La versión gourmet de las delicias del Valle que conquistan paladares en Miami

La versión gourmet de las delicias del Valle que conquistan paladares en Miami

Abril 27, 2018 - 11:45 p.m. Por:
Gustavo Molina / Integrante del Semillero de Periodismo UAO- El País
Ammiel Manevich

Ammiel Manevich en su punto de venta de Amazónica, disfruta llevando el cholado, un producto de la gastronomía típica del Valle del Cauca, a Miami.

Cortesía para El País

Por el amor que Ammiel Manevich le tiene a Colombia, reinventó las delicias típicas del Valle del Cauca como el cholado, las obleas y el pandebono, volviéndolas una experiencia más gourmet.

Su objetivo principal es mostrar por medio de su heladería-choladería Amazónica, la gastronomía del país en el que se crió, Colombia, ya que él nació en Estados Unidos.

Y ha recibido gran acogida tanto de los latinos como de los estadounidenses y clientela internacional en general, porque sienten que Amazónica es un concepto totalmente diferente. Está ubicado en Miami en el centro comercial Upper Buena Vista y es un local con ambiente y música tropical, rodeado de árboles y palmas que pueden transportar a sus clientes directamente a Colombia. A algunos los hace sentir como en La Sultana del Cielo en el atardecer, tomándose un cholado, sintiendo la brisa, refrescando su día y saliéndose de la rutina.

Para que las personas salgan de lo cotidiano, Amazónica ofrece seis diferentes cholados: Cocolima (Limonada de coco), Cali Lovin (Inspirado en el cholado típico caleño), GuavaMaría (Sabor a Guayaba), ‘Passion of the Mango’ (sabor a mango/maracuyá), ‘Tropicality’ (sabor a Kiwi) y Berrynella (sabor a frutos rojos).

“Se me ocurrió rescatar un producto que me encanta que es el cholado, entonces contratamos un chef que ganó una prueba en el Canal Caracol que se llama Julián Hoyos, e hicimos el cholado, le hicimos unas modificaciones y llevamos a otro nivel. Lo reempaquetamos para el mercado americano. Le cambiamos la anilina por puré de fruta natural y lo endulzamos con azúcar de caña, porque es menos procesada; entonces es un producto mucho más saludable, más limpio”, aseguró Ammiel. El producto tiene un costo de US$8.99.

Al igual que con el cholado, el chef Julián Hoyos reinventó las obleas. Cuenta con siete diferentes sabores para agradar más al paladar americano e internacional, según aseguró Manevich.

Se puede encontrar la oblea tradicional, pero también las hay de caramelo salado, ‘smores’, ‘cookies and cream’, chocolate blanco, piña con coco y nutella. Cada oblea cuesta US$$4.99, mientras que los pandebonos valen US$4.

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Ammiel Manevich

Diversidad de sabores del trópico ofrece la carta de cholados de Amazónica.

Especial para El País

En Amazónica cuentan con dos operadores entre semana, vendiendo diariamente entre 30-40 cholados, pandebonos y obleas. Cuando llega el fin de semana, son tres personas que están en la tienda y sus ventas ascienden a entre 100 o 150 unidades por cada producto.

Aunque Manevich nació en Estados Unidos, siente gran amor y pasión por Colombia, en especial por Cali porque fue criado en esta capital. Se graduó del colegio Bolívar y posteriormente estudió administración de empresas en el Cesa de Bogotá.

En 2015 decidió ir a hacer prácticas a la Gran Manzana: “Amazónica nació en 2016, cuando vivía en Nueva York y me acababa de mudar. Caí en cuenta de que en Colombia siempre quise vivir lo americano o lo europeo y en Estados Unidos pasa al revés: quieren lo étnico. Les gusta lo proveniente de una cultura muy específica. Entonces empecé a ver que en algunos locales vendían ‘cheesecake’ japonés y había una fila muy larga, o arepas rellenas y la misma situación, lleno total. Entonces pensé: hay de todo, pero nadie ha traído el cholado. Entonces me mudé a Miami y vi más que una idea, una oportunidad. Me junté con tres socios y tardamos casi año y medio para poder abrir el negocio que opera hace dos meses”.

