Perfil: Pacheco, el hombre que siempre quiso trabajar en un circo

Perfil: Pacheco, el hombre que siempre quiso trabajar en un circo

Febrero 11, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Meryt Montiel Lugo | Editora de Domingo, El País
Perfil: Pacheco, el hombre que siempre quiso trabajar en un circo

En Música Maestro Pacheco era el director de la orquesta. En esa época, Pacheco era asediado en Calamar, Bolívar, pueblo en que grabaron la telenovela cuando salía a la calle, por bandadas de niños y mujeres que querían una foto o un autógrafo.

Pacheco, ese hombre desordenado, inestable y a veces malgeniado sucumbió a las depresiones y lo atacaron de tal forma que en 2003 estuvo en una clínica de reposo.

Pacheco, a pesar de todos los oficios y roles que desempeñó en su vida -fue hasta instalador de radio de buses y boxeador amateur-, tuvo dos frustraciones: no haber sido pianista (“espero que en el otro mundo haya un piano para mí”, dijo) y ser un hombre de circo. De este último anhelo es testigo Claudia Bernal, quien trabajó con él 17 años siendo asistente de dirección o directora de programas como Compre la Orquesta, Cita con Pacheco y Sabariedades. Siempre quiso trabajar en un circo, por eso le gustaba hacer grandes programas con Martín Gasca, el papá de los actuales Hermanos Gasca, revela Claudia. Donde estuviera el circo, allí iba a grabar. En una ocasión, relata, para ‘Charlas con Pacheco’ hizo un programa con un personaje, una especie de ‘Guillermo Tell’ que, al lanzar una flecha, partía en dos una manzana colocada en la cabeza de una modelo. El hombre hizo varios números, cuando de repente sale Pacheco y dice: “Quiero que me dispare a mí la flecha”.Por más que me opuse por lo peligroso, él insistió, agrega Claudia. Se hizo el número y salió malo, el ‘Guillermo Tell’ no atravesó la manzana sino que la hizo caer a un lado. Pacheco ordenó que lo repitiéramos. “Cuando voy camino a la móvil me pongo a pensar: ¡Dios mío, qué tal que este tipo falle! Le insistí a Pacheco que no lo hiciera y él a que sí, que grabáramos. Cuando salió la flecha yo me tapé los ojos. Pacheco se había quedado quietico como una estatua. Al acabar me dijo: ‘Esa flecha me rozó el pelo. Pero si ese tipo hubiera fallado, tú te hubieras vuelto superfamosa: directora de programa manda a matar a su presentador, y se reía a carcajadas”.Claudia Bernal destaca, además, cómo sin haber logrado títulos universitarios, Pacheco se convirtió en uno de los mejores entrevistadores del país. “Sus entrevistados contaban muchas cosas porque se sentían cómodos con él”.No en vano fue premio Simón Bolívar en tres ocasiones por sus conversaciones con Luis Carlos Galán, pocos días antes de su muerte; con el general panameño Ómar Torrijos, y con un paisa que mató a su mula porque no quería obedecerle. Para las entrevistas no se preparaba, todo lo hacía de manera espontánea. Asegura Claudia que lo mínimo que le daba ella para ‘Cita con Pacheco’ era un perfil del personaje que iba a entrevistar, que no sobrepasara una hoja u hoja y media, porque “dos páginas no se las leía”.Entonces, mientras se acomodaba la corbata leía el perfil o pedía que se lo leyeran. A veces, dice Claudia, le advertía que no le tocara cierto tema al entrevistado porque así lo había solicitado el personaje y “era precisamente sobre eso lo primero que le preguntaba. Pero lo hacía de manera tan honesta y tan respetuosa que el invitado le terminaba contestando todo sin problema”.Fresco, inteligente, transparente, nada excéntrico ni arribista, como lo describe Claudia, Pacheco se entretenía viendo televisión, más que todo canales nacionales y latinoamericanos; documentales, películas de acción, noticieros y programas de fútbol español y escuchando mucha radio. Se mantuvo muy bien informado.Fueron su afición también los juegos de azar, especialmente jugar con amigos cercanos La Generala (dados), para algunos, “con demasiada dedicación”.El actor Luis Eduardo Arango de lo que da fe es de lo buen jugador que era con el dominó en los 90, época en que grabaron ‘Música, maestro’, en Calamar, Bolívar. En una amplia casona de ese pueblo, entre los descansos de las grabaciones, cuenta Arango, “surgió un campeonato de dominó por parejas. Pacheco siempre era uno de los campeones. Le sacaba plata a los músicos de la orquesta, porque siempre ganaba y cobraba. Fueron días maravillosos al lado de un ser maravilloso”.Con los años, este hombre desordenado, inestable y a veces malgeniado sucumbió a las depresiones y lo atacaron de tal forma que en 2003 estuvo en una clínica de reposo. Cómo no. Si lo habían golpeado episodios como el secuestro de su amigo, primo y consejero de finanzas, Guillermo, la ‘Chiva’ Cortés y luego las amenazas de secuestro y muerte a él mismo por parte de las Farc en 2000 y su exilio a EE.UU. O hechos como que mientras grababan la telenovela ‘Isabel me la veló’ los actores más jóvenes se portaban con él y el Gordo Benjumea increíblemente distantes. El furibundo hincha del Santa Fe defendía su derecho a sentirse deprimido. Así se lo dijo a la revista Aló: “¿Quién diablos después de 50 años no tiene derecho a sufrir algunas depresiones? Quien no las tuviera sería un monstruo sin recuerdos. Yo tengo mis caídas, pero eso no quiere decir que esté acabado”. Y como el ave Fénix volvió a levantar vuelo.Fue así como después de su retiro voluntario de la TV hace diez años volvió a aparecer por temporadas haciendo pequeñas entrevistas en Día a Día, del Canal Caracol, hasta cuando las afecciones de su ya desgastado cuerpo le pasaron factura.

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