ENTRETENIMIENTO

Perfil de Manuel Teodoro, el combativo periodista detrás de Séptimo Día

Noviembre 17, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Meryt Montiel Lugo | Editora de Domingo de El País
Perfil de Manuel Teodoro, el combativo periodista detrás de Séptimo Día

Manuel Teodoro es descrito por periodistas como un maestro que comparte sus conocimientos sin egoísmo.

El combativo y frentero periodista Manuel Teodoro prepara junto a su equipo la celebración de los diez años de Séptimo Dia. Perfil de un guerrero del periodismo.

El 24 de noviembre el Canal Caracol emitirá un especial para celebrar los diez años de Séptimo Día, exitoso programa dirigido por el periodista estadounidense, de padre filipino y madre cartagenera Manuel Teodoro Bermúdez.En el especial se resaltará lo mejor de las investigaciones, denuncias e historias de las dos etapas del programa (la primera que duró cuatro años, de 1996 al 2000, y la segunda, de 2007 hasta hoy). Se apreciarán entrevistas con los reporteros que han pasado por este espacio; con las presentadoras, entre ellas la primera conductora, María Cecilia Botero. Además, charlas con antiguos presidentes del canal y por supuesto, con el director del programa hablando, entre otras cosas, “sobre cuántas personas han salido de la cárcel gracias a este espacio, los reencuentros de colombianos con sus familias, las crónicas, las grandes investigaciones que contribuyeron a hacer justicia, en fin, todos los momentos que han marcado nuestra historia hasta ahora”.¿Cuál era la idea cuando planeó Séptimo Día?La idea era reproducir un formato muy exitoso en muchos países del mundo que es el news magazín o magazín noticioso que como formato periodístico contiene crónicas, buenas historias, investigaciones, obviamente casi todos los temas son sociales y llegar hasta el fondo de una historia utilizando todos los recursos que existen en la tecnología moderna para hacerlo. ¿Cómo le fue a Séptimo Día al comienzo?Séptimo Día arranca a las 8:00 p.m. enfrentado a Dejémonos de Vainas, una comedia muy exitosa y desde la primera emisión el rating fue mucho más alto, lo cual indica claramente que el público estaba ansioso de este nuevo formato que refleja realidades contando historia, investigando asuntos que en un noticiero muchas veces no se pude contar ni investigar. ¿Entre la primera y segunda temporada, qué cambios quiso imprimirle a Séptimo Día?En esta segunda temporada Colombia es otro país, hay otros temas, otras preocupaciones, había que destapar otras denuncias y en esta etapa somos un equipo mucho más maduro, mucho más inquisitivo, más escéptico, mucho más comprometido con la obligación del periodista de hacer esas preguntas difíciles que nos toca hacer en un país como este y mucho más comprometido con nuestra obligación de exigir una rendición de cuenta de aquellos que toman las decisiones que nos afectan a todos: políticos, médicos, sacerdotes, presidentes de grandes empresas que toman decisiones que afectan el bolsillo, la salud de los colombianos, en fin, de cualquier persona que tiene que responder por decisiones buenas o malas y en el caso de Séptimo Día haciendo denuncias de las malas decisiones y cómo van a hacer para reparar o responder al público, que es, al fin y al cabo, es la razón por la que hacemos el programa.¿De tantos programas, cuáles son los que a usted lo han marcado?Creo que el programa que más recordación tiene todavía es uno del 97, época en que miles de colombianos salían del país para España, EE.UU. y otras naciones por la situación que se vivía aquí. Muchos se fueron para EE.UU. en forma ilegal y nosotros hicimos un especial de cuatro entregas, donde vivimos cada etapa. Un reportero se fue en barco desde San Andrés hasta Nicaragua; yo crucé la frontera de México con EE.UU. a pie, en forma ilegal, con cámaras escondidas; Diego Fajardo llegó hasta Nueva York y trabajó como ilegal, filmando todo, documentando todas las experiencias. Generó mucha opinión, ganó muchos premios. También hicimos trabajos sobre narcotráfico, la situación de las adolescentes embarazadas antes de los 16 años; los reencuentros con sus