Vanessa Rosales hablará en Cali sobre feminismo y moda

Vanessa Rosales hablará en Cali sobre feminismo y moda

Octubre 17, 2017 - 06:09 p.m. Por:
Paola Guevara, editora de Cultura

Vanessa Rosales, autora del libro ‘Mujeres vestidas’, estará este sábado 21 de octubre en Cali, para dar el conversatorio y tertulia ‘Ser mujer en la era digital: feminidad, feminismo y moda’, de 9:00 a.m. a 4:00 p.m. en Ocre & Arco, del barrio Granada. Con ella hablamos sobre su libro ‘Mujeres vestidas’ y sobre la mirada cultivada y profunda que quiere dar a la moda.


Si usted es amante de la moda pero a veces no encuentra las palabras exactas para explicarles a los demás que la moda no es frívola, ni liviana, sino una celebración de la vida que, además, está atravesada por la historia, la antropología y la historia de las ideas de género, puede leer ‘Mujeres Vestidas’, donde Vanessa Rosales Altamar descifra cómo las tendencias de la moda determinan lo que las mujeres piensan de sí mismas y lo que se espera de ellas.

Vanessa Rosales, escritora

Vanessa Rosales Altamar.

Foto: Especial para El País

Este libro resume esa idea por medio de la mirada audaz de su autora, que con una voz, a la vez crítica y fresca, aborda asuntos tan diversos como la moda ecléctica de nuestros tiempos, las mujeres que pasaron de seguir tendencias a interpretarlas, las prendas claves como la minifalda, la chaqueta de cuero o el denim, Instagram como forma de identificación y confirmación de ideales, la relación entre moda y cine, y el feminismo visto a través del lente de la moda.

Todos estos temas, acompañados de imágenes icónicas y relevantes, hacen que este libro sea una herramienta fundamental para comprender desde el pasado las estéticas que se imponen en nuestros días, las tendencias que se reflejan en nuestro vestir y que décadas atrás representaron drásticos cambios culturales y sociales, y, en definitiva, la manera en la que las mujeres se conciben en el mundo, con el fin de que sean ellas mismas las que tengan en sus manos el poder de decisión a la hora de hacer las elecciones diarias de su vestuario.

Vanessa Rosales es escritora especializada en Historia y Teoría del Estilo y la Moda. Historiadora (Universidad de los Andes) e hizo un magíster en Periodismo en el diario argentino La Nación. Máster en Fashion Studies de Parsons The New School for Design. Ha escrito para The Business of Fashion, Vogue Latinoamérica, The Daily Beast, Summus, Arcadia, Fucsia, Exclama, Diners, El Universal, Semana y El Heraldo. Ha sido consultora editorial para varias marcas como Azulu, NAF NAF, Tania, Leonisa, Ragged, Seven Seven, Jolie de Vogue y Singer, entre otras. Habló así con El País.

¿Por qué consideró necesario escribir un libro como ‘Mujeres vestidas’?

En primer lugar, para romper con la literatura habitual enfocada en estilismo y crear nuevas formas de escribir y pensar la moda. El libro oscila entre el pasado, el presente y el futuro de la moda y lo consideré necesario porque a nivel local y global la moda es el fenómeno más ubicuo, lo que le ha hecho a la vez un tema muy manoseado y asequible. Esta obra es un llamado a reflexionar la moda desde una perspectiva más intelectual y académica. Quiero poder hacer de la moda un tema de la cultura y no del entretenimiento.

¿Cuáles fueron sus primeros acercamientos al universo de la moda?

Desde niña quería ser escultora, tenía esa inclinación en mí. Primero estudié filosofía dos años, luego me gradué como historiadora y cuando era más joven escribí poesía, pero la academia en ese momento era muy machista y retrógrada, no cabía la posibilidad de pensar la música, la cultura juvenil urbana, ni la vestimenta. Yo quería darle profundidad a la moda pero no me tomaban en serio en la academia, pero fui terca porque quería crear un género híbrido entre filosofía, historia, estilo y estética. Ocurrió que para la academia resultaba muy frívolo hablar de moda, y para el universo de la moda resultaba demasiado pesado y denso querer teorizar.

