ENTRETENIMIENTO

Los irreverentes Moure y De Francisco y su 'Sit down tragedy'

Abril 06, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Martín De Francisco y Santiago Moure se someten a terapia sicológica para confesar sus miedos y obsesiones.

Martín Guillermo De Francisco Baquero nunca se ‘Superó’, como su famoso profesor del Chocó, defensor del lenguaje castellano. El hermano menor de Margarita Rosa o ‘La Niña Mencha’ logró graduarse del colegio, hizo talleres de dramaturgia, pero sus padres nunca tuvieron en sus manos el diploma universitario de este díscolo hijo. Lo que sí obtuvieron Merceditas y Gerardo fueron extraños retratos caricaturescos que su hijo dibujaba, tipo cédula, de hampones con alias en la parte inferior y sus propios mapas de partidos de fútbol con la posición de los jugadores en movimiento en el momento del gol.Su fanatismo enfermizo por el fútbol no tiene cura. Ve entre ocho y diez partidos por día, lo cual lo ha llevado a fracasar en varias relaciones sentimentales. Admite que estuvo a punto de pegarse un tiro cuando un sábado a las tres de la tarde su novia lo llevaba a ver cafeteras y manteles, mientras él sólo pensaba en que estaba jugando Barcelona contra el Athletic de Bilbao.Sus complejos de culpa persisten, así como su obsesión con vainas que debió decir o que no debió decir, su neurosis y su ansiedad social. Practicante de la crítica corrosiva y cáustica contra personajes públicos, en los años 90 en ‘La Tele’, junto a Carlos Vives y Santiago Moure, Martín De Francisco admite ser contradictorio: tanto él como su amigo terminaron haciendo lo que tanto criticaban. Este hijo de Zarzal (Valle), decía que jamás sería un comentarista deportivo y a sus 48 años lo es en el programa radial FM Fútbol Mundial. Y Santiago juraba que nunca sería un actor secundario, y eso es en ‘Los graduados’ y en ‘Los años maravillosos’.Ahora, ambos expían sus culpas y exorcizan sus miedos y problemas mentales en un ‘sit down tragedy’, en el que ninguno sale bien librado del sicoanálisis mutuo y del que los caleños serán testigos el 30 de abril en el Teatro Jorge Isaacs. Martín, quien admite que más de una vez ha recibido terapia sicológica, se desahogó en el diván de El País.¿Se arrepiente más de lo que hizo o de lo que dejó de hacer?Hay de los dos, pero hay mucho más de lo que dejé de hacer. Una manera de expiar las culpas es reconocer los errores. Expresarlos abiertamente hace que exista una sanación. De eso se trata, al volver objetivo el problema sigue siendo parte de uno, pero te vuelves consciente, pones la luz encima, es decir, la oscuridad de esos eventos ya no está.¿En 20 años con Santiago se han dicho ‘dame tiempo’, ‘necesito espacio’?En ‘La Tele’ trabajamos desde 1993 hasta el 2001. Había momentos placenteros, de armonía y otros, donde había cansancio, roces. Despues trabajamos eventualmente, él hace la voz de Súper O. Hace tres años hicimos una campaña para una marca y hablamos de esta obra.¿No les avergüenza haber terminado haciendo lo que tanto criticaban?(Risas) Sí, y somos unos sobrevivientes, cada uno en su estilo tuvo que hacer lo que había que hacer. Hablando de fútbol, no me tomo en serio el papel de periodista. Soy un fanático hablando con amigos. Hago parodia de un comentarista deportivo con lenguaje florido, alambicado, absurdo, rococó. ¿Tiene antecedentes de bullying escolar? ¿Fue víctima o victimario?Yo sí hice bullying y me hicieron. Era muy chiquito, flaquito, frágil y débil. Era tímido, pero luego agarraba confianza y era muy cansón, jodón y burletero.¿Padece complejo de chibchombiano?Sí. Cuando sigo a la Selección Colombia me veo sufriendo con el equipo. Ese tipo de cosas deberían ser serenas, pero no, yo me veo ahí con el “¡Viva Colombia!”, con el grito. No puedo escapar a eso. ¿Con el Profesor Súper O se superaron los índices de ignorancia un poquito?(Risa y no nerviosa) Un poquitico... Nunca he buscado en mis proyectos que la gente aprenda algo, sería pretencioso. Pero al hablar de temas académicos, llenos de polvo encima, como el idioma, es importante que la gente se divierta y aprenda.Santiago Moure, el incomprendidoSantiago, un boyacense de 47 años, tiene en común con ‘Chicho’, su personaje en ‘Los Graduados’, su fama de vago. Lo expulsaron del Cervantes, del Británico, del San Luis Gonzaga y del José Max León. Alega en su defensa que fue por sacar notas altas en las pruebas de historia. “Pensaban que robaba las respuestas”. Se hizo fama de haragán, cuando es lector de Stefan Zweig, Jorge Luis Borges y Condorito. ¿Ha sido víctima del bullying?Sí, del de mi padre. Me cruzó la cara de un manotazo con un anillo de la Escuela Militar. Las cicatrices aún las tengo.¿Qué lo hace propenso al complejo de iguazo?Mi falta de carácter y de compromiso.¿Y qué chibchombianada ha cometido?Sentirme orgulloso cuando un deportista del país gana, montarme a ese bus de la victoria no tiene presentación, me avergüenza.¿No lo avergüenza más haber terminado haciendo lo que tanto criticaba?Eso se llama sobrevivir sin dignidad. ¿Junto a Martín adquirió su trastorno obsesivo compulsivo por el fútbol?No a ese nivel demencial. Espero con ansias los partidos y tengo mi condición de fanático de fútbol intacta hasta los primeros cinco minutos, que me aburro.¿No al punto de pensar en el suicidio por no poder ver un partido?Ahí aplica la frase de Ciorán: ‘El suicidio es bueno, pero no hay que abusar de él’.¿Cómo conquistaba a una mujer?Les mentía. Les decía que era muy inteligente, pero cuando ya convivíamos se daban cuenta que era un mediocre.¿A qué dedica su tiempo de ocio?A montar en bicicleta o jugar frisbee, lo que más me gusta, además de no ir a trabajar.Por qué reincidir con Martín si le enferma su sicorrigidez? ¿Masoquismo?Tal vez. Llevamos diez años de no trabajar juntos. La gente nos pidió un ‘stand up comedy’ y terminamos haciendo un ‘sit down tragedy’, donde unimos frustraciones, miedos y odios mutuos para exponer lo que somos: una gente sentada y sin gracia, una pareja de cómicos en decadencia.

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