ENTRETENIMIENTO

Una 'Bella' que no trae sorpresas

Abril 09, 2017 - 03:41 p.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez*
Especial para Gaceta
Bella y bestia

La Bella y la Bestia, protagonizada por Emma Watson.

Especial para El País

El público también se cansa. Tiene derecho a hacerlo. Y encontrar en la pantalla “nuevas” versiones de historias que se sabe de memoria, no es nada agradable. Mucho menos cuando las producciones no aportan nada diferente ni “nuevo” que justifique su aparición. Llevar a pantalla una historia que ha sido material de otros directores, tiene riesgos que debe medir aquel que se decida a hacerlo.

Su propuesta debería presentar algo distinto en su historia, en su universo, en su época o en el más tibio de los casos, apostar por un elenco bien ajustado.

Pero hágale por dónde le haga, las comparaciones siempre surgirán y a menos que la recién aparecida versión ofrezca algo novedoso y/o arriesgado, el nostálgico espectador preferirá quedarse con la primigenia y no faltará el critico que se rasgue las vestiduras y señale que todo eso no es más que un despropósito.

La nueva versión de ‘La bella y la bestia’, protagonizada por Emma Watson y Dan Stevens, es una de esas películas que corrió el riesgo de saltar a la pantalla y yo me sigo preguntando para qué. Tras observar las recientes y bien logradas adaptaciones de ‘El libro de la
selva’(2016), ‘Cenicienta’(2015) y ‘Malévola’, que no se conformaban con dejarle todo a la animación, sino que construyen buenos personajes, diálogos y peripecias esforzadas, no deja de ser desconcertante que ‘La bella y la bestia’ no arriesgue nada.

La película dirigida por Bill Condon es, con excepción de unas cuantas secuencias, una copia, casi cuadro por cuadro, de la versión animada del 91. La historia se cuenta en el mismo orden, las mismas acciones y con un elenco que no termina de convencer encabezado por una Emma Watson quien luce más que tensa, dejando atrás su rol hechicera y acostumbrándose al incómodo cuerpo de una princesa.

La historia primigenia de la hija abnegada que se ofrece como rehén a cambio de su padre, quedando a merced de un hombre-bestia, ha tenido muchas adaptaciones en diferentes países y épocas, entre las que podremos recordar tres relevantes: La primera que corrió por cuenta del francés Jean Cocteau (1946), que cuenta con una bestia más aterradora y que tiene como propósito conquistar a aquella mujer que de la que vive enamorado y la versión animada de Disney de 1991, siendo esta una de las mejores logradas y la francesa y espectacular del 2014, dirigida por Christophe Gans.

La propuesta que nos hace Condon está cimentada en la historia de amor, planteada de manera gratuita y en cabeza de unos personajes sin propósitos claros y movidos por el deseo de un director, especialista en contar romances inmortales entre monstruos y humanos, como lo hizo con la saga del vampiro enamorado (Crepúsculo’ 1 y 2).

Manteniendo la música como uno de los más importantes ingredientes de esta puesta en escena, la del 2016 no será tan fabulosa como sus antecesoras e incluso traerá a la memoria el mismo tema principal del 91. Como algo adicional, ahora tendremos puestas en escena similares a las de los musicales tipo Broadway con bailes y atmósferas suntuosas.
Así el resultado es un musical superfluo con persecuciones, peleas y ningún malentendido, que se extiende un poco más de lo necesario dando por resultado una película que podría haber durado una media hora menos.

Pero que, a pesar de esto, resultó un éxito en taquillas.

Es claro que la película está dirigida un público particular: A aquellas generaciones que han tenido acercamientos televisivos nostálgicos a la famosa historia entre la bella enamorada de un príncipe que yace prisionero en el cuerpo de una bestia, que paree más un muñeco de felpa gigante que una verdadera amenaza.

‘La bella y la bestia’ es una película blanca donde las peleas y las persecuciones alternan con los chistes y un esbozo de historia de amor homosexual que dejó a más de un moralista con los pelos de punta. Pero más allá de su trama, la película pone sobre la mesa el propósito del cine que solo recicla sin proponer nada novedoso.

Si lo importante es solo captar públicos al precio que sea, ha logrado con creces su objetivo. Pero aquellos espectadores que esperan fidelidad a su original pero también alguna novedad, probablemente no se sentirán satisfechos.

Este regreso de la bella ingenua parece enfrentarse a la imagen de la protagonista que Disney ha pretendido construir para su público del siglo XXI. Esas que hemos visto en películas anteriores, ‘Frozen’ por ejemplo, donde nos muestra cómo una heroína arriesgada, valiente y única, que contraste con el modelo clásico y cómodo lugar de la plebeya enamorada que se dignifica con la llegada del príncipe guapo.


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