Registro. Por: Laura Posada Suso
Época de ‘lagartos’
Noviembre 20 de 2009
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Falta poco menos de seis meses para las elecciones parlamentarias y ya una buena porción de candidatos, por no decir la mayoría, empiezan a hinchar el pecho y a merodear por ahí con ínfulas de ‘todopoderosos’.
Sí. Así. Como si se tratara de un ser supremo que ‘cree’ que todo lo puede y que, de ser elegido, Colombia y sus regiones serán un paraíso terrenal. ¿Los platos fuertes de sus campañas? Unos rostros perfectos –al mejor estilo de Photoshop- y unos eslogans hechos a pulso. Tanto así, que hasta uno se la cree.
Bla, bla, bla. ¡Son tan predecibles! Aparecen sólo cada cuatro años y generan toda una revolución. Se postulan, se retiran, se alían, se separan, siempre en busca de la rama que más sombra –y frutos, por supuesto- les dé. Muchos de ellos, incluso, están en busca de repetir curules, sin que se note todo lo que otrora prometieron. ¿Qué pasó con sus filosofías mesiánicas? ¿Quién dice que “esta vez sí será distinto”?
El afán de poder de estos ‘lagartos’, como se les conoce en el argot popular, es inocultable. A todos se les hace agua la boca opinando sobre los escándalos actuales y lo hacen con una propiedad que deslumbra. Tienen las mejores soluciones para las galimatías del Agro Ingreso Seguro, las ‘chuzadas’ del DAS, las bases militares y hasta la elección del Fiscal. ¿Y de reelección? Se salen con sutileza por la tangente, como para no untarse hasta el codo.
Todos sus proyectos se construyen meses previos a las elecciones y las promesas no se hacen esperar. Pero lo que no acatan es que están lejos de generar positivismo y credibilidad, pues se nota la falta de constancia y continuidad en sus políticas y la de sus partidos. Lo que importa es el hoy, el ahora, la inmediatez, estar en el ‘trono’. Como si los problemas que hoy vivimos, como la falta de legitimidad del Congreso de la República, sólo por mencionar un ‘mínimo’ ejemplo, no se hubieran venido gestando, precisamente, producto de las cambiantes y desentendidas administraciones anteriores.
Pero aunque pululan los analfabetas políticos, término que utilizaría el dramaturgo alemán Bertolt Brecht en 1934 para definir a los personajes arriba mencionados, refresca el alma saber que aún existen otros pocos que le han metido el corazón a una carrera que no requiere sino de vocación, altruismo y actitud.
Los colombianos estamos sedientos de buenos dirigentes y si no nos ponemos las pilas en elegir al que es, seguiremos inmersos en el mismo círculo ‘politicoso’. Exijamos. Es nuestro derecho y nuestro deber. No podemos conformarnos con el menos ‘pior’. Debemos estudiar con minuciosidad cada proyecto, conocer a cabalidad cada candidato y analizar su trayectoria y esto no significa hacer un conteo de cuántas veces apareció en un medio de comunicación. Quien trabaja por la comunidad con la mejor intención no espera a cambio un reconocimiento o un incentivo distinto al agradecimiento de la gente y a la evolución de la sociedad. Ese es el verdadero político.
Mientras eso sucede, debemos sentirnos orgullosos de que somos el país más feliz del mundo. Por algo será.
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Entretanto: ¿cuándo se producirán, por fin, las liberaciones del cabo Pablo Emilio Moncayo, el soldado Daniel Calvo y los restos del mayor Julián Ernesto Guevara?