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Historia
Origen del ‘Testimonio’ del acta de 1810
Hace apenas un decenio fue hallado el Acta de Independencia de Cali, redactada el 3 de julio de 1810. Durante años los historiadores
tuvieron referencia de ese documento, a través de un escrito
que inspiró el libro ‘Testimonio del Acta de Independencia de Cali’,
uno de cuyos capítulos resumimos a continuación.
Don Joaquín de Cayzedo y Cuero y don Tomás de Santa Cruz Cayzedo eran parientes. Mantuvieron correspondencia sin que la posición ideológica de ambos -que era diametralmente opuesta- lo impidiera. Cada uno fue un adalid de su causa: Cayzedo, prócer y mártir republicano; Santa Cruz la conciencia de la resistencia realista de San Juan de Pasto.
Las convicciones políticas separaron a Cayzedo y Santa Cruz en la lucha, pero no menguaron sus relaciones familiares. Sin embargo, es indudable que los razonamientos de Cayzedo predispusieron a Santa Cruz para proponer a los suyos se convocara un cabildo abierto para resolver si continuaban la guerra o se avenían mediante una “honrosa y cristiana capitulación”; además, Santa Cruz renunció al cargo de Teniente de Gobernador de Pasto y se retiró de la comandancia de las tropas.
Efectuado el cabildo abierto el 16 de septiembre de 1811, se aprobó el propósito de capitular. Las fuerzas de Pasto suspendieron hostilidades y el Ejército que marchaba desde Quito aprovechó esa determinación, atacó y tomó la ciudad. El ‘Detalle’ de estos acontecimientos, suscrito por los miembros del Cabildo de Pasto el 8 de enero de 1813, dice que las tropas de Quito “entraron talando, robando, incendiando y destruyendo los bienes de estos vecinos generalmente, y en especial los del Teniente (de Gobernador) Santacruz y su familia”.
Este infortunado acontecimiento frustró la proyectada capitulación. Entró Cayzedo con sus tropas a Pasto. Como era natural, los dos ejércitos, el del Norte y el del Sur, celebraron la victoria sobre el adversario común.
Esos hechos llevaron a los realistas a ver en unos y otros a sus enemigos victoriosos. Que Cayzedo no advirtiera a los quiteños que se adelantaba un proyecto de capitulación, hizo que los realistas se sintieran burlados en su buena fe y perdieran toda confianza en la seriedad de sus adversarios. Los vejámenes sufridos hicieron renacer con más bríos la resistencia de San Juan de Pasto y tornó a sus habitantes a la anterior posición de irreductible realismo.
Auxiliadas por realistas de Pasto y de los pueblos vecinos, las fuerzas de Patía asediaron la ciudad y la tomaron. El presidente Cayzedo, varios oficiales y numerosa tropa, quedaron prisioneros.
Para liberar al Presidente y reducir a Pasto, un nuevo ejército se organizó en Popayán bajo la comandancia del norteamericano Alejandro Macaulay. Gracias al acuerdo suscrito entre las victoriosas tropas pastusas y el comandante republicano (del que fue coautor el doctor Cayzedo), el Presidente, sus oficiales y tropa fueron liberados. Así cumplieron los de Pasto su compromiso, mientras el extranjero faltó a su palabra, sin que valiera la intervención del presidente Cayzedo.
La muerte de Cayzedo y Cuero
Macaulay no atacó la ciudad, sino que pretendió burlar a los realistas pasando una madrugada al sur y uniéndose a los de Quito para regresar más fuerte contra Pasto. Fue alcanzado y derrotado en Catambuco, al sur de Pasto, en el camino hacia el Guáitara. Tras esa acción, el presidente Cayzedo volvió a la prisión en compañía de Macaulay.
Poco más tarde los realistas se apoderaron de Quito y el español Toribio Montes, presidente de la Real Audiciencia, ordenó el fusilamiento de don Joaquín, de Macaulay y trece hombres de tropa. Fueron inútiles los esfuerzos de Santa Cruz para salvar las vidas de Cayzedo y Macaulay.
