ENTRETENIMIENTO

La polémica detrás de la foto ganadora del World Press Photo

Febrero 26, 2017 - 08:47 a.m. Por:
Redacción Gaceta

Turquía. 19 de diciembre de 2016. El fotógrafo Burhan Ozbilici salía de las oficinas de la agencia periodística AP y, de camino a su casa, se encontró con una exposición fotográfica que iba a ser presentada en Ankara por el embajador ruso en esa ciudad turca, Adrei Karlóv.
Días después el fotógrafo contó: “Decidí entrar porque quedaba en el trayecto que va a mi casa”.

Entró y pudo fotografiar al diplomático ruso en la presentación de las imágenes. Luego, en medio del grupo de personas que observaban cada foto, escuchó varios estallidos y se vio a sí mismo delante de un hombre joven, blanco, que usaba vestido de etiqueta, sostenía en su mano derecha una pistola automática y levantaba el índice izquierdo al cielo mientras pronunciaba un discurso sobre la guerra en Siria.
“Lo primero que sentí fue el shock de ver al embajador Karlóv sobre el suelo, muerto.



Supe de inmediato que el homicida era el hombre que tenía en frente y tuve miedo, no puedo negarlo, pero accioné mi cámara en varias oportunidades”. Burhan sostenía la cámara sobre su cuerpo, a la altura de su pecho, sin que pudiera mirar por el visor de la cámara. Fueron instantes. Fue testigo y fotógrafo excepcional y azaroso de un hecho que habría de convertirse en una de las noticias más importantes de todo el 2016 y de la foto que meses después sería ganadora de uno de los más prestigiosos galardones del fotoperiodismo: el World Press Photo.

“Estoy aquí. Aunque me disparen o me hieran o me maten, soy un periodista, tengo que hacer mi trabajo…”, dijo Burhan a medios internacionales, cuando se le preguntó cómo tuvo la valentía de disparar su cámara.

Foto ganadora World Press 2017

Esta es la foto ganadora del World Press Photo 2017, fue tomada por el fotógrafo turco Burhan Ozbilici de la agencia de noticias AP el 19 de diciembre del 2016 cuando Mevlüt Mert Altintas, un policía de 22 años, disparó contra el embajador ruso en Ankara, Andréi Kárlov.

Burhan Ozbilici / Agencia AP

Sentado en su oficina, el editor de fotografía de El País, Oswaldo Páez, habla de lo que significa para un fotoperiodista presenciar y fotografiar esos momentos completamente extraordinarios que terminan por definir y hacer la historia.

Sin duda, dice Oswaldo, hay que tener un poco de suerte. Pero, agrega, el elemento del azar no es el único y ni siquiera el definitivo.

Oswaldo sabe muy bien de qué habla. En 2002 trabajaba para la agencia AP y dictaba clases de fotoperiodismo en un instituto de Cali. El 11 de abril de ese año citó a sus estudiantes en el centro de la ciudad con el objetivo de realizar un recorrido por esa zona para retratar la vida cotidiana caleña.

Todo estaba dentro de lo normal aquella mañana en la que Oswaldo le prestó su cámara a uno de sus estudiantes que no la había llevado. Sin embargo, justo cuando llegaron a la plazoleta de San Francisco, notó eso que él mismo llama “una grieta en la normalidad”. Las personas corrían y gritaban que una bomba iba a estallar.

Oswaldo de inmediato corrió a quitarle su cámara a su alumno y les dijo a los otros que lo siguieran sin adelantarlo. Caminaron hacia un costado del edificio de la Gobernación y allí Oswaldo pudo ver a un grupo de hombres vestidos de camuflado que caminaban hacia él y lo observaban mientras disparaba su cámara.

“Yo no sabía qué estaba sucediendo, pero sí sabía que una noticia se estaba desarrollando”.

