ENTRETENIMIENTO

Opinión: 'La Sofía que conocí', columna de Paola Gómez

Octubre 17, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Paola Gómez | Jefe de Información de El País

"Sé de muchos que han dicho “no más historias de narcos, estamos hastiados”. Yo prefiero quedarme con lo mejor de ella: una película que confronta lo más duro de nuestra Cali".

Era bella, despiadadamente bella. Alguna vez fue modelo y en ese ambiente se enredó con hombres que físicamente eran la antítesis del príncipe azul, pero con los bolsillos llenos de oro. Era absurdo entender cómo ella, con esa piel que parecía besada por el sol y esas piernas eternas, que al caminar seducían con su cadencia caleña, se rindiera a los pies de quienes solo veían en ella un trofeo más que exhibir y al cual turnar con otra docena de su colección.Nunca supe si era feliz. Pero en cambio sí supe cuan infelices fueron todos a su alrededor cuando llegó la horrible noche y la carroza de cenicienta volvió a su estado natural: calabaza. No pregunté demasiado, era mejor así. Y creo que en realidad fue lo que muchos hicimos en Cali, en esos finales de los 80 e inicios de los 90, con tanta opulencia y tanto miedo a la vez; todo aquello que nos muestra la película Amores Peligrosos, de Antonio Dorado.A ella, mi Sofía, debieron dedicarle también el bolero Mujer Divina, de Joe Cuba, que con tanta pasión le susurra al oído Fernando a Sofía, en la película. A ella también le dieron regalos que sorprendieron a su antiguo novio, intelectual y bohemio, como la moto que Tony le da a Sofía y en la que se paseaba en diminutas blusas, mientras su cabello se agitaba con el viento. También habrá perdido los escrúpulos, como cuando le sugieren no sentir remordimientos, al irse a la cama con el hombre de su amiga. Y es probable que al final haya sobrevivido a ese espejismo que fue su vida, después de limpiar sangre o ver cuerpos caer a su lado.Cuántas mujeres vimos entonces, como las de Amores Peligrosos, cuya historia es inspirada en el libro ‘Quítate de la vía perico’, de Umberto Valverde. Y esa evocación, quizás sea lo más valorable de la película, a pesar de la débil actuación de Juanita Arias, la Sofía de Dorado. Eso y el recrear esa página caleña, con una bella fotografía y una banda sonora tan nuestra. Valioso también el recurso narrativo de las ratas, como símbolo de lo que estaba pasando en la ciudad. Y bien lograda la escena inspirada en El Padrino, en la que Fernando y Carolina (Marlon Moreno y Kathy Sáenz) observan desde el palco del teatro a Incolballet danzando al son de Camino al Barrio, mientras en otro lado de Cali hay traición, sangre y muerte. No le va igual al sonido, pues hay momentos en que las frases son inaudibles y otros en que se va el hilo de la historia.Sé de muchos que han dicho “no más historias de narcos, estamos hastiados”. Yo prefiero quedarme con lo mejor de ella: una película que confronta lo más duro de nuestra Cali, al evocar esos años en que surgió la cultura narco y de los que mucho nos queda. Y sobre todo, el recuerdo de esas mujeres frágiles que sucumbieron a la tentación del dinero y nunca más volvieron a ser iguales. Esas Sofías, como mi amiga, que sobrevivieron a la oscuridad.

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