El editorial
Un giro esperanzador
Agosto 23 de 2007
Más que una jugada del presidente Álvaro Uribe para hacerle el quite al acoso de los familiares de los secuestrados en poder de las Farc, la vinculación de Piedad Córdoba y del presidente Hugo Chávez es otro esfuerzo esperanzador y quizás definitivo para lograr el intercambio humanitario. Y una oportunidad, tal vez la última, para que el grupo armado recupere algo del reconocimiento político que destrozó con sus atentados terroristas y su desconocimiento de los derechos humanos en Colombia.
Así de claro es el panorama que se abrió, cuando el Presidente nombró como facilitadora para el acuerdo a la senadora Córdoba, una de sus más enconadas contradictoras políticas. Un gesto que, si bien nadie se lo esperaba, cambió de manera radical el ambiente alrededor del tema más difícil para los colombianos. Las cosas tomaron un impulso adicional, cuando la congresista acudió a su amistad con el Presidente de Venezuela, para pedirle su colaboración en la tarea que tenía al frente, contando con la aquiescencia del Gobierno colombiano.
Antes de eso, el país parecía atrapado en las polémicas acerca de lo que el éste hacía o dejaba de hacer frente a su responsabilidad de devolver con vida a las víctimas del secuestro, olvidando en su desespero que quienes han propiciado la prolongación de su cautiverio son sus victimarios. Y que no puede haber acuerdo posible basado en la rendición del Estado ante los reclamos de los criminales, porque la Nación quedaría expuesta a sus designios. Frente a tales limitaciones, las Farc han utilizado a sus víctimas como mecanismo de propaganda, demostrando que su preocupación y sus intereses no pasan por respetar los derechos humanos de ellas y sus familias.
Ahora, el estilo particular del presidente Chávez y su cercanía con los movimientos revolucionarios y de izquierda en el continente, permiten pensar en que se ha abierto una puerta tan inesperada como auspiciosa para buscar alguna negociación viable con las Farc. A lo que deben sumarse las características propias de la dirigente liberal y su discurso independiente frente al Gobierno. Con tal binomio, es de esperar que haya un acercamiento rápido, se dejen atrás las tercas exigencias de la guerrilla y se entren a discutir alternativas viables. Es la manera de buscar una salida donde prime la intención de devolverles sus derechos a las víctimas, antes que el afán de utilizarlas en un diálogo de sordos, estéril y sin avances.
Por supuesto que el Estado tendrá que otorgar concesiones para hacer que el intercambio sea posible. Allí es donde adquiere protagonismo la labor de facilitación del presidente Chávez y la senadora Córdoba: en proponer alternativas, en lograr que el asunto sea mirado de otra manera y en conducir al necesario acercamiento para lograr el objetivo: la liberación de secuestrados a cambio de guerrilleros detenidos en cárceles colombianas. Pero ese protagonismo tendrá el reconocimiento de la Nación, siempre que no sea usado con propósitos tales como la promoción del chavismo en Colombia.