Zona franca. Por: Jorge Restrepo Potes
‘El olvido que seremos’
Febrero 01 de 2007
Con este hermoso título, extraído de un soneto de Jorge Luis Borges y que ahora Harold Alvarado Tenorio reclama como suyo, Héctor Abad Faciolince publicó a finales del año pasado un libro que se ha convertido en fenómeno de ventas, como que ya va por la séptima edición.
En ese libro, el autor lleva al lector por el sendero de la vida de una familia antioqueña de clase media, en la que la figura central es el médico Héctor Abad Gómez, un experto en salubridad pública que dedicó los últimos años de su existencia, hasta la misma noche en que cayó asesinado en pleno centro de Medellín cuando asistía al velorio de un líder sindical, a la defensa de los derechos humanos, lucha en la que no desfalleció a pesar de las amenazas que recibía por distintos medios.
Abad Faciolince, único varón entre la mamá y cuatro hermanas, creció con un amor inmenso por su padre, a quien yo conocí hace años, con su rostro de hombre bueno, en cuyos ojos se apreciaba, a través de las lentes de sus gafas, un alma generosa, siempre lista a servir al prójimo, que fue lo que hizo en los diversos cargos que ocupó.
Docente de la Universidad de Antioquia, tuvo que soportar persecuciones de la derecha hirsuta de Medellín, que veía en él un peligro para sus intereses de clase, solamente porque no daba el brazo a torcer en busca de la protección de las gentes satanizadas por aquel concepto criollo de que quien protesta y exige garantías es un ‘comunista’ peligroso al que hay que eliminar.
Qué fue lo que pasó con el doctor Abad Gómez, a quien el paramilitarismo, obedeciendo consignas perversas de sus cómplices urbanos, dispuso la ejecución, a mansalva y sobreseguro, de este varón íntegro, que murió, como vivió, sin otros recursos que los de su inteligencia y sabiduría. El cardenal Alfonso López Trujillo, a la sazón arzobispo de Medellín, prohibió que se celebrara la misa fúnebre y, gracias al valor de un sacerdote, cuñado del extinto, se ofició la Eucaristía, contra la orden del moderno inquisidor.
Su hijo, en una especie de catarsis literaria, vuelca el dolor que le produjo el asesinato de su padre, pero especialmente la pena de una familia unida que sabía que sobre la cabeza despoblada del doctor Abad Gómez pesaba la sentencia de muerte. Ese cuadro que describe de su madre, sus hermanas y él al pie del cuerpo exánime de su padre es patético, porque es la imagen repetida del drama diario de tantos hogares colombianos que en 50 años no han tenido un instante de paz, por más cuentos que echen los gobiernos, todos incapaces de reducir a los delincuentes que actúan en una sociedad complaciente, por activa o por pasiva.
Todos los capítulos de este libro emocionan, como aquel en que narra el suplicio de su hermana Marta Cecilia, acosada a los 17 años por un cáncer para el que no hubo esperanza de curación. La escena del médico Abad inyectándole una sobredosis de morfina a su hija moribunda, para aminorarle los tremendos dolores, saca más de una lágrima, aun a persona que, como yo, no la suelta fácil.
Si usted quiere leer un libro bien escrito, conmovedor y que es una síntesis de la tragedia colombiana, vaya a cualquier librería –ojalá no al semáforo– y cómprelo. Me agradecerá el consejo.
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Oigan, pues... © / Cali y la derecha hirsuta...
Oígame, pues... así que usted conoció a alguien que fue víctima de persecuciones de la derecha hirsuta de Medellín.
Pero, me imagino que la capital de la montaña no es una ... (Ver Más)
Pratap / Cali
En este articulo Alvaro Tenorio cuenta como se hizo al poema de Borges, es una buena historia.
http://www.enfocarte.com/3.18/articulo.html
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