El Editorial
Encuentro en Punto Fijo
Julio 11 de 2008
En Punto Fijo, una pequeña ciudad del estado Falcón, donde se asienta la más grande refinería de petróleo de Venezuela y del mundo, se reunirán hoy los presidentes Álvaro Uribe y Hugo Chávez. Es la oportunidad para recuperar en forma definitiva unas relaciones maltrechas por los excesos verbales y las posiciones ambivalentes frente a la violencia que ha padecido nuestra Nación.
Durante casi dos siglos la amistad sincera y la colaboración permanente han sido las guías de la relación colombo-venezolana. Y pese a diferencias que en algún momento fueron sustanciales, los gobiernos han encontrado formas de encausar una convivencia forzada por la vecindad geográfica y enriquecida por la identidad cultural, histórica y de intereses. De ahí ha florecido la hermandad, que en el plano económico se expresa a través del creciente y sustancioso intercambio comercial, industrial, agrícola y de todo orden.
En el plano político esa hermandad se manifiesta en una similitud de objetivos, el más importante de los cuales era hasta hace poco la búsqueda de soluciones para los retos que ha planteado una migración desordenada, generada por la diferencia de oportunidades que produce la riqueza petrolera. Y la protección de los pueblos de los riesgos que ha implicado la constante presencia de la violencia y el narcotráfico en Colombia.
Infortunadamente, y por arte de los intereses políticos del presidente Hugo Chávez, esa hermandad ha sufrido serios resquebrajamientos. Sin desconocer el peso que en el distanciamiento han tenido los problemas que padece nuestro país, a ello ha contribuido de manera importante el lenguaje pendenciero contra el Gobierno Nacional. Pero, por encima de todo, las relaciones con las Farc, el tratamiento que se les ha otorgado y sus defensas de los métodos criminales disfrazados de revolucionarios han llevado a un divorcio, donde los intereses comunes son los grandes perdedores.
En las últimas épocas, y tal vez por causa de la política interna de su país, el Mandatario venezolano ha cambiado su comportamiento con respecto a Colombia. Lo más importante es que Chávez ya no defiende a la guerrilla, reclamando para ella un estatus de beligerancia y un reconocimiento político imposible. Atrás parecen quedar las amenazas de guerra por una acción de la Fuerza Pública nacional que nada tuvo que ver con Venezuela. Como también han desaparecido de sus discursos los insultos contra el presidente Uribe. Y ya no habla de cerrar la frontera o de romper los vínculos, cada vez que aparece alguna dificultad.
Hay entonces un ambiente distinto, cuya mejor expresión puede ser la reunión que se celebra hoy en Punto Fijo: eso será posible, siempre que se eviten las explosiones verbales que en los últimos tiempos han puesto en suspenso los centenarios lazos. Y siempre que la diferencia de ideologías no implique la defensa de quienes han hecho de la violencia un azote para Colombia. Con seguridad, eso es lo que piden dos naciones unidas de siempre por la confraternidad, la concordia y el respeto por sus diferencias.