El Editorial
Espionaje latinoamericano
Noviembre 21 de 2009
La detención de un suboficial de la Fuerza Aérea peruana, acusado de entregar información clasificada al Gobierno chileno sobre las expectativas de compra de armamento del Perú hasta el año 2021, no sólo ha generado un roce internacional entre los dos países y mutuas acusaciones, sino que ha puesto en evidencia la realidad de un mundo oculto, del que poco se sabe y que es herencia de una época de regímenes dictatoriales.
Aparentemente, el impacto del espionaje durante la época de la guerra fría en América Latina no fue de grandes proporciones, limitándose a una actividad intensa entre Estados Unidos y Cuba, que respondía al enfrentamiento global entre la antigua Unión Soviética y la potencia americana. Como resultado de aquella época quedó la Dirección Nacional de Inteligencia Cubana, el organismo más sofisticado y experimentado de América Latina en actividades de espionaje, que lamentablemente hoy se encuentra exportando sus conocimientos y su personal capacitado para fortalecer la inteligencia del Gobierno venezolano.
En el resto del continente el espionaje se correspondió con la naturaleza autoritaria de los regímenes dictatoriales vigentes. Las agencias de investigación se dedicaron a una actividad de carácter interno, en el que la inteligencia se colocó al servicio de los intereses políticos del régimen. Durante esta época el concepto de defensa abarcaba casi todas las actividades del Estado y los servicios de seguridad actuaron sin control y prácticamente sin límites.
Desafortunadamente aquel criterio se mantuvo vigente en los estados de derecho y lo que hoy existe es una serie de agencias de inteligencia débiles, dedicadas a controlar ‘el enemigo interno’. Pero actúan también en forma casi autónoma, aunque en algunos países existan mecanismos de control, incluso de carácter parlamentario. Es el caso de Argentina, donde, pese a ello, la actividad de espionaje se sigue realizando, como en la época de las dictaduras, para hacer seguimiento a la oposición y a los rivales del matrimonio Kirchner, incluidos los medios de comunicación.
De acuerdo con Ugarte, los países latinoamericanos donde existe una más agresiva actividad de inteligencia contra opositores a los gobiernos son México, Colombia, Argentina, Cuba, Nicaragua y Venezuela. Y en países como Chile y Perú, si bien es cierto que la mencionada actividad se ha generado por el antiguo diferendo entre las dos naciones, es más activa en Perú por su reciente pasado de lucha contra las acciones terroristas de Sendero Luminoso. Por el contrario, Brasil reporta poca actividad en este campo, pese a que es el país que cuenta con mayores recursos para ejercerlo.
Para los expertos, incluido el Instituto de Estudios Estratégicos de Londres, las agencias de inteligencia en América Latina son débiles, actúan con pocos o nulos controles y con excepción de México, Chile y Brasil, que poseen intereses geoestratégicos en el exterior, no es previsible que actúen a nivel internacional. Pese a ello, advierten, son un peligro para la estabilidad y el desarrollo de la democracia.