Película caleña 'Siembra', un poema visual que recoge sus frutos
ENTRETENIMIENTO

Película caleña 'Siembra', un poema visual que recoge sus frutos

Abril 06, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Isabel Peláez, reportera de El País

Premiada en Suiza, España, Francia y Colombia, esta película cuenta la historia de un pescador del Pacífico, desplazado por el conflicto, que añora regresar a su tierra.

Diego Balanta, de 57 años, interpreta al ‘Turco’ en la película ‘Siembra’ que se estrenará en Colombia el 14 de abril. Allí hace un  papel que eriza más que la piel, el alma, con sus miradas, sus silencios, su respiración y su canto de dolor y desahogo. 

Sin ser actor, sino músico de Timbiquí, Cauca ( ha participado 17 veces en el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez en el que ha ganado en cinco oportunidades, premios como el de  Mejor Agrupación de Marimba  y  Voz Masculina),  interpreta  al  ‘Turco’,  un pescador de la Costa Pacífica colombiana que añora regresar a su tierra, la cual dejó  hace tres años, debido al  conflicto armado. ‘Turco’ vive en la ciudad atrapado por el sentimiento de desarraigo, mientras su hijo Yosner busca allí  un futuro  en  la música.

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Sin embargo, la ilusión del padre por regresar se rompe con la muerte de su hijo. Y se ve confrontado por el dolor y la impotencia ante el cuerpo inerte de Yosner, que se convierte en un obstáculo más para volver a su tierra. Mientras celebran los rituales  de velación, ‘Turco’  deambula por la ciudad para hacer su duelo, pero  debe hallar dónde enterrar a su hijo. 

La premier de ‘Siembra’, solo para suscriptores de El País,   será el sábado 9 de abril en  Cinépolis  Limonar,  a las 10:00 a.m. Los suscriptores se deben registrar por la página de Club Selecta el viernes 8 de abril  a partir de las 9:00 a.m. y hasta agotar las boletas.

Es en  ese punto donde las vidas de  Diego y del personaje que interpreta se encuentran.  “A mi hijo lo desaparecieron un 11 de abril hace seis años”, cuenta.  “A este que me pusieron en la película como  mi hijo, hice como que lo enterré”, se refiere a  José Luis Preciado, un bailarín que encarna a Yosner. “Eso me dio nostalgia, porque a mi hijo, de 19 años, que  tocaba desde los 10 años    instrumentos de percusión, marimba,  guitarra, y   fue desaparecido forzoso, yo no lo enterré”, continúa.

Es así como al entonar alabaos y arrullos del Pacífico ante el actor que fingía estar muerto, Diego despedía a su propio  hijo: “Me tocó que llorar, porque hacía de cuenta que lo estaba  viviendo”. Cuando dijo el parlamento frente a los verdugos de su hijo en la película, se refería al suyo: “Ese muchacho no le hacía daño a nadie, él solo tenía que ver con su  música”. 

Balanta, quien  cuenta ya con su propio grupo, Sonar de Marimba, con el que  participará en agosto en  el Petronio Álvarez, dice que pudo habérsele negado a los directores Ángela Osorio Rojas y Santiago Lozano Álvarez, cuando lo llamaron. 

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“Yo soy músico, si me hablan para tocar música ahí estoy, no me dan nervios, pero tanto como ser actor...  podía  echar pie pa’ trá’, pero lo hice con amor y con orgullo por esas dos personas que tuvieron a bien escogerme. Y  para mí fue bueno, mañana pueda que vengan ellos  u otro, y me digan ‘Don Diego,   necesito que  filmemos una película’ y ya tengo experiencia”.

Los directores lo conocieron por un documental que hicieron sobre grupos   del Pacífico, ‘Viaje de Tambores’. Balanta, quien participó allí,  ganó en 2008 el Petronio con su primer grupo  La Experiencia, al que pertenecían, dice él, “casi todos los sabedores de la música tradicional. Luego  trabajé con  Santa Bárbara,  de Inés Granja, cantautora, y ahora tengo mi grupo que ha participado  dos veces en Petronio, pero la última vez que los mandé no vine  porque me fui al rodaje, creo en Dios que ahora, que estamos ensayando, pase algo.   Es  mi orgullo, tengo 30 muchachos enseñándoles  música del Pacífico, para que no se muera la tradición hay que dejar un semillero”, dice este papá de un varón y cuatro mujeres quien sueña que su  hijo que está en Bogotá, en el ejército, lo vea actuar.

