Mafalda: la Quinoterapia
ENTRETENIMIENTO

Mafalda: la Quinoterapia

Marzo 18, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Isabel Peláez y Patricia Lee
Mafalda: la Quinoterapia

Raquel, la mamá. Un ama de casa resignada, que desistió de ser pianista y no terminó sus estudios por casarse, cosa que Mafalda no se cansa de reprocharle. Tomás, el papá. Es un agente de seguros. Su afición son las plantas. Acude a una dosis diaria de Nervocalm para soportar las preguntas de su hija, para las que no tiene respuestas.

La ‘nena’ de Quino también lo es del Nobel Gabriel García Márquez, a quien lo seduce la lengua mordaz de esta piba: “después de leer a Mafalda me di cuenta de que lo que te aproxima más a la felicidad es la ‘Quinoterapia’”.

La ‘nena’ de Quino también lo es del Nobel Gabriel García Márquez, a quien lo seduce la lengua mordaz de esta piba: “después de leer a Mafalda me di cuenta de que lo que te aproxima más a la felicidad es la ‘Quinoterapia’”. Otro admirador en Colombia es el periodista Daniel Samper Pizano, quien asegura: “Quino no es hombre de pocas palabras. Es hombre de casi ninguna palabra”. Y hasta el más crítico de los medios de comunicación, Umberto Eco, cayó seducido ante la que él llama: “una heroína iracunda que rechaza al mundo tal cual es, reivindicando su derecho a seguir siendo una niña que no quiere hacerse cargo del universo adulterado por los padres”.La niña es tan popular en Argentina como el Boca: “¡Bárbara!”, “¡Un fenómeno!”, que dando sus primeros pasos vendió en su país 20 millones de ejemplares. Carismática, irónica, sarcástica, en las décadas del 60 y 70, cuestionó la política-económica de su país y la violación de los derechos humanos. Así atrapó ‘mafaldomaníacos’ en Italia, en España, en México, en Grecia, Portugal y la ‘Conchinchina’.Para la edición francesa, Quino, que concibió su creación en blanco y negro, la sacó en colores, porque el editor creía que si no era así, no se vendía. “Lo acepté porque Francia bien vale una misa, pero para mí, Mafalda es en blanco y negro, salvo que el color añada algo”. Y en Cuba Quino cada vez tiene menos amigos, por culpa de impertinencias de la ‘Mafa’, como la frase: “¿por qué ese cretino de Fidel Castro no dirá que la sopa es buena para que así la prohiban en la Argentina?”.Ante los reproches del autor por sus travesuras, la propia Mafalda se encoge de hombros, porque como el escritor Julio Cortázar pensaba: “No tiene importancia lo que yo pienso de Mafalda. Lo importante es lo que Mafalda piensa de mí”. “Yo nunca dije que dibujaba páginas de buen humor, sino simplemente de humor”, dice por su parte Joaquín Salvador Lavado, a quien llamaron Quino para distinguirlo de su tío Joaquín, dibujante publicitario. Hijo de inmigrantes españoles, le sucede lo mismo que a Mafalda. Mientras en los registros oficiales consta que nació en Mendoza, el 17 de agosto, él afirma que fue el 17 de julio de 1932. Quino cuenta en su página web que cuando entró al colegio era igual a Felipe, el mejor amigo de Mafalda: “Me angustiaba tanto que en los primeros tres meses tenía malas notas, pero después terminaba el año con notas altas, aunque nunca era el primer alumno y eso me daba bronca”. Su madre murió cuando él tenía 13 años, y su padre a los 16.Al terminar la primaria, entró a la Escuela de Bellas Artes, pero la abandonó, “cansado de dibujar ánforas y yesos”, para hacer historietas. A los 18 años vendió la primera. Era una publicidad para un almacén de sedas. Prestó el servicio militar y se instaló en Buenos Aires, donde empezó el peregrinar de redacción en redacción, viviendo en condiciones precarias, hasta que le publicaron su primera página. Escritor, artista, filósofo agudo, pesimista, tierno, Quino retrató a la Argentina de clase media de los años sesenta, esa década de la rebelión juvenil, del mayo francés y el “Prohibido Prohibir”, de Los Beatles, Yaser Arafat, Martin Luther King, John F. Kennedy, Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, de la llegada del hombre a la luna. Ha recibido premios en Italia, Francia, Argentina, Cuba y otros países. Tras abandonar la tira de Mafalda el 25 de junio de 1973, se trasladó a Milán, donde siguió haciendo páginas de humor. En 1992 regresó a Buenos Aires, donde reside. Aunque sus seguidores insisten que retome a Mafalda, Quino dijo que no lo hará, “porque los jóvenes están desilusionados y no quieren cambiar el mundo para mejor”.

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