Cuidado padres, estos son los riesgos de consentir a sus hijos en exceso

Cuidado padres, estos son los riesgos de consentir a sus hijos en exceso

Mayo 24, 2018 - 11:50 p.m. Por:
Redacción de El País 
Niñeras

“Los niños malcriados o mimados deben ese calificativo a que han sido consentidos en todos los aspectos y a que lo único que les falta en sus vidas es un no como respuesta a sus solicitudes”.
Nathalie Sierra Gaviria, psicóloga de la Universidad Cooperativa de Colombia.

Foto: Fotolia / El País

Todos recuerdan a Veruca Salt, la niña consentida de la película 'Charlie y la fábrica de chocolate', quien al no aceptar una negativa ante sus caprichos, termina recibiendo una sorprendente lección de buen comportamiento.

Este personaje infantil y su padre, un hombre permisivo y sumiso, representan desde la ficción el drama de muchas familias, cuyos padres han desviado el amor que sienten por sus hijos, y en vez de formarlos para ser personas autónomas y seguras de sí mismas, los han convertido en niños mimados.

En palabras de Eva Millet, autora del libro 'Hiperpaternidad: consecuencias de la paternidad helicóptero', los niños consentidos han existido durante toda la historia y las causas son múltiples pero, en esencia, son niños que han sido educados para creer que están solos en el mundo, que todo gira a su alrededor y que tienen muchos derechos y pocos o ningún deber”, expresa.

En efecto, la sobreprotección y permisividad con los hijos son comportamientos que determinan la formación del futuro adulto, dado que pueden generar problemas de autoestima y dificultad para adquirir habilidades sociales. Para Nathalie Sierra Gaviria, psicóloga de la Universidad Cooperativa de Colombia, “estos factores son los que pueden desencadenar que un niño empiece a expresar comportamientos de malcriado y si no se realizan acciones para contrarrestar dicha situación, esta puede desencadenar en una adolescencia marcada por la falta de límites, rebeldía y problemas con la autoridad”.

En este sentido, para que los padres puedan dirigir su amor en la forma adecuada y sin malcriar a sus hijos, es pertinente identificar las diferentes formas en que se manifiesta el comportamiento de los niños mimados.

Mimados a la vista

“Los niños mimados se ven en seguida. Son esos niños que no puedes soportar después de pasar cinco minutos con ellos”, afirma Millet.

Hay múltiples señales que permiten distinguirlos, entre ellas el marcado autoritarismo, pues solo quieren hacer lo que ellos desean y reaccionan con una rabieta, pataleta o berrinche, cuando se les niega.

En opinión de Judith Medina, psicóloga clínica del Centro Médico Imbanaco, “estos niños son intolerantes a la frustración, si se les niega algo, así sea un regalo, un juego, una salida a algún lugar, generalmente reaccionan agresivamente y con llanto”.

Otra faceta evidente del comportamiento mimado es que se hace caso omiso de las responsabilidades que se les asignan en el núcleo familiar.

Para la psicóloga Sierra Gaviria, “desde los 2 años hay tareas que los niños pueden hacer, sin embargo, cuando el niño presenta problemáticas con la crianza, estas sencillas responsabilidades como recoger sus juguetes o su ropa sucia, o hacer la cama, entre otras, pueden verse afectadas”. Al respecto, comenta Medina, “cuando un papá hace las tareas del hijo, no le está demostrando amor, sino reforzando su incapacidad, pues le comprueba al hijo que por sí solo no puede hacer cosas tan simples como vestirse”.

También es recurrente en ellos una constante insatisfacción ante lo que reciben, sea de sus padres o no, por ello siempre exigen más dedicación de sus progenitores, más juguetes cuando tienen suficientes, mejores comidas que no necesariamente son más saludables. Eso se debe, explica Millet, a que si les hiperregalamos, les atiborramos de cosas y experiencias con mucha facilidad, entonces se "anestesian", y prácticamente pocas cosas les ilusionarán.

Para contrarrestar este sentimiento de insatisfacción y apatía, sugiere Sierra Gaviria fomentar el valor del esfuerzo. “Es importante que ellos aprendan que al luchar por una meta tendrán la posibilidad de sentirse mas útiles, capaces y seguros de sí mismos”.

Otro rasgo diferenciador de los niños mimados es que, mientras algunos son autoritarios y egocéntricos, otros por el contrario, son faltos de autoestima y de autonomía, con problemas de independencia, porque no saben hacer las cosas solos, ya que han sido sobreprotegidos por sus padres. Sobre este aspecto, complementa Sierra Gaviria, “evitar a toda costa el sufrimiento o que atraviesen alguna dificultad, solo tendrá como consecuencia que los niños no puedan enfrentar conflictos de manera independiente y no se podrán preparar para los retos que le impone la infancia y la adolescencia”.

Por esta misma razón, lo hijos se vuelven muy dependientes de las otras personas, generalmente los padres, que son quienes les satisfacen sus deseos y caprichos. El mimado tiende a no buscar sus propios recursos para lograr sus propósitos, sino a través de sus cuidadores.

Errores de los padres

“Sobreproteger es desproteger”. Así lo afirma Eva Millet, dado que en su opinión, los niños mimados se originan a partir de una situación paradójica, cuando los padres se proponen brindarles toda la seguridad, la comodidad, los privilegios y las facilidades, con las cuales sus hijos se sientan amados para que la sociedad reconozca que aman a sus hijos.

De esta forma, provocan un efecto contrario al esperado, ya que al tenerlo todo, crecen creyendo que el mundo gira alrededor de ellos. Sobre este aspecto, aclara Millet, “el niño mimado crece creyéndose el rey único del universo y carece por completo de empatía, que es una herramienta básica para hacer un mundo mejor”.

Si el niño crece malcriado, entonces va a tener dificultades para relacionarse. “Tendrá problemas de aceptación social, y cuando se le niegue algo o no lo consiga, puede reaccionar con agresividad o tornándose inseguro”, explica la psicóloga Medina.

En la actualidad, no existen tratamientos exclusivos para que los niños dejen de ser mimados.

Más bien se trabaja con los padres. Para Judith Medina, lo recomendable es la psico-educación, a través de la cual los adultos pueden aprender pautas de crianza para formar mejor a sus hijos. “Realmente el problema no es de los niños, sino de los padres, porque generalmente son sus mismas dificultades, miedos y culpas las que se les transmiten a sus hijos, entonces cuando los padres trabajan eso, pueden llegar a ser más firmes y seguros en su labor familiar”, concluye.

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