo Gustavo Petro y a la frentera liberal Piedad Córdoba. Si esto ocurre con los senadores más ‘templados’, ¿qué se puede esperar de los blandos?
La moción de censura sirvió, pero no para lo que estaba previsto: demostró, de nuevo, la mediocridad del Congreso; desnudó el miedo que inspira el Mandatario y mostró una realidad meridiana: Uribe se quedará en la Presidencia hasta cuando lo desee, porque quebranta, sin agüero, las reglas de la democracia y también porque no tiene a nadie serio que se le plante.