Una poesía urbana

Según Carmen Gómez, directora de arte de ‘Siembra’ “la idea de la película partió de  una tesis de pregrado de la Escuela de Comunicación de la Universidad del Valle, y  un trabajo comunitario con el barrio Mojica, en el Distrito de Aguablanca en Cali. Ellos hicieron parte del proceso de construcción de  la invasión a las afueras de la ciudad por Jamundí”.

“’Siembra’ toca el  problema del  desplazamiento interno  en Colombia  donde  la gente se enfrenta a tener que adaptarse a un sitio   que no  le pertenece”. Que haya recibido  premios en  Suiza, España, Francia y Colombia se debe a que  “todo el mundo se siente identificado, esto se vive en Europa,  en Asia, en otros lugares de Suramérica y  en Estados Unidos”.

Y la decisión de rodarla en blanco y negro obedece a que “sentíamos que la poética de la película  tenía una conexión más fuerte con el blanco y negro que con una cosa saturada de color,  que podría ser distractor”. 

Para Ángela Osorio, codirectora junto a Santiago Lozano, “‘Siembra’ inició desde la universidad. Estábamos con Juan David Velásquez, el director de fotografía; Santiago Lozano, codirector; Carlos Manuel Hoyos y yo, y empezamos a reflexionar sobre  las migraciones y la manera en la que  a partir del conflicto armado se transformaba el mapa del país, no solo en términos de tenencia de la tierra, sino el mapa cultural”.

“En el caso de los desplazados, esa  migración es una herida abierta, se quedan flotando sin el lugar de partida  y sin comprender  bien el lugar de llegada. La historia terminó condensándose en el   ‘Turco’, que a través de un ritual logra superar  el duelo y   comprende que ese lugar donde estaba de paso es su lugar de llegada”, continúa la codirectora.

Buscaron personas de su confianza, actores músicos y bailarines, para que encarnaran bien el aspecto  ritual. “Diego fue un  referente al escribir el guion, no porque compartiera  la historia de ‘Turco’ sino por su carácter, su fuerza y a la vez su silencio tan expresivo. Él comparte el sentimiento de pérdida y  necesidad del duelo. Para él fue relevante hacer un canto y  una  despedida que no pudo hacerle a su hijo en Timbiquí”, agrega Osorio. 

José Luis Preciado  encarna a Yosner,  con el que tiene en común  su pasión por la música,  y  por el krump (baile callejero) con el que se luce en ‘Siembra’. Él mismo a través de la danza   superó la muerte de un amigo.

Otro de los actores, John Javier Ramos o ‘Jota’ Ramos,  rapero de Villarica, Cauca,    siempre  ha estado involucrado “en procesos sociales de comunidades negras, como  las migraciones”. En  la película él produjo el rap que baila Yosner y  es el enamorado de la vecina, interpretada por la actriz  Carol Hurtado,  su esposa en la vida real y con quien tienen el grupo Haga que Pase.  “La realidad de  él no es ajena a mí”, dice  ‘Jota’, a quien  los paramilitares le cortaron los dedos con un machete:   “Esta  historia no se cuenta desde el morbo,  muestra como los desplazados  se mueven de su tierra trayendo su cultura”. 

Carol que  es Lizeth (la vecina) lleva 20 años actuando. “Conocí el personaje en el que se basaron y rescaté  su alegría y la lucha por la dignidad, cómo uno puede agarrarse de estas para  tener una vida digna,  donde la  batalla no acaba en  un contexto donde siempre te dicen ‘no’”.  Cuenta que  en el rodaje en el Distrito vio a  niños que jugaban a lanzarse una muñeca y a atraparla con un cuchillo. “Si  lo metieran en una película dirían que tan exagerado, pero la realidad siempre supera la ficción”.

El apoyo

El capital base de ‘Siembra’ partió del  Fondo de Desarrollo Cinematográfico, en la pre producción se vinculó como productora la Universidad Autónoma de Occidente, y para la pos producción aplicaron al World Cinema Fund, fondo del Festival de Cine de Berlín y ganaron ese  estímulo que les permitió finalizarla.

De la película salieron tres tesis de grado de estudiantes que participaron en el montaje, fotografía, asistencia de iluminación y que desarrollaron a partir de allí una reflexión.  La comunidad estudiantil podrá ingresar a salas pagando un precio especial, $4500.

Los escenarios

‘Turco’ deambula por una Cali que no es la más turística, pero sí la más sustanciosa, desde un bar en el barrio Obrero, las iglesias del centro, el sector de la Luna. Una ciudad donde la cultura urbana la gestan los jóvenes en los parques a las 12 de la noche, donde los diablitos y las calaveras salen en diciembre a jugar con la gente. Una Cali urbana y rural a la vez, la de las periferias donde empieza a expandirse y llegan las personas de fuera y buscan integrarse con la ciudad.
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