Minutos después, cuando fotografió a varios policías que sacaban del edificio de la Asamblea del Valle el cadáver de uno de sus compañeros, se enteró de que guerrilleros de las Farc habían secuestrado a 12 diputados y que él había sido el único fotoperiodista que fotografió a los guerrilleros. Los hombres que lo habían mirado a los ojos minutos antes eran rebeldes disfrazados de militares. Aquellas fotos fueron vendidas por la AP a diarios en todo el mundo.

- Hay un poco de suerte, por el hecho de estar en el momento indicado a la hora indicada - dice.
- Pero también hay algo que uno puede llamar olfato periodístico. Saber que algo está pasando y saber hacia dónde disparar la cámara.
- Claro que sí.
- Y también un poco de temeridad, porque el guerrillero que lo miró a los ojos perfectamente le pudo haber hecho algo…
- Sí, también. El asunto es que yo estaba allí y siempre supe que algo grave estaba sucediendo y que mi trabajo era retratarlo. Yo estaba convencido de que se trataba de una bomba porque la gente gritaba. Pero bueno, esos momentos son únicos e irrepetibles y si uno no hace su trabajo toda la vida se arrepentirá. Y tengo que decirlo: en todas las buenas fotos de periodismo siempre hay algo de irresponsabilidad.

Sí, Oswaldo sabe muy bien de qué habla, de modo que al comentar la foto ganadora del World Press Photo 2017 dice que la suerte que corrió el fotógrafo es lo de menos, porque él perfectamente pudo negarse a obturar o pudo quedarse en shock. Pero no, tuvo la valentía y la lucidez de accionar la cámara.


“Y finalmente, esa imagen ahora cuenta la historia, sin esa imagen, una parte de la historia hubiera quedado incompleta. Eso logran las mejores fotos, contar la historia”.

Secuestro diputados asamblea Departamental

Foto tomada por Oswaldo Páez del policía asesinado en el secuestro de los diputados en la Asamblea Departamental en 2002.

Oswaldo Páez / El País

Pero las encrucijadas interiores que atraviesa un fotoperiodista a la hora de disparar su cámara son muchas otras, y no siempre tienen que ver con la posibilidad de ser herido o perder la vida. Muchas veces suele tratarse de dilemas éticos, de la pregunta: ¿Debería obturar en lugar de socorrer o ayudar?

El ejemplo clásico es el del fotoperiodista Kevin Carter, quien en 1993 fotografió al niño sudanés Kong Nyong, que se encontraba a las afueras de una aldea mísera, doblado sobre sí mismo, mientras un buitre esperaba, al parecer, que muriera.

Ese año el New York Times publicó la foto y meses después Carter ganó el Pulitzer y luego debió soportar la crítica generalizada de quienes afirmaban que su deber, en lugar de obturar, fue el de socorrer al niño. Menos de un año después, Carter se suicidó por diversas causas, entre las que se encontraba la presión que sufrió por haber realizado la fotografía.

Miguel Medina, fotoreportero caleño que trabaja para la agencia francesa AFP en Milán, y quien ha cubierto conflictos en países como Siria y República Centroafricana, atravesó alguna vez una situación semejante.

En un hospital de Siria vio morir a un niño baleado que no superaba los 10 años. “El niño estaba sobre una camilla y yo no sabía si hacer o no la foto. De hecho, la hice varias veces y la borré. Al final, pensé que mi trabajo era precisamente mostrar aquello que estaba ocurriendo, dejar un testimonio sobre el horror en Siria”.

Sergio Bartelsman, fotógrafo caleño de trayectoria internacional, sostiene que el imperativo de todo fotoperiodista es accionar su cámara y dejar un testimonio sobre el mundo. “Hay imágenes que pueden cambiar el curso de una guerra, como sucedió en Vietnam. La fotografía no es honesta ni deshonesta, es solo fotografía y en términos periodísticos, lo que hay que hacer es retratar el mundo, dejar un testimonio sobre la historia. Como la foto ganadora del World Press, es una foto que nos habla de nuestra historia contemporánea”.