¿Cuáles fueron sus primeras influencias en estilo?

Pienso que mis primeras memorias están asociadas a Carlos Gardel, porque mi abuelo era argentino y él me contagió de su gusto por el cine, el jazz, el tango, eso me marcó desde muy niña. Mi madre fue muy inclinada hacia la moda, más que yo, y me permitió explorar. De mi abuela tengo el amor por lo español, por los abanicos, un objeto muy mío. Cuando tenía 9 años me encantaban los años 50 y 70 y para ello influyeron las historias de mi madre sobre Nueva York, porque a ella la llevaban de 15 años a visitar a sus primas neoyorquinas y me contaba de la estética punk, de las discotecas del momento, del rock & roll.

En su libro advierte que la Revolución Francesa uniformó a los hombres con traje, por la inspiración de ideales como la igualdad, la fraternidad, la solidaridad. ¿Por qué no ocurrió lo mismo con las mujeres?

Antes de la Revolución Francesa hombres y mujeres compartían el ocio aristocrático, y cuando los hombres ingresan a la política la mujer permanece como consumidora ociosa. La prensa del siglo XVIII lanza teorías sobre la mujer como un ser con inclinación natural a la vanidad y concibe al hombre como un ser más visual al que la mujer debe complacer. La mujer ocupa la posición social de la consumidora, tiene corsé, no puede salir sola a la calle, y la ayudan a vestirse. El hombre, en cambio, tiene ropa funcional, cómoda, ellos entraron a la modernidad 200 años antes que la mujer.

Madonna se quejaba de cómo un sector de feministas la criticaban por “retrasar” las reivindicaciones femeninas al “sexualizar” su forma de vestir. ¿Qué opinión le merecen este debate?

Es comprensible que algunas feministas se opusieran al vestido ornamental por- que, en algún momento de la historia, esta forma de vestir le impedía a la mujer salir al mundo. Muchas feministas lucharon contra el corsé y a favor del voto, y defendieron que el vestuario debería ser funcional. No obstante, el vestido no solo cumple una función práctica, también puede ser simbólico y creativo. Muchas feministas en su afán de ser activas e independientes demonizan la moda por- que sí puede traer esclavitud y frivolidad. Pero hoy también entendemos que el vicio del feminismo es pretender ser policivo de la mujer como objeto del deseo. Es un asunto muy complejo, pues hay mujeres que recogen los frutos muy recientes del feminismo y que quieren libertad para vestir como deseen, así que hoy subsisten más preguntas que respuestas en torno a estos temas. Entiendo, también, lo que dice Madonna, ella sí fue liberadora, pero no al estilo de las más ortodoxas.

Emma Watson también fue criticada por posar muy ligera de ropas en la promoción de su más reciente película ‘La Bella y la Bestia’. Dijeron que es una falsa feminista por su forma de vestir...

Con el caso de Emma Watson pensé: el feminismo como pensamiento tiene ciertos vicios, porque juzga lo que hace la otra, hallamos agenda donde no la hay, ella sí es feminista y si es heterosexual puede querer ser objeto del deseo para los hombres, pero trazar esa línea es muy complicado. El feminismo no se debe equiparar con moralismo.

¿Qué les debemos a las blogueras de hoy?

