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Registro. Por: Emilio Sardi
In-movilidad
Noviembre 04 de 2009

Una reciente encuesta sobre opciones para mejorar la movilidad en Cali ofrecía las alternativas de más guardas de Tránsito, campañas de cultura ciudadana y mejor señalización de vías. Aunque las tres son deseables, no atacan las dos causas de fondo del problema: la falta de una correcta concepción de cómo ordenar el flujo vehicular y la ausencia absoluta de una autoridad que evite los desmanes de los vehículos de servicio público.

El primer objetivo de quien organiza las vías debe ser facilitar los trayectos y agilizar la llegada de los conductores a sus destinos. Mientras menos tiempo esté un vehículo en la calle, más espacio deja para otros. Y mientras menor sea el trayecto a recorrer, menos vías ocupa, menos combustible gasta, menos contamina y mejor servido está el ciudadano. Lo que determina el nivel de congestión no es el número de vehículos que tenga la ciudad sino las horas-vehículo o kilómetros-vehículo que sean necesarios para que los ciudadanos lleguen a sus destinos.

Para minimizar estos, debe entenderse que el sistema de tránsito es precisamente eso, un sistema, y que debe ser mirado como tal, sistémicamente. Nada se saca con arreglar un problema en una intersección si se desplaza a la siguiente. Y debe entenderse también que en ese sistema los flujos funcionan como los de los líquidos y que la reducción de calzadas genera trancones. Con dos ejemplos se muestra la falta de aplicación de estos principios.

Cerca de un kilómetro, a vuelo de pájaro, y unas 20 cuadras, por tierra, separan el barrio San Nicolás del CAM. Este trecho se recorría en unos ocho o diez minutos -lo que es mucho tiempo- hasta que la Secretaría de Tránsito cerró el cruce de la Avenida 2 con la Calle 25, dizque porque se congestionaba mucho. El trayecto se alargó, la congestión se desplazó a otros sitios y hoy toma casi el triple del tiempo el mismo recorrido. ¡Y lo peor es que creen que han arreglado algo!

En cuanto a los flujos, basta ver el mal diseño del MÍO en la Calle 5. El tráfico que antes fluía de Sur a Norte por cuatro carriles hoy llega por tres hasta la Carrera 80, donde se reduce a dos, generando grandes trancones y largas esperas. La torpeza se repite en la intersección con la Avenida Guadalupe, a partir de la cual ya se vuelve definitiva la reducción a dos carriles, con la excepción de los tramos en que se reduce a uno solo por las infracciones permanentes de los taxis que se estacionan donde no es permitido.

Y aquí aparece la segunda gran causa de la inmovilidad vehicular en Cali: la aparente decisión de las autoridades de permitir absolutamente todas las trasgresiones y violaciones de las normas por los vehículos de servicio público. Las filas de taxis bloqueando las calles frente a diversos establecimientos. Las congestiones ocasionadas en la Avenida Colombia o en cualquier otra vía arteria por los buses que se detienen en cualquier sitio y en cualquier carril a dejar o recoger pasajeros. El bloqueo de las intersecciones. La contaminación. El sobrecupo. Todo se les permite y la autoridad no los obliga a respetar las normas y a permitir el libre flujo de los otros vehículos.

Para que en Cali se pueda dejar de hablar de inmovilidad vehicular, debe replantearse con lógica, conocimiento y sentido común el esquema de circulación. Y debe tomarse la decisión de obligar a los vehículos de servicio público a respetar las normas.
 


 

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