Martillo. Por: Diego Martínez Lloreda
Corrupción goleadora
Noviembre 20 de 2009
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Que Colombia haya caído cinco puestos en el escalafón de países menos corruptos es tan poco sorpresivo como que nuestra selección de fútbol no haya clasificado al Mundial.
Y es que en el fútbol, como en la lucha contra la corrupción, nuestro país tiene problemas similares: no hay vocación ganadora, hay muy pocos jugadores que practiquen juego limpio. Y lo peor es la ausencia de gente con verdaderos deseos de hacerles goles a los rivales en el caso del fútbol, y a los bandidos en el caso de la lucha anticorrupción.
Pero dejémosle el fútbol a los ‘sabios’ del comentario deportivo, que esos sí nos sobran. Y concentrémonos en el tema de la corrupción.
La triste realidad es que en nuestro país ese flagelo se volvió una forma de vida, que se aprende desde el colegio, donde los menos lanzados sacan sus trabajos de la página El rincón del vago. com. Y donde los más vivos compran los exámenes y les pagan a los profesores para que los pasen. Todo, por supuesto, con la aprobación y, muchas veces, el estímulo de los padres.
Todo el que se tuerce es responsable de sus actos. Pero la culpa de que el clima de corrupción se haya generalizado en el país la tienen los ‘padres de la Patria’, entre quienes son tan habituales los comportamientos corruptos que ya ni siquiera los perciben como tales. Para la mayoría de nuestros políticos, como varios concejales de Cali por ejemplo, cobrarle una comisión a un contratista que ellos recomiendan para que haga una obra es no sólo legítimo sino además justo. (Y para los contratistas también). Al punto que hace unos años, en un programa de radio, escuché a un cabildante, que después terminó enredado en el escándalo por el fraude al programa de ampliación educativa, que defendía al aire esa peculiar tesis.
Muchos caleños no entienden cómo es posible que después de todos los escándalos que han salpicado al Concejo, en los que incluso han terminado presos varios integrantes de esa Corporación, sigan presentándose ese tipo de situaciones al interior de él. Y más incomprensible les resulta que hoy, ni más ni menos, el Presidente del Concejo esté involucrado en un sórdido asunto de un supuesto pago, con reembolso incluido, de una comisión para sacar adelante un acuerdo. Y que otro ilustre concejal esté sindicado de haberse apropiado de un dinero de la Secretaría de Cultura.
No es que los concejales y los demás políticos no aprendan. Lo que ocurre es que muchos de ellos no saben ejercer esa actividad de otra manera. De hacer política moviendo ideas y convenciendo el electorado, como se hacía antes, ni saben ni les interesa aprender. Lo de ellos es el voto ‘trabajado’, como eufemísticamente denominan el voto que se amarra a punta de contratos y de dádivas.
Por eso en la campaña para las elecciones legislativas del año entrante se han movido muy pocas ideas y mucho billete. Y por eso resultarán electos muchos personajes desconocidos para la mayoría, pero que se saben vender muy bien entre la minoría que terminará eligiéndolos.
Mejor dicho, está más próxima nuestra selección nacional a ganarse un mundial de fútbol a que los ‘galácticos’ de nuestra política ganen unas elecciones jugando limpio.