Las historias de Gabo retornan a Macondo 35 años después del Nobel

Las historias de Gabo retornan a Macondo 35 años después del Nobel

Febrero 22, 2018 - 11:40 p.m. Por:
Beatriz López / Especial para El País
Las historias de Gabo retornan a Macondo 35 años después del Nobel

Fotografía de Gabriel García Márquez junto a su esposa Mercedes Barcha, en uno de los últimos viajes que hizo a su pueblo natal, Aracataca.

Agencia EFE

El pasado mes de enero, en presencia de la ministra de Cultura, Mariana Garcés, se reunieron en la casa de Aracataca donde vivió Gabo la antropóloga Gloria Triana, Aura Lucía Mera, ex directora de Colcultura; Leonor González Mina, Carlos Rojas, director del grupo llanero Cimarrón y Pablo López, e iniciaron el conversatorio sobre la heterogénea delegación que acompañó a Gabo a Estocolmo.

En la noche fue presentado al aire libre el documental ‘Cuando Colombia se volvió Macondo’, en presencia de 250 personas del pueblo y otras ciudades de la Costa, coproducción de Dramax y Señal Colombia, apoyado por Mincultura.

Treinta y cinco años después, Gloria Triana y Álvaro Perea rescataron la historia de un hecho de gran trascendencia cultural.

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Los preparativos

Aura Lucía Mera, directora de Colcultura en la época en que García Márquez recibió el Premio Nobel y Gloria Triana, una de las autoras del documental, recuerdan la odisea en que se convirtió el traslado de la comitiva que viajó a Estocolmo.

Afirma Gloria: “La noticia se supo el 21 de octubre de 1982 y el viaje fue el 6 de diciembre. Muchos de los seleccionados carecían de libreta militar y era imposible sacarles pasaporte. Los menores de edad necesitaban permiso de sus padres. No tenían ropa de invierno y algunos no habían viajado jamás en avión. Todo fue posible por un presidente como Belisario y una directora en Colcultura como Aura Lucía”.

Por su parte, Aura Lucía cuenta los pormenores de los primeros pasos para consolidar el macondiano viaje al invierno sueco: “Al otro día de la noticia nos reunimos en mi casa de la 127 en Bogotá con Gloria Triana, antropóloga e investigadora del folclore colombiano, Juan Vitta Castro, subdirector de Bellas Artes; Carlos Ordóñez y José Vicente Kataraín, editor de Oveja Negra, amigo mío y editor de Gabo. Nos sentamos en el jardín y empezamos a botar corriente. Las ideas salían a borbotones”.

Gloria Triana fue la encargada de seleccionar los grupos folclóricos más autóctonos de cada región. “Viajó por todo el país: los Llanos Orientales, la Costa Atlántica y la Pacífica y zona andina. Alvaro Cala, presidente de Avianca, aceptó nuestra osada solicitud de prestar un Jumbo para llevarnos a Estocolmo y recogernos después.

Artesanías de Colombia nos regaló pasamontañas, bufandas, medias de lana, ruanas, guantes y todo lo necesario para que los integrantes de la expedición no murieran en el invierno sueco que en diciembre alcanza temperaturas de 22 grados bajo cero”.

Hernando Zuleta, director del Instituto de Seguros Sociales, ofreció financiar los gastos de un médico. “Pasar de la noche a la mañana de los frijoles, la arepa, el chontaduro y la ternera a la llanera al arenque, el salmón y el queso, podría ser mortal”, recuerda Aura Lucía, con el sentido de humor que la caracteriza.

Las historias de Gabo retornan a Macondo 35 años después del Nobel

El escritor colombiano Gabriel García Márquez, tras recibir el Premio Nobel de Literatura de manos del rey Carlos Gustavo de Suecia.

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Un tren llegando a la estación de Aracataca, en el departamento colombiano de Magdalena.

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Los recursos y los invitados

Aura Lucía emprendió una titánica labor para obtener los recursos que habrían de financiar el viaje de tantos artistas. Pedro Felipe Valencia, director de la Federación Nacional de Cafeteros hizo una generosa donación en efectivo, para sufragar los gastos de estadía e imprevistos.

El Banco de la República dio permiso para llevar unas piezas del Museo de Oro. Cuadros de Botero, Obregón, Grau, entre otros, también viajarían. ¿Y quiénes fueron los invitados? Gabo envió su lista.

Sus mejores amigos: Gonzalo Mallarino, Álvaro Mutis, Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas, la Tita Cepeda, Álvaro Castaño y Gloria Valencia, ‘la Cacica’ Consuelo Araujo, Plinio Apuleyo Mendoza y por supuesto, Mercedes Barcha, su esposa y sus dos hijos Rodrigo y Gonzalo, el periodista Eduardo Barcha, hermano de Mercedes y Eligio García Márquez y su esposa, entre otros.

“Nada de ministros, políticos, congresistas ni lagartos”, añade Aura Lucía. “Por Colcultura, Gloria Triana, Juan Vitta, Carlos Ordóñez, el médico, un peluquero, un maquillador y Jaime Arias, el titular del ministerio de Educación. Los grupos de Danzas de Ingrumá de Riosucio, ‘Los Congos’ de Barranquilla, ‘Totó la Momposina’, la ‘Negra Grande de Colombia’, los representantes del Llano y los Vallenatos”.

