ENTRETENIMIENTO

La película La Sargento Matacho ya recibe premios

Septiembre 04, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera, reportera de El País.

Galardones a mejor película y a mejor actriz en Islantillas, España, dan buen augurio a esta película de la paz, hecha con sello vallecaucano.

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Devolverse 60 años en la máquina del tiempo para contar el inicio del conflicto en Colombia, no es ficción. Es una realidad de 93 minutos que muestra ese momento en que los colombianos empezamos a matarnos, desde la mirada de la  primera bandolera que existió en el país. 

Es una película de época recreada en los años 50, con más de 100 actores de reparto, 300 extras y 80 personas del equipo de producción.

Es La Sargento Matacho, una realidad con sello vallecaucano, cuna de las mejores producciones cinematográficas del país. Y ya comienza a dar frutos.  El jurado del Festival de Islantillas, España,  la premió como la mejor película, y su protagonista, Fabiana Medina,  quien encarna a la bandolera, ganó el premio a mejor actriz,  el sábado pasado. Logros significativos considerando que   compitió con 1230 filmes de todo el mundo, entre largos y cortometrajes.

Fabiana está feliz del reconocimiento y evoca los gajes del rodaje: comer arroz en cantidades industriales y con mucha avidez –la Sargento siempre estaba hambrienta–. O las horas que  tuvieron que esperar a que los chulos bajaran a comerse la carroña para rodar una escena. Es decir, los cadáveres de la  violencia partidista, que deja  traumatizada a la mujer que ella caracteriza, quien  al ver cómo asesinan a su marido y a sus amigos, se  convierte en el terror de cuantos policías  la persiguen.

“Lo más importante del premio es que  sirva para que esto no se vuelva a repetir”, sentencia  la actriz.

El  director, William González Zafra, un caleño egresado de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle,  confiesa que su intención no fue hacer un ensayo histórico –para eso están esos importantes estudios que han escrito sobre la violencia en Colombia–.

 “Mi objetivo es  mostrar ese ejercicio despiadado, asombroso y desconcertante  de la violencia en Colombia, que es cíclica y que todavía no termina”, dice.

Volver la mirada sobre el inicio del conflicto colombiano ha hecho que para muchos  La Sargento Matacho sea la película emblemática de la paz y la reconciliación. 

La Alcaldía de Cali la seleccionó para  un programa piloto, Reflexionando con Matacho, como base para una  pedagogía de paz. 

 “La película nos permite ver que en este conflicto todos tenemos responsabilidades y que es hora de reconciliarnos”, dice Alina Hleap, la productora caleña que  apostó por esta historia.

Ahora está en busca de nuevas alianzas con la Federación Nacional de Personeros de Colombia, Fenalprer, y el Alto Comisionado para la Paz, para exhibirla en todos los municipios de la geografía nacional. 

“El objetivo es que todas las generaciones conozcan el origen del conflicto en el país y nos ayude a  comprender que llevamos 60 años de guerra y  es la hora de darle una oportunidad  a la paz”, insiste  Alina.

[[nid:460306;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/09/ep001016198.jpg;full;{Damián Alcázar, actor mexicano, y el caleño Marlon Moreno, dos pesos pesados en el elenco de La Sargento Matacho. La producción fue grabada en La Moralia, Tuluá.Especial para El País.}]]

Y es que en La Sargento Matacho poco o nada es ficción. El guion, escrito por Marco Antonio López Salamanca, con versión final de este mismo autor, el director William González y Matilde Rodríguez,  está basado en hechos de la vida real, ocurridos en el departamento de Tolima, entre 1948 y 1962.

 “La Sargento Matacho existió, y la película cuenta cómo la guerra desplaza física y emocionalmente, sobre todo a la mujer”, comenta  Alina. “Por eso, todos la veían como una bandolera, pero ella estaba era enajenada para descargar su rabia y su dolor”, añade.

John Álex Castillo, uno de los 36 actores vallecaucanos del reparto, es el capitán Roque, uno de los numerosos policías que le tocó combatir a la Sargento  y murieron en la persecución. 

Castillo, recordado por su papel de  René Higuita en ‘La Selección’, dice que para caracterizar al capitán Roque llegó sin juicios morales. 

“Para expresar el dolor que él sentía por la pérdida de sus hombres, en medio de esa guerra, pensé en la paternidad, hice de cuenta que eran mis hijos y en el sufrimiento que me causaba perderlos”, confiesa el actor sobre la que fue su segunda participación en cine, de las doce que ya suma a la fecha.

Para recrear la época, eligieron locaciones en la zona rural de Tuluá, una población azotada por la violencia partidista. Entonces, las expresiones del dolor y de la rabia de muchos de los 300 extras que participan en la película eran muy vívidas, muy sentidas. Eran reales.