Cuando surgieron hace unos 10 años fueron revolucionarias pues, por primera vez, representaban visualmente lo fe- menino sin sujeción a la mirada masculina. Al tomar el control de cómo se mostraban ejercían una influencia revolucionaria. No obstante, se fueron convirtiendo en un producto consumista más, lo que empezó como revolucionario (mezclar un Channel con la joya de la abuela) se volvió un negocio publicitario. Chiara Ferragni es un ejemplo. Es bonito ver campañas publicitarias con mujeres de cuerpos más gruesos, hay modelos de tallas grandes, pero hay una diferencia entre querer defender la multiplicidad de la estética femenina e irse al extremo de justificar estilos de vida poco sanos, como la obesidad. Pero esto se tornó en un negocio millonario. Las blogueras son un ideal femenino ambiguo, se representan con autonomía pero venden ideales peligrosos, como que la fuente de la identidad sea posar. Pero en sus inicios a ellas les debemos la auto representación visual y lo ‘fashionable’ de mezclar lo de $1000 con lo de $10, pero se han convertido en una forma de hacer publicidad y me angustia el mensaje que envían a las mujeres más jóvenes, que uno a los 24 años debe tener 20.000 dólares puestos para ser feliz.

¿De alguna manera la búsqueda de la diferencia ha terminado en homogeneidad?

Hay variedad, pero el mundo digital está lleno de fotos de desayunos, la foto de los zapatos, la foto del cinturón Gucci, así que se homogeneiza la estética. ¿Qué papel cumple la selfie en ese contexto? En el afán por ser deseables, las mujeres repiten los patrones visuales y los lemas y la forma de representarse. No importa si eres la minimalista sueca o la fashionista de Chicago. Veamos el caso de Chiara Ferragni, es una italiana de 1,80, rubia, delgadísima, ojiazul, rica, nacida en Milán, y tenía un novio que se inventó el modelo de negocio del que hoy vive. Y vive de posar y de cambiarse de ropa. ¿Es ese un ideal femenino?

En su libro aborda la diferencia entre vestirse para atraer a los hombres y cómo pasamos a vestirnos para repelerlos. ¿Cómo es eso?

Para mí es revelador lo que hizo Leandra Medine cuando escribió una columna donde indicaba que la moda femenina de hoy no se hizo para buscar satisfacer la mirada masculina. A medida que las mujeres son más audaces e imaginativas con la moda los hombres heterosexuales promedio no entienden. Ella usa el término “man getter”, moda pensada en atraer la mirada masculina, en contraposición al “man repeller”, cuando las mujeres más fashionables terminan por atraer más la mirada de admiración de otras mujeres que la de los hombres.

¿Cómo pasar de ser seguidoras a intérpretes de la moda?

La moda fue un credo al que se adhirieron las mujeres. La alta costura ve nía de París, eran pocas las representaciones pictóricas sobre la mujer, estaban el cine y las revistas. Pero al multiplicarse los espacios de representación de lo femenino gracias a las redes sociales y los celulares con cámara, la moda se convirtió en un mar de posibilidades. Antes se hablaba de lo ‘In’ y lo ‘O ut’, todo entraba y salía, pero hoy las tendencias permanecen por mucho más tiempo y lo que entra no sale, como ocurre con los tenis blancos, que llevan varios años presentes. Ya no se trata de correr tras lo nuevo, se trata más de interpretar.

¿Por qué se pasó de la moda para mujeres con curvas y voluptuosas a la de tallajes ultradelgados?

En la alta costura, Balenciaga creaba sus prendas para el cuerpo de la mujer que pudiera pagar sus diseños, la moda se adaptaba al cuerpo de la compradora. Pero el ‘ready to wear’ hizo que se estandarizaran las prendas y ahora es la mujer la que debe adaptar su cuerpo al tallaje que ofrece el mercado.

¿Por qué dedicó un capítulo aparte a la chaqueta de cuero?

Es una de mis piezas favoritas, junto con los abanicos. Está cargada de historia y de significado, por ejemplo fue la pieza que reclamó la comunidad gay cuando tuvieron la oportunidad de ser más explícitos. Ellos se apropiaron del bigote, la barba y la chaqueta de cuerpo para resignificar la masculinidad. Usaron tres referentes de la masculinidad para afirmarse homosexuales. La chaqueta de cuero tiene que ver con el rock, con la rebeldía de los motociclistas, es un gran ícono de la moda.

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