En parroquia. Por: Beatriz López
Gabología
Noviembre 04 de 2009
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A raíz del lanzamiento de la biografía de García Márquez, escrita por el británico Gerald Martin, quien durante casi 18 años estuvo a la zaga del Nobel, se ha desatado la consabida cacería de brujas de sus eternos detractores políticos, pero también el entusiasmo de sus fans y el desconcierto de sus familiares ante ciertos temas tabú, desconocidos por algunos de ellos.
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Enrique Krauze, historiador mexicano, descalifica el trabajo de Martin por considerarlo “blando, falto de crítica y sesgado” y arremete contra Gabo por su cercanía con Fidel Castro. El artículo titulado ‘A la sombra del patriarca’ y publicado en Letras Libres, de México, y en The New Republic, de EE.UU., de tendencia ultraconservadora, no ahorra epítetos para señalar a Gabo como un “tirano de carne y hueso”.
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Por su parte, Jaime García Márquez, hermano del escritor, a quien le correspondió presentar en Bogotá a Martin durante el lanzamiento de la biografía en español, trata de aclarar en tono muy coloquial algunas imprecisiones sobre el presunto duelo entre el abuelo Nicolás Márquez y un tal Medardo que resultó muerto, el soborno que habría pagado para que lo liberaran y la violación de que fue objeto una paciente de Gabriel Eligio García, padre de Gabo, cuando aquella estaba bajo los efectos de la anestesia.
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Conocí a Martin en ‘Hay Festival’ el año pasado en Cartagena, cuando presentó la biografía que acababa de salir en inglés. Me impresionó la anécdota que contó sobre la amistad del autor y el biógrafo en México, cuando el primero fue sometido a quimioterapia debido a un cáncer linfático y con quien Martin hizo las veces de enfermero. Tiempo después el inglés sufrió de cáncer y fue Gabo quien lo cuidó.
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En cuanto al poder, es posible que al Nobel le guste estar cerca de un Fidel Castro, un Clinton o un Miterrand, pero a su vez no le importa gastarle tiempo a un taxista o una persona anónima. A propósito, recuerdo una anécdota cuando una mujer pobre se le acercó en México, estando en una cafetería, y le dijo que había soñado con el número mayor de la lotería, que le ayudara y lo compartirían. “Ten”, le dijo, mientras le alargó los billetes, “y si te lo ganas, sólo me cuentas”. Así fue, la mujer se ganó el premio gordo.
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Siempre se ha especulado de la gran influencia de Kafka y Faulkner en la obra garciamarquiana, pero creo que él la recibió de los miles de escritores que ha leído. En una ocasión, durante una velada con Pedro Gómez Valderrama, estaban hablando sobre Somerset Maugham, me atreví a decir que era un escritor mediocre y casi me fulmina con sus argumentos sobre la extraordinaria magia del autor de ‘El filo de la navaja’.
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Es posible que Martin no haya incluido en la biografía de Gabo los nombres exóticos de sus tías paternas: una hermana del abuelo Nicolás se llamaba Wenefrida; una prima, Francisca Simodosea Vidal, su abuela Tranquilina Iguarán y la hermana de Luisa Santiaga, la mamá de Gabo, se llamaba Margarita Miniate. De antología.
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Finalmente, creo que García Márquez ha tenido que cargar con el incómodo bacalao de la fama en la plenitud de su vida y gracias a ésta y otras autobiografias no ha dejado nada para la posteridad.