Tan real, que la jefe de producción, Diana María Zuleta, cuenta que para llegar y rodar en   La Moralia, parte alta de Tuluá, donde encontraron  las locaciones típicas de la época, fue necesario negociar con cada uno los actores del conflicto y  explicarles en qué consistía el rodaje y  poder subir. 

Un  comandante de un grupo armado los citó un 7 de agosto, día de la posesión presidencial. La persona que asumió tan difícil  misión relató luego que había ejército por todas partes y en un retén, sino fuera por su carné de periodista, hubiesen sido requisados y capturados como guerrilleros. La razón, que además del conductor,   el contacto que los fue a recoger era un militante indocumentado y armado que  les servía de guía.

Otro día estaban rodando y hubo combates a 3 kilómetros del set. Un canal de televisión llegó a hacer transmisiones en directo, pero el periodista no se atrevió a ir hasta el sitio del enfrentamiento y dijo: “No, no me voy a arriesgar por allá, hagámoslo aquí no  más, con todos ustedes” y entonces emitió desde el sitio del rodaje. De inmediato, los celulares de  todos los actores y del equipo de producción comenzaron a timbrar: sus familiares estaban alarmados llamando a preguntar si vivían o morían.

Así, entre ese 23 de agosto y 12 de octubre de 2010 que duró el rodaje, fueron varias las veces que vieron cómo el Ejército  sacaba sus muertos y sus heridos en  helicópteros y la guerrilla en jeeps. Una paradoja total que estuvieran haciendo una película de la violencia en 1948 y en 2010 esa violencia continuara, más compleja aún por la  aparición de nuevos  actores del conflicto, comenta el director, William González Zafra.

Allá vivieron también situaciones difíciles, como fue el hecho de que el proyecto entró en crisis económica.  Los dos coproductores extranjeros  que habían firmado contratos y comprometido recursos, no aparecieron.

 Pero la productora, Alina Hleap, no renunció a La Sargento Matacho, la única sobreviviente de una saga sobre  cinco bandoleros que había planteado Augusto Bernal. Los otros  murieron en el papel.

“Cuando llevábamos cinco semanas de rodaje, la productora Teyso Media, de España, envió un lacónico  mail que decía: ‘No ponemos el dinero porque el Ayuntamiento nos lo ha negado’ y desaparecieron del escenario hasta el sol de hoy”, dice Alina, recordando que el contrato estaba por US$ 260.000.

Igual le sucedió con el coproductor mexicano, Alpha Acosta. “Tenía que aportar US$ 560.000 y no puso un peso”, dice Alina,  que viajó tres veces a México a tratar de firmar  con las empresas interesadas en patrocinarla, pero la productora dejó caer todos los negocios.

Alina reconoce que “fue un mal novio” que se consiguió y la dejó plantada. Entonces vinieron las reclamaciones de muchas personas que habían trabajado en la película y no les había pagado.

 “Todos los pagos que eran por Colombia, es decir, del Fondo para el  Desarrollo Cinematográfico, se pagaron. Lo que quedamos debiendo era lo que teníamos que pagar por México y España”, se defiende la productora caleña que, con su firma ENIC Producciones,  le tocó asumir toda la deuda.

El problema fue que la producción se retrasó y al incumplir en las fechas, la película fue sancionada, es decir, que no podía ir a festivales ni ser exhibida.

“Nunca he negado la deuda, de hecho,  ya pagamos la mitad, la película ya está liberada (levantaron la sanción),   ya comenzó su gira de festivales y muestras, puede ser exhibida y  estamos trabajando para conseguir los recursos para cancelar  el resto de deuda y vamos a pagar”, afirma Alina.

Igualmente destaca que tiene mucho que  agradecer  a la Alcaldía de Cali y a la Secretaría de Cultura y Turismo, porque apoyaron el proyecto con recursos, y “así logramos liberar la película”, añade.

También con quienes los  ayudaron  cuando se quedaron sin un peso en pleno  rodaje. Por ejemplo, un súper mercado, una frutería y una granja les mandaban mercados, frutas y carne de cerdo, y así mucha más gente que sin tener nada qué ver con el séptimo arte, se enamoró de la película. 

Incluidos los habitantes de La Moralia, destaca Diana María, que se aguantaron dos días sin luz y sin teléfono porque tuvieron que quitar los postes de los cableados de energía y telefonía, y tapar el pavimento de las calles con tierra,  para simular  el ambiente de los años 50. Toda una película para hacer real una historia de la vida real.

Desde la fase preproducción,  La Sargento Matacho recibió estímulos de:

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