Pizarrón. Por: Víctor Dusabá Rojas
Los inviernos
Noviembre 12 de 2007
Pocas noticias de los últimos años relacionadas con Colombia han tenido tanto efecto en el exterior. No me refiero a la rueda de prensa de Chávez, Márquez y Piedad en pleno Palacio de Miraflores, que dejó, a la vez, luces (había que dar el primer paso) y sombras (a los inamovibles ya graníticos se les viene encima uno nuevo, el de la cita en El Yarí. Por muchas razones, pero, sobre todo, por una: porque obligaría a un despeje y sobre eso todo parece estar dicho).
No hablo tampoco sobre la preocupante salida de Hillary frente al TLC, que ahora sí pone el pan a mordisco para quienes esperaban lo contrario. Porque no duden que si alguna figura emerge en el futuro de EE.UU., esa es ella. Mejor dicho, ¿si no es Hillary, quién?
Y aunque no lo crean, el hecho de mayor difusión afuera no es la carrera imparable del proceso de la parapolítica, donde, como vamos, va a ser más fácil saber quiénes se salvaron que cuáles tienen cupo asegurado en los penales del país. ¡Y lo que se verá si el mundo dura!
No. La llamada, el chat o el e-mail de moda son para saber si uno, que habita en esta Bogotá más aguada que nunca, está vivo. Recibí al menos tres llamadas. La primera vez (quienes averiguaban eran Martha y Alfredo, colombianos residentes en Estocolmo) me eché a reír. Creyeron que se habían equivocado de número o que una tribu de okupas se había quedado con el apartamento, tras el deshielo de Monserrate. Enseguida me llamaron Paul y Marie Pierre, de París. Preguntaban si estábamos a salvo. Comencé a preocuparme. Ana y Luis, que viven en Málaga, se comportaron más españoles. Dejaron pasar dos días y comenzaron con evasivas sobre la crisis del Santa Fe y el inminente retiro de César Rincón. Al cabo de unos minutos, Luis se desatoró y me preguntó, “¿pero estáis bien?”. Ahí supe que la cosa iba en serio.
Sí, estamos bien, por fortuna. Como la inmensa mayoría en esta capital, que lamenta la suerte de los afectados por la granizada. La verdad es que nunca estuvimos allí, somos casi la excepción en una ciudad en la que pocos se atreven a negar que fueron testigos del día en que Bogotá se cubrió de blanco.
Y ni mis amigos ‘suecos’ saben tanto de invierno como nosotros. Las emisiones en directo desde el sitio de la ‘hecatototombe (sic)’, como dijo uno de los testigos a la televisión, más los sesudos análisis de los ‘Maxes’, nos dejaron instruidos y muy afinados para la próxima.
Lástima que, en cambio, las 34 personas que han muerto en 46 días arrastradas por este invierno, las 43.279 familias damnificadas, las 805 viviendas destruidas y las 8.171 averiadas en Sucre, Córdoba, Magdalena, Guajira, Santander, Cesar, Huila y Cundinamarca (cifras de la Cruz Roja hasta el jueves pasado), resulten invisibles a algunos de los autores de ese asalto mediático.
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Sobrero: La tan cacareada cumbre social para la integración de los pueblos 2007, paralela a la de jefes de Estado y de Gobierno en Chile, resultó ser, en el caso de la exposición del video de ‘ Reyes’ en la Universidad de Artes y Ciencias de Santiago, una reunión a la que asistieron 60 gatos. Lástima que las oportunidades de denunciar las aberrantes injusticias que tapizan este rincón del mundo se endosen a quienes representan todo lo contrario a la redención de estos mismos pueblos.