Campana. Por: Álvaro Burgos Palacios
Sobre el ‘analfabetismo periodístico’ I
Agosto 21 de 2007
Hay visitas que significan una renovación de vida. Tal me ocurrió con la llegada, desde Popayán, de mi amigo Eduardo Gómez Cerón, el periodista que hizo el diario local El Liberal, editándolo e imprimiéndolo en Cali en los días posteriores al terremoto de 1983. Gómez viajaba todos los días. De venida, con originales y fotos; de retorno, con los ejemplares del diario listos para venderlos en la calle o entregarlos a los suscriptores.
Hablamos de la baja en número de lectores de prensa, del ‘analfabetismo’ periodístico.
¿Qué pierde un país cuando desciende el número de lectores?
“Ya hay una generación de personas educadas, residentes en ciudades, empleadas –con buen ingreso- que no leen periódicos. Se informan, claro, por la radio, la televisión e internet. Las personas mencionadas tienen hijos, los que crecen sin saber que existen los buenos hábitos de comprar y leer prensa. No ven en sus casas periódicos, más que cuando sus páginas son extendidas sobre el piso, para evitar manchas de pintura. ¡Los diarios serán algo ausente de sus vidas!
“Por contraste, hace unos 20 ó 30 años, hubo gente –padres o abuelos de los de antes- que leían cotidianamente periódicos. Colombia tenía dos diarios nacionales; ahora sólo ha quedado uno -en esto es mejor el balance de algunas capitales de provincia”, me dice Eduardo Gómez.
“Aquellas gentes, no necesariamente con títulos académicos acumulados, como sus hijos que hoy no leen periódicos ni con su nivel de empleo e ingresos, se informaban con lo que aparecía resaltado en primera plana y obtenían un panorama general de la actualidad nacional e internacional, al hojear el diario. Se detenían, por supuesto, en los columnistas, de los que se decía, “orientaban la opinión”.
Algunas secciones, como las deportiva y judicial, contaban con lectores especializados, casi tanto o más que los redactores. No faltaba la persona a la que le sorprendía la media noche leyendo alguna espeluznante crónica roja; había en los periódicos verdaderos estilistas del género, gente que hubiera podido pasar sin solución de continuidad a la novela negra…”.
¿Qué pierde un país cuando se pierde el hábito de leer periódicos?
“Pierde densidad el debate público cotidiano en que consiste la democracia. En los países centrales donde la desaparición de un medio se lamenta como una catástrofe cultural nacional, los pensadores: filósofos, estetas, estadistas, ‘simultanean’ la construcción de sus grandes obras con colaboraciones, notas para la prensa. Se mantiene, entonces, un pertinente diálogo nacional, en el que todas las voces se consideran concernidas: las de los conductores culturales, morales y políticos y las de los ciudadanos”.
Hace más o menos un mes, cuando en España se lamentó unánimemente la muerte del empresario cultural Jesús de Polanco, salió a relucir su visión consistente en crear un gran diario (El País, de Madrid) para acompañar, por supuesto, respaldar e incluso alentar la democracia naciente, y salieron a relucir sus socios, el periodista Juan Luis Cebrián y el escritor y pensador José Ortega, hijo del celebérrimo Ortega y Gasset.