padres biológicos de personas que fueron adoptadas 20 o 25 años atrás. Cualquier historia en la que alguien logró gracias a Séptimo Día obtener justicia, seguir con su vida y que nos haya dicho gracias es igualmente importante para nosotros. ¿Cuáles han sido las demandas al programa que le han sacado más canas?Las demandas hechas por miembros de la justicia, es decir, jueces o fiscales cuya deficiencia o mediocridad fue cuestionada en el programa. Ellos utilizan la ley para demandar el espacio, incluso tratan de obstaculizar su transmisión y cuando no lo logran toman represalias utilizando los mecanismos de la justicia para exigir tutelas que lo que hacen es irrespetar el derecho del público de saber la verdad y obviamente demandan un canal como Caracol y Caracol si incumple puede perder su licencia. Hay otros casos donde los bandidos, los señalados por atropellos consiguen abogados y tratan de defenderse tratando de demostrar que hubo injuria o calumnia o la violación de algún derecho como el derecho a la intimidad o al libre desarrollo de la personalidad, este último es un cheque en blanco para la impunidad en muchos casos. Pero el departamento legal de Caracol es muy eficiente y hay unos abogados que saben cómo manejarse dentro de esas aguas turbias y defender el programa y lo han hecho con mucha efectividad.A veces les ha tocado rectificar en medio de un proceso de demanda, sin que se hubiera demostrado que ustedes no tenían razón en una denuncia. ¿En la segunda temporada ya saben cómo blindarse de los atropellos que se cometían con ustedes?Hay que ser muy justos, en Séptimo Día no podemos pretender estar en contra de una rectificación o la admisión de un error que un programa ha tenido, y de hecho los ha habido y somos los primeros en aclarar en las emisiones a la misma hora, en la misma franja. Los ha habido. Ha habido testigos que hemos sacado afirmando cierta información y por no verificar esa información, dos, cuatro veces, que es el deber del periodista, hemos cometido errores y los hemos rectificado no solo por la solicitud de un juez sino porque nosotros mismos lo hemos detectado con nuestros propios recursos. Pero también hemos tenido que rectificar cuando no era necesario y era por esa presión indebida e injusta por parte de algunos jueces y fiscales. Me han dicho que no todos los periodistas aguantan el ritmo de Séptimo Día . ¿Usted, como jefe, qué es lo que tanto exige a sus periodistas?(Risas) Mucha rigurosidad, mucha disciplina en la búsqueda de la verdad porque al fin y al cabo es lo más importante. Entonces consultamos diferentes fuentes, exigimos documentos, todas las pruebas. La gran mayoría de las denuncias que recibimos son de fuentes que no tienen prueba, entonces no sirve, no podemos especular, ni podemos creer porque alguien dijo que algo es cierto. Por eso, incluso, a veces utilizamos la cámara escondida para verificar que una denuncia, un señalamiento, está basado en un hecho real y no solamente porque alguien lo está señalando o alguien lo reportó a las autoridades. Pero también es importante que la historia sea contada con un tratamiento interesante, que tenga dimensión, relevancia. Un hecho puede ser muy insólito en Bogotá, pero para los caleños no es interesante o viceversa. Entonces tratamos de buscar dimensión sobre un hecho. Si estamos viendo feminicidios entre mujeres jóvenes en Bogotá, hay que hacer un esfuerzo para tratar de establecer que también se estarían presentando en el Valle, en Antioquia, para que la audiencia nacional de Caracol se sienta identificada con el hecho.Después de 10 años, ¿el programa tendrá un nuevo estilo, grandes o seguirá como viene?No creo que vaya a haber grandes cambios. Este es un formato que ha funcionado muy bien, que a la gente le gusta mucho y cuando uno tiene esa respuesta tan favorable y esos brazos abiertos es mejor no cambiar el producto en su esencia. Lo que sí vamos a tratar de hacer es denunciar casos más graves, no solamente el contaminador de la esquina, sino el gran contaminador o atropellador que sería responsable de estragos mucho más grandes que el sencillo. Usted debe estar acostumbrado