2.
“De todos modos, los momentos de suerte hay que buscarlos. Uno tiene que ser paciente y obstinado, porque no sabe en qué momento se le presenta la situación para una foto”, dice Jorge Orozco, fotoperiodista con más de 15 años de experiencia en cubrir el conflicto armado en el país.

Jorge había estado tratando de fotografiar el daño ambiental sobre el río Zaragoza producido por la minería ilegal a gran escala, durante todo el 2010.

Había realizado varios viajes a esa zona y en uno de ellos, incluso, fue amenazado de muerte por varios mineros. “Cuando uno quiere fotografiar algo debe ser testarudo y tomar ciertos riesgos. El periodismo es un oficio riesgoso”, dice.

En marzo del 2010 Jorge fue invitado por el Ejército para que acompañara a un grupo de militares que iban a realizar la destrucción de un laboratorio de producción de cocaína en el Chocó. Luego de la operación, cuando el helicóptero regresaba, la aeronave debió hacer un rodeo cerca a Buenaventura para evitar atravesar una tormenta.
Allí, Jorge comprendió que era muy probable que sobrevolaran la zona afectada por la minería ilegal en Zaragoza.


Minutos después, al observar por uno de los cristales del helicóptero, pudo ver el río serpentear bajo de él y se lanzó a fotografiarlo a un lado del hombre que llevaba la ametralladora, de modo que el cristal no dificultara su visión.

La foto fue la primera en exponer la dimensión del daño ambiental que durante meses la minería ilegal a gran escala había causado en el río Zaragoza, uno de los principales en el occidente del Valle del Cauca.
“Es lo que digo, como fotoperiodista tienes que estar siempre atento, porque no sabes cuándo es el momento de disparar”.

Zaragoza

La foto muestra el daño que la minería ilegal causó en Zaragoza.

Jorge Orozco / El País

¿Y cuándo dejar de obturar?

La mañana del 13 de agosto de 1999, Bernardo Peña, subeditor de fotografía de El País, se disponía a salir de su apartamento para ir a dictar una clase de fotoperiodismo en la Universidad de la Sabana, a las afueras de Bogotá.

Bernardo, que para entonces trabajaba en la Revista Cambio, antes de las 7:00 a.m. escuchó disparos en la zona donde se encontraba y oyó por la radio la noticia del asesinato del humorista Jaime Garzón, cerca de la emisora Radio Net.

Corrió hasta el lugar de los hechos y tomó las primeras fotografías que existen del cuerpo sin vida del célebre humorista, en el barrio Quinta Paredes. Recuerda que el radio del carro de Garzón estaba prendido y se escuchaba la noticia de su propia muerte. Las imágenes del cuerpo del humorista tendido sobre el timón, sin embargo, permanecen inéditas en su archivo particular, a la espera del momento oportuno para salir a la luz. Nunca han sido publicadas debido a la crudeza de la escena, ocurrida hace casi 20 años.

Bernardo habla de la fotografía de Burhan Ozbilici, en Ankara. “El buen reportero suele tener buena suerte”, afirma, porque además de estar en el momento indicado a la hora indicada, es necesario tener los elementos indicados: que el el lente sea el indicado, que el flash dispare si se requiere flash, que la velocidad y la exposición sean las adecuadas.
Sin embargo, continúa Bernardo, el buen reportero es también el que sabe cuándo dejar de disparar.

“Cada año el World Press Photo da inicio a la misma discusión: ¿Cuándo hacer la foto y cuándo no? ¿Hasta dónde se irrespeta el sufrimiento del otro? ¿Se hacen las fotos para mostrar al mundo la verdad o para llenar páginas y egos de fotógrafos?”, se pregunta, consciente de que las respuestas a sus interrogantes aún no son claras. Consciente, también, de que los fotógrafos en todo el mundo seguirán dejando constancia de su tiempo, de su época.

CONTINÚA LEYENDO
Publicidad
VER COMENTARIOS
Publicidad