Polémica. Por: Alberto Valencia Gutiérrez
Icesi, 30 años
Noviembre 04 de 2009
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La Universidad Icesi celebró su cumpleaños número 30 el pasado 9 de octubre. En el acto de conmemoración el rector Francisco Piedrahíta hizo una presentación detallada de lo que ha sido el desarrollo de la institución desde su fundación en el año 1979, cuando comenzó como Escuela de Administración, circunscrita y cerrada (e incluso elitista, agregamos aquí), hasta el día de hoy en que se ha convertido en una universidad abierta. Un solo dato puede darnos una idea de la transformación ocurrida. En aquella época se trataba de un instituto orientado a los sectores medios-altos y altos y hoy en día uno de cada tres estudiantes proviene de los estratos 1, 2 y 3. La representación que teníamos de esta institución cambia, pues, por completo.
A lo largo de estos años, Icesi ha pasado por diferentes etapas. En un primer momento se consolida como Escuela de Administración de Empresas, a la manera de su par Eafit de Medellín, pero poco a poco va ampliando su oferta académica hasta el punto de que hoy cuenta con 19 programas de pregrado y cinco de maestría y ha crecido exponencialmente en el número de estudiantes y profesores de planta. Existen programas de formación de los docentes en el exterior y los profesores llevan a cabo investigación como parte de su carga normal de trabajo. Gracias a este crecimiento ‘cambió de género’ y fue reconocida por el Ministerio de Educación como una universidad.
Sin embargo, el solo crecimiento no es razón suficiente para considerar que una institución de educación superior merezca el nombre de universidad. Para que una universidad exista se requiere que tenga una autonomía académica, que responda efectivamente a los ideales de universalidad que se derivan de su estatuto como universidad, que garantice una educación integral y no simplemente técnica y que ofrezca programas en ciencias básicas. La universidad, además, debe ser el lugar del pensamiento y la crítica, del aprendizaje del diálogo racional y del respeto y la tolerancia por las creencias de cada cual.
Y es en este punto donde me parece importante hacer un reconocimiento a las directivas de Icesi, que supieron comprender en su debido momento el reto que representaba pasar de instituto a universidad. La jugada maestra, en mi opinión, fue la creación de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, que ofrece cursos obligatorios a todas las carreras en el marco de una formación integral. El decano Lelio Fernández, pieza fundamental de este proceso, pone a sus estudiantes a leer y comentar ‘La Ilíada’ y ‘La Odisea’ y bajo su orientación se han creado, con criterio no comercial, programas de sociología, psicología, antropología y ciencia política. Se han creado igualmente programas de ciencias básicas en química y biología. Se trata, no obstante, del comienzo de un largo proceso.
La universidad privada ha ganado terreno con respecto a la universidad pública en las últimas décadas en Colombia. Pero no en todos los casos ha sabido convertirse realmente en una alternativa responsable y seria, porque han predominado los criterios comerciales y no se ha tenido en cuenta efectivamente lo que significa la palabra universidad. Esperamos, pues, que Icesi pueda consolidar e incrementar hacia el futuro las tendencias que hoy observamos y se convierta entonces en una referencia obligada para otras instituciones similares y en un reto para la propia universidad pública.
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