Mientras Ammiel relata con gran pasión acerca del lugar que creó, Hugo Fajardo, un neoyorquino que disfruta de las tardes en Amazónica mientras se toma un cholado con sabor a frutos rojos, dice entusiasmado: “¡Puedo decirles que esto es lo mejor, es lo más delicioso y asombroso que he probado!”.

De la misma manera, Felipe, oriundo de Medellín, mientras comía una oblea, podía notarse en sus ojos la nostalgia por su tierra: “Me gusta mucho venir porque tienen sabores que me recuerdan a Colombia. Es muy rico y diferente, me hace sentir en mi país a pesar de la distancia”.
Ese amor que siente por Colombia y la ciudad que lo vio crecer, lo llevó a querer mostrar otra cara de nuestro país en Estados Unidos. Ammiel pretende, poco a poco, ir cambiando la visión internacional de la gastronomía de Colombia, en especial del Valle del Cauca, que las personas puedan conocerla más y a otro nivel.

¿Cuál es la intención de Amazónica?

Amazónica es un proyecto que he liderado junto a otros socios donde queremos rescatar la parte buena de la cultura colombiana, formar parte de ese movimiento para cambiar la imagen de nuestro país. Lo que sucede es que en el aspecto gastronómico, aún queda mucho por mostrar porque, con excepción de Juan Manuel Barrientos del restaurante El Cielo, poco se ha hecho.

Más allá de todo lo que vendemos, se trata de poder mostrar el lado ‘cool’ colombiano. Entonces el ‘branding’ de la marca lo hicimos con una agencia colombiana que se llama LaValentina, el mural nuestro lo hizo la caleña Natalia Swarz, mucho de los productos que ofrecemos como los pitillos, sillas y demás, son traídos de Colombia.

¿Cómo ha sido la acogida?


Ha sido espectacular. El cholado siempre me ha parecido una locura. Es más, el caleño piensa que el cholado es conocido en toda Colombia y no. Cree que un barranquillero sabe qué es y resulta que no, no tiene ni idea. Entonces cuando yo vivía en Cali, lo primero que hacía cuando traía a alguien era invitarlo a comer un cholado y todos se enloquecían porque es demasiado rico.

Aquí en Estados Unidos se ha repetido la historia. A nuestro local entran muchos compatriotas y es la base de nuestra clientela. Los americanos se sienten increíble porque es como si estuvieran descubriendo algo inimaginable al igual que con la oblea, porque no son empalagosos nuestros productos. El cholado es la estrella de nuestro local.

Incluso, los americanos hasta nos han dicho que les gustaría desayunar con un cholado, cosa que es increíble. Viene mucho venezolano y brasilero. Amazónica ha abierto los ojos a un pueblo nacional e internacional que no conocían nuestra gastronomía.

¿Usted tiene experiencia en temas culinarios?

Mi experiencia culinaria es que me encanta comer (risas). Pero en realidad no tengo ninguna, es lo primero que he hecho. Incluso, es muy chistoso porque mi socia, Daniela Piedrahita, nunca pensó terminar metida en un negocio de culinaria. Además, se me combinaron dos grandes pasiones de mi vida: Colombia y la comida. Yo siempre he querido representar a Colombia y esta es una bonita oportunidad. Siempre he querido que todas las personas sientan este amor que tengo hacia mi país aquí en Amazónica.

¿Cuál fue el inconveniente más grande para poder llevar a  cabo este concepto?

La mayor dificultad son las exigencias americanas porque nosotros hicimos la construcción y hay muchos permisos. Hay muchos obstáculos, pero son para beneficio del consumidor y para poder ofrecerle un mejor servicio. Es una curva de aprendizaje que queda. A mí y a mis socios nos tocó inventarnos todo de cero. Todo fue a base de prueba y error.

¿Cómo pretende cambiar la visión y también dar a conocer la gastronomía del Valle del Cauca?

Queremos rescatar la parte buena de la cultura colombiana, formar parte de ese movimiento para cambiar la imagen de nuestro país. Lo que sucede es que en el aspecto gastronómico, aún queda mucho por mostrar.

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