ENTRETENIMIENTO

Lea la última entrevista de Alfredo 'Chocolate' Armenteros con El País

Enero 08, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Isabel Peláez R. y Claudia Bedoya S. | El País.
Lea la última entrevista de Alfredo 'Chocolate' Armenteros con El País

Alfredo ‘Chocolate’ Armenteros murió esta semana por complicaciones de un cáncer de próstata y fue cremado en la mañana de ayer.

“Un músico excelente, otro irremplazable que se muda al otro barrio, a los 87 años”, anotó Rubén Blades en su portal  al lamentar el deceso del trompetista cubano Alfredo 'Chocolate' Armenteros, registrado en Nueva York el pasado miércoles 6 de enero.

Amantes de la música  como Diego Fernando Silva del portal 'La nave del sabor', aseguran que a 'Chocolate' Armenteros “lo hizo único no solo el haber sido bueno tocando la trompeta sino haber sido, para muchos de nosotros cultores del son, la guaracha, el guaguancó y lo que ahora llaman salsa, el mejor trompetista de la música afrolatinocaribeña. Hay quienes lo catalogan como el Dizzie Gillespie de la diáspora caribeña en norteamérica”, expresó a El País. 

Y como ser humano también dejó  huella. “Un caballero, un profesional, excelente ejecutando su instrumento y de ingenio rápido y lapidario. Sus improvisaciones, llenas del inimitable sentido cubano, fueron aplaudidas y copiadas pero no igualadas”, expresó Rubén Blades. 

Silva,  quien siguió a Armenteros en varias de sus presentaciones en Cali y en Nueva York, asegura que conoció  a un hombre “dicharachero, gozón, rumbero, gran conversador y con un gran amor, de toda la vida, con su instrumento. Para muchas  generaciones de trompetistas fue su héroe viviente, un ícono con el cual podían interactuar bien en cualquier esquina del barrio o en cualquier tarima de Nueva York o el mundo y al que siempre le aprendían algo, especialmente la mística de un  cultor del son”.

En 2003 Armenteros habló con El País cuando participó en   la tercera versión del Festival A Jazz Go (2003). El  primo de  Beny Moré y maestro de la trompeta cubana,   confesó que nunca deja de besarla y que fue por ella que conoció a Celia   Cruz cuando ‘La Guarachera’ tenía 21 años y él 17 y recorrieron La Habana haciendo música. 

¿Cómo bate  la música?

Bato la música como ella me lleva, según la época, mi grupo, me meto dentro de  ella para lucir.

¿Qué le añade a una descarga?

Es como cuando tú vas a cocinar con varios en casa, pones un ingrediente; él, otro y otro más y  los condimentos y se forma eso que llamamos en Cuba  ‘una completa’, que todo se junta y cada uno pone su improvisación.

¿Cómo hace espuma un jazz?

Estudié las cinco líneas, los cuatro espacios, las siete claves de la música, lo demás es una idea que llega de momento. Yo no puedo hacer un doblaje mío, repetir un solo...

Pero Beny Moré no estudió...

Sí, pero tuvo un don de la naturaleza, que tocaba guitarra de oído, pero tú  escuchas esa banda y parece un conjunto. Cuando este servidor fue el director de su Banda Gigante, él me decía en los ensayos: ‘Dime cuánto hay que marcar’ y nunca se le olvidaba.

¿Qué le aportó como músico?

Darme el privilegio de uno de los grandes sueños de mi vida que era tener la  mejor orquesta bailable de Cuba. El malo soy yo.

¿Le gusta el chocolate?

Lo probé una vez y me enamoré de mí mismo y casi me muerdo los pies (risas).  No sé tomar dulce, es que soy azuquita también.

¿Cuándo se enamoró de la trompeta?

Desde la barriga de mi mamá,  la veía y parecía que era una hembra igual.

¿Su vocación viene de familia?

Seguro. Mi abuelo Isidoro Armenteros tocaba clarinete, no lo conocí, pero lo vi en los libros antiguos de Cuba. Mi difunto padre fue trombonista. Más de 12 primos hermanos tocan tres y guitarra y yo los seguía con mi trompeta pa'llá y pa'cá por el pueblo.

¿Prefiere el son, como dice su canción?

Yo sí. El son es lo más sublime, es lo que me dio mi tierra.

¿No se considera jazzista?

No, yo  soy sonero. De jazz no tengo ni pío. Me nombran así porque grabé instrumental y le llaman latin jazz. No me creo interpretador de jazz, lo que tengo en mi sangre es mi música cubana.

¿Por qué salió de Cuba?

Por un contrato para la primera orquesta latina y cubana en Nueva York en 1957, la de Machito y ocupé la silla de Mario Bauzá.

¿Qué extraña de la isla?

No extraño nada de Cuba. Ya mi familia murió, tengo mi hijo, mis nietas en Nueva York y hacemos la nochebuena cubana. Políticamente no me interesa en  el mundo nadie. Ni en  Colombia me interesa el que es presidente.

¿Qué significaron  Septeto Habanero y Arsenio Rodríguez?

El Septeto Habanero me tocó por añadidura. Cuando llego a La Habana me  encuentro con Joseíto Blanché que tocaba en esa orquesta, me oyó y me dijo que  me fuera de suplente. Y mi anhelo cuando estudiaba trompeta era tocar con Arsenio, cuando lo logré era el hombre más feliz.

¿Y cómo hace para ser disciplinado si es tan mujeriego?

Aunque me gusten mucho las mujeres, he sido disciplinado porque nunca he  negado los hijos míos. No tengo queja, casado y divorciado ocho veces y a cada una le di un pedacito de sangre. 

¿Usa la música para seducir?

Cuando una tiene mucha atención en mí le digo: ‘Señorita, no baile con nadie, escuche este número, se lo dedico’. 

¿Celia Cruz tiene reemplazo?

Por el momento no, como Beny Moré tampoco, tienen que pasar unos siglos.

¿’Chocolate' tiene reemplazo?

Seguro que yo tengo, cualquier muchacho me puede reemplazar, pero vamos a ver  si llega (risas). ¡Ojalá! porque lo más lindo es pasar por este mundo y tener  un reemplazo que me recuerde.

¿Le teme a la muerte?

¿A mí? ¿Muerte? Sé que nací muerto. No pienso en ella, cuando llegó  llegó, pero sé que le dejo algo, vine a esta vida a sumar y no a restar, así que nunca voy a estar muerto o 'amorido', como decimos nosotros en Cuba.

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