Todo indica que algunos o todos los papeles que portaba el presidente Cayzedo, quedaron en poder del doctor Santa Cruz, entre estos el ‘Testimonio del Acta’ escrito para el Rey por el Cabildo de Cali. Él fue uno de mis quintos abuelos y por ello encontré el referido manuscrito, cuyo texto transcribo con la ortografía original. Dice así:
“Señor:
El adjunto testimonio del Acta celebrada por este Cabildo en concequencia de la RI. Cedula expedida para el reconocimiento y obediencia de ese Concejo de Regencia, como el Cuerpo que inmediatamente representa la augusta persona de nro, muy amado, y cautibo Soberano el Sr. Dn. Fo. 7º, acredita, que en los mas remotos lugares de la America no se respiran otros sentimientos, que de respeto a nra. Santa Religión, fidelidad al Monarca desgraciado, y amor a la Patria. Las presentes sircunstansias no pueden ser más delicadas. Jamas se ha visto la Nasion en crisis mas memorable, ni sembrada de mayores peligros. El usurpador de las coronas, el monstruo de la Europa, el hombre mas sanguinario que ha conocido la tierra, quando no puede con la fuerza de sus armas victoriosas, ocurre a la sedución, al engaño, a la perfidia para conquistar espiritus débiles, y extender su imperio no solo en la Europa, sino fuera de ella. El Americano no respira sino sentimientos de fidelidad. Apenas puede manifestarse un monumento mas ilustre de esta verdad, que el Acta que pone este Cabildo en manos de V.M. En estas sircunstansias ninguna providencia, ninguna precaución dirigida a concervar estos preciosos Dominios libres del tiránico yugo del usurpador, debe estimarse pr. Irregular, e inoportuna. Este Cabildo protexta a V.M. con toda la sinseridad que tiene acreditada en todos tiempos, y edades, el más profundo respeto, la más ciega obediencia a V.M., como a quien representa al ídolo de nros corazones. Pero por lo mismo son necesarias medidas de prevision, no dormir un momento, y estar siempre vigilantes, no sea que no pudiendo el tirano subyugarnos por la pocesion geográfica de estos deliciosos y afortunados países, lo consiga pr. Los medios infames, que jamas desperdicia su política infernal.
“Este cabildo no desespera de la libertad de la Peninsula, por que conoce los esfuerzos de los nobles, valientes y generosos Españoles. Pero la vé en riesgo; y esta terrible prespectiba le ha hecho despertar del letargo en que ha yacido este Reyno en medio de las más violentas convulciones. A este fin se dirigen sus deliberaciones, al mismo sus acuerdos. Tenga pues V.M. la bondad de estimarlos como un brote de nra. Fidelidad, como un testimonio de nro. Amor a Fernando, como una precaucion necesaria para concervarle las pocesiones del Nuevo Mundo, si se pierden las del antiguo. Si llega este caso desgraciado, organisese el Gobierno en estos Paises, donde no tiene influxo el plan mortifero del usurpador. Vengan los respetables individuos de ese Concejo Soberano, vengan los ilustres Españoles, que hayan acreditado su fidelidad en esta época sembrada de sangre, y de todo genero de calamidades. Vengan, que los recibiremos con los brazos abiertos, y nos reuniremos todos, proponiéndonos pr. Unico objeto la pureza de para. Religion Santa, y la felicidad de la Patria, que hemos de conservar a sangre y fuego para el inmortal Fo. 7º.
“Dios guarde la Catolica RI. Persona de V.M. muchos años. Sala Capitular de la Ciudad de Santiago de Caly del Gobno. De Popayan en el Nuevo Reyno de Granada Julio 28 de 1810
(Fdos.) Dr. Joaquin de Cayzedo y Cuero, Cayetano de Molina Rendón, Antonio Nieva y Retamosa, Joseph Fernández de Cordova, Ignacio Mateus Polanco, Joseph M. Mallarino, Joaquin Micolta, Domingo Perez de Montoya, Dr. Antonio Camacho” |
Emiliano Díaz del Castillo
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