a las críticas que se le han hecho al programa a través de los años: que tiene sensacionalismo, que hay ligereza en algunas historias. ¿Usted hace actos de contricción y reconoce, ‘sí, en esta historia tuve cierta ligereza’, ‘hubo un poco de sensacionalismo’?Sí, sí, claro que sí, creo que es muy saludable hacer autorreflexiones y ver qué se puede hacer para mejorarnos cada vez más. Pero por encima de todo yo trato de mantener conciencia entre todo el equipo que uno nunca debería aprovecharse de la emoción del ser humano solo con el propósito de mejorar un rating, eso sí me parece absolutamente sensacionalista, que se saca una lágrima, un sentimiento solamente por sacarlo, porque sabe que va a impactar y eso va a generar un rating. Nosotros somos conscientes de que la clave de una buena historia es la emoción, donde hay debate, donde hay conflicto, donde hay controversia se genera mucha emoción, yo creo que mucha gente confunde esa emoción con sensacionalismo, pero creo que ninguna historia puede carecer de emoción por la misma razón que una buena película jamás será exitosa si no existe emoción. Las emociones se ilustran y se exponen por una razón muy clara: para generar una reacción en el público. Si una señora ilustra una tristeza clara por los continuos atropellos en su región o en su barrio, esa emoción tiene que ser ilustrada porque es la realidad, nosotros no podemos maquillar, pero tampoco podemos disminuir, y si no hacemos nada para generar ninguna reacción en las autoridades o en la sociedad, ¿entonces para qué servimos como periodistas? Así que yo defiendo a capa y espada cada emoción manifestada en el programa. Un elemento necesario para buscar una reacción de una sociedad que tiene que reaccionar porque si no reaccionamos en Colombia contra los continuos atropellos contra los colombianos en diferentes frentes nos mantendremos siempre en esa indiferencia que no nos permite salir de los problemas que actualmente vivimos. - ¿Aún aplica este principio: “No me meto con paras, ni con traquetos ni con guerrilleros, yo tengo esposa e hijos”?Sí. En Colombia el periodista tiene que tomar riesgos, obviamente, porque si no toma ciertos riesgos no habría denuncia. Pero tienen que ser riesgos pensando en el costo y el beneficio de cada historia, el costo no tiene que ser demasiado alto porque, como dice el viejo refrán, ‘ninguna historia es tan buena que vale la pena morir por ella’, entonces, en esa medida, uno espera primero que las autoridades competentes despejen el camino para poder contar la historia.Una segunda oportunidad¿Su infancia y adolescencia dónde las pasó?Yo nací en Nueva Orleans en 1960 y casi un año después nos trasladamos con mi mamá colombiana y mi papá filipino para Filipinas que fue donde yo viví hasta los 16 años. Después me vine para Colombia donde viví dos años, hasta los 18, y entre los 18 y 32 años permanecí en diferentes ciudades viviendo y trabajando.¿Hermanos?Tengo tres hermanos. Melisa la que me sigue, que vive en Estados Unidos; Rafael, que también vive en Estados Unidos, que le sigue a Melisa y la menor se llama Laura, que vive en Colombia.¿Qué es lo mejor que ha extraído de la cultura de sus padres?El respeto para los viejos, es una idiosincrasia muy bonita de Filipinas; respeto por la familia y una fidelidad incondicional con la familia que es de la cultura de Colombia. De ambos lados, tratar de ser buen ejemplo para los hijos, no ejercer la paternidad regañando sino con buenos ejemplos, respeto por la pareja, por su opinión, por su sentido de individualidad. Creo que algo que aprendí mucho de Filipinas es el respeto por la obligación. El filipino siempre está pendiente de su obligación con los demás y no solamente de sus derechos, sino de sus deberes también. Creo que la ética laboral es algo que saqué por los dos lados de mis antepasados, que las cosas en la vida se logran trabajando, la vagancia no conduce absolutamente a nada. Y Dios y la salud me están diciendo que debo descansar también: ‘oiga, trate de vivir la vida de una manera mucho más balanceada que así va a vivir la vida un poco más’. ¿Mucho choque laboral al venirse