De estos personajes que viajaron a Estocolmo, ¿cuáles han fallecido? Le preguntamos a Gloria.

De los amigos de Gabo han fallecido Álvaro Castaño, Gloria Valencia de Castaño, Álvaro Mutis, Gonzalo Mallarino, Germán Vargas, Rafael Escalona, Alfonso Fuenmayor, Nereo López. De los artistas, Candelario Cabezas, hijo de Leonor González; los copleros del Tranquero (grupo llanero), Batata, el tamborero de Totó, Carlos Franco, director y coreógrafo del grupo de Barranquilla, Pedro García, uno de los cantantes del grupo de los hermanos Zuleta...

Críticas de la prensa

Durante los preparativos del viaje, no faltaron las críticas de la prensa bogotana. Afirma Aura Lucía que “los periodistas D’Artagnan, Margoth Ricci y Daniel Samper pusieron el grito en el cielo, aduciendo que haría un oso mayor llevando negros, acordeones, bambuqueros con alpargatas y llaneros analfabetas al Palacio Real, y que semejante despropósito había que impedirlo a toda costa. A este repudio se unió el Embajador de Colombia en Suecia”.

“A tal punto que”, sigue recordando con nostalgia la entonces directora de Colcultura: “El presidente Betancur se asustó y días antes me llamo a decirme que no autorizaba el viaje, que eso era una locura”.

Le respondí: “El que se enloqueció fue usted, voy a presentar el pre estreno en el Teatro Colón y después usted decide”. Al final de la presentación, emocionado, dio su visto bueno, respondiendo así a los ataques de la prensa: “Como soy un Presidente lobo, autorizo esa lobería”.

“Así partimos la noche del 6 de diciembre, con el Jumbo de Avianca lleno de acordeones, arpas, maracas, tiples, vestuarios de colores, alegría, ilusión, carcajadas y amor hacia la helada capital sueca para acompañar a Gabo en la cena real en el Palacio. Éxito sin precedentes. La reina emocionada empezó a llevar el ritmo de los acordes colombianos con sus palmas y los más de mil invitados la siguieron. Al día siguiente el periódico más importante de Estocolmo titulaba su primera página a 4 columnas: “Colombia nos ha enseñado cómo se recibe un premio Nobel”, cuenta finalmente Aura Lucía Mera.

Gabomanía

La idea de hacer el documental comenzó hace muchos años, sostiene Gloria Triana pero, hacerlo y escribirlo, cerca de dos años. Encontrar los personajes que participaron en el viaje a Estocolmo se convirtió en la vuelta a Colombia. “Muchos de ellos no viven en los lugares donde nacieron pero los entrevistamos allí. Por ejemplo, Totó en Mompox, la Negra Grande en Robles, Carlos Rojas en San Martín (Meta), Julián Bueno en Riosucio. Con todos había estado en contacto a lo largo de estos 35 años, así que no fue difícil localizarlos”.

¿Cuándo leyó ‘Cien Años de Soledad’? preguntamos a Gloria.

“La primera obra que leí de Gabo fue ‘El Coronel no tiene quien le escriba’. Yo estaba en el colegio y le reclame al profesor porque no nos había hablado de ese escritor. ‘Cien Años de Soledad’ lo leí el mismo mes en 1967 cuando fue publicado en Argentina y un amigo me lo trajo de regalo. Estando en vacaciones en un pueblo de Cundinamarca llevé varios libros, y cuando leí la última frase no fue posible que tomara otro libro y volví a empezar: “Muchos años después frente al pelotón de fusilamiento”. Ya me había graduado en la Universidad y leído todo lo publicado de Gabo hasta ese momento. Al realizar trabajo de campo como antropóloga en la Guajira, pude darme cuenta de que esta era una obra maestra universal”.

¿Y Aura Lucía?

“Mi ‘gabomanía’ se remonta a años atrás, al caer en mis manos ‘La Hojarasca’, ‘Isabel viendo llover en Macondo’, ‘En este pueblo no hay ladrones’, ‘El Coronel no tiene quien le escriba’, ‘Crónica de una muerte anunciada’, ‘La Cándida Eréndira’ y ‘Cien Años de Soledad’, hasta el punto que en los 5 años que viví en Ecuador, la casa en Quito se llamaba Macondo, con un letrero pintado, lleno de mariposas amarillas, y la finca, cerca del nevado Cayambe, Aracataca. La tortuga se llamaba Úrsula y los perros guardianes Aureliano y José Arcadio. Mi librería en Quito, ‘El Toro rojo’ vendió en menos de una semana 200 ejemplares de ‘Cien Años’, que compré en la Libería Nacional de Cali y los lleve al Ecuador. Podría decir, sin exagerar, que yo era, y sigo siendo, Gaboadicta”.

Atrás quedó Aracataca, con sus casas de madera estilo californiano y las de adobe con calados moriscos, las sillas vienesas y sus patios con árboles frondosos, cauchos, ceibas y flores, bajo una temperatura agobiante de más de 35 grados.

El ferrocarril que pasa varias veces al día con sus cientos de vagones y estremecen la tierra como un monstruo. Su iglesita blanca y el rio cristalino que llega de la Sierra Nevada.

El documental ‘Cuando Colombia
se volvió Macondo’ se proyectó en Aracataca como parte de las actividades del pasado Hay Festival.

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