a trabajar a Colombia?Sí, siempre al principio hay choque, comenzando con que encuentro que mi español es deficiente (risas) para trabajar con una audiencia muy exigente en todos los sentidos. Lo primero que tuve que hacer fue tomar unos cursos en español, leer bastante, porque recordemos que mi educación en primaria, bachillerato y universidad fue totalmente en inglés, eso fue más que un choque, un gran desafío. Y bueno, evidentemente lo que aprendí en EE.UU. me sirve para Colombia, pero también aprendo muchas cosas en mi nuevo ambiente: hay que conocer un país, su estructura, su funcionamiento, las idiosincrasias de Colombia que tienen sus diferencias con EE.UU., pero no fue difícil para mí porque soy mitad colombiano y obviamente, eso me benefició mucho.Me dicen que es ‘pinchao’, vanidoso, metrosexual, iconoclasta de la moda, que no se pone ropa de cualquier diseñador...(Risas). Antes era más vanidoso, ahora no tanto. Lo que sí me gusta es experimentar, por ejemplo, ese tema de combinaciones de colores yo lo hacía ya hace muchos años, me gustaba porque me hacía sentir diferente, es muy rico sentirse diferente y una forma de hacerlo, por lo menos en el exterior, es vistiéndote, y bueno, ¿por qué no lucir un pantalón de un color diferente? Hoy veo que muchas personas también lo hacen. El tema de las marcas no es totalmente cierto. Yo me pongo cosas no necesariamente porque son de marca sino porque me gustan como se ven. Últimamente se me ha dado por ponerme corbatines, me los han criticado, pero lo importante es que me gustan, me hacen sentir bien y la verdad no me parece que se vean feos.¿Qué defectos se reconoce?Uno, pensar demasiado lo que sabemos: ‘m’ (risas), estoy en un proceso en este momento de no preocuparme tanto por tantas cosas que en la mayoría de los casos no merecen preocupación; suelo ser muy autocrítico hasta el punto de sentirme mal; no hago el esfuerzo que debo de ser más sociable; soy impaciente, aunque estoy aprendiendo a ser más paciente.Pero también me dijo alguien que no escuchaba, que era muy llevado de su parecer, de su solo punto de vista...Sí, sí, así era. Pero estoy seguro de que esa misma persona tiene que haberle dicho que ahora estoy escuchando más. He aprendido y estoy aprendiendo a escuchar y me ha parecido maravilloso.Cuénteme sobre el infarto que sufrió. ¿Está siguiendo las recomendaciones médicas?Me infarté el pasado 2 de septiembre, fue un infarto bastante peligroso porque me infarté en una parte de mi corazón, pero encontraron que en la otra parte tenía una arteria muy tapada, me insertaron un stem y en este momento ya me toca ser muy obediente con las prescripciones médicas: una dieta y una vida más balanceada en todo sentido, me estoy tomando todas las medicinas, asisto a clases de yoga, estoy tratando de encontrar todos mis disparadores de estrés y bajarlos, estoy siendo obediente. Dios me ha dado una segunda oportunidad y tengo que aprovecharla.Ya dejó de tomar de tomar tanto café?¿Sí, sí, bajé de nueve cafés al día a dos o tres (risas).¿Cómo fue la experiencia del túnel?Pues yo la verdad es que no vi el tal túnel. Lo que sí experimenté fue como una euforia bastante gratificante y muy extraña, cuando, yo creo, estaba al borde de la muerte, porque sentí como una entrega, como que estaba en manos de Dios, supongo, y vi todo blanquito y el conductor que me estaba llevando me dijo tranquilo, tranquilo que nos vamos para San Andrés, yo siempre he tocado el cielo con el mar, entonces yo creo que eso fue lo que sentí, pero yo no vi ese llamado túnel, esa fue mi versión del túnel.¿Aún llega en monopatines los fines de semana por el Canal?Sí, todavía tengo mi monopatín y todavía tengo mi bicicleta. Yo con tal de no manejar en Bogotá... Que imita bien a negros, costeños, chinos. ¿Esa vena histriónica de quién la heredó?(Risas) Ehhh, debe ser parte del actor frustrado, yo estudié teatro durante varios años y una de las razones por la que lo hice es porque me gustaba imitar y bueno, pero digamos que no lo hago tan bien.Vea la segunda parte de este especial sobre Manuel Teodoro.

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