La lucha sin cuartel de la cantante caleña Anabella para superar el cáncer

Noviembre 30, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Meryt Montiel Lugo, editora Equipo de Domingo / El País
La lucha sin cuartel de la cantante caleña Anabella para superar el cáncer

Anabella luce alegre y optimista. Aunque hay días, confiesa, que no quiere salir de la cama por los estragos de la quimioterapia: siente mareos, cansancio, náuseas... Pero se repone y sigue en pie de lucha.

La cantante caleña cuenta en detalle todo lo que ha vivido desde que en agosto pasado le diagnosticaron cáncer de seno. Su fe y optimismo son inmensos.

Al otro lado de la línea telefónica, desde Bogotá, Anabella ríe a carcajadas. Su risa contagiosa no delata a una mujer que está librando una ardua batalla contra el cáncer de seno desde hace cuatro meses. Ella dice: “Soy un milagrito de Dios”. Ya en diciembre de 2011 estuvo a punto de morir por una gripa H1N1 que contrajo en Cali y que se complicó con una neumonía bacteriana. Estuvo tan grave que los médicos le dijeron a sus padres, ‘recen, ya no hay nada más que podamos hacer. Si pasa de este 29 de diciembre, es un milagro’. Pasó el 29, el 30, el 31 de diciembre. El 1 de enero de 2012 la cantante caleña que dispara dardos al corazón o lo hace regocijar con su estilo ‘Boraz’ (de boleros, rancheras y jazz), fue dada de alta. No porque estuviera totalmente recuperada sino porque había que tenerla en cuarentena en su hogar, pues habían llegado más enfermos por H1N1 a la clínica y se buscaba evitar que las defensas de su sistema inmune volvieran a bajar si contraía algún virus al permanecer hospitalizada. “De los ocho pacientes que entraron el mismo día que yo, fui la única que quedó viva”, rememora. Mes y medio después, Anabella Arbeláez conquistaba con su voz grave, de contralto, al ‘monstruo’ de Viña del Mar y obtenía para Colombia una Gaviota de Plata por Mejor Interpretación en el apartado de Música Folclórica con ‘Mudanza de piel’, tema de su amiga y también cantante Andrea Botero. Todo marchaba bien en la carrera musical de esta caleña hasta cuando, este año, debió suspender la gira de presentación de su álbum número cuatro, ‘Te va a doler’. El 2 de agosto fue diagnosticada con un tumor maligno en su pecho, “del tamaño de un limón Tahití o un kiwi grande”. Una vez salió del consultorio, al montarse al carro de su hermana, lo primero que hizo fue dar gracias a Dios. Y así lo ha venido haciendo: por un nuevo día, por la medicina, por las quimioterapias, por el amor de su pareja, su familia, amigos y fans. Fueron dos meses de silencio en la escena musical, dedicada a combatir “con toda la artillería” ese tumor al que ella ha llamado ‘Merlyn’, al igual que el famoso mago, entre otras razones, “porque creo en la magia”. En la de Dios, en la de la medicina y sabe que ese intruso de su cuerpo será pasajero y desaparecerá por arte de magia. La inquietud por saber de ella por parte de admiradores y de empresarios (que querían contratarla), hizo que en octubre pasado hiciera pública su enfermedad, a través de una carta en Facebook. Quiso hacerlo ella misma para evitar chismes, amarillismos o provocar lástima. Lo ha contado todo desde su corazón, “pensando en hacer de este momento de crisis un momento de éxito”, siempre con una actitud positiva que ha servido de ejemplo a mujeres en su misma situación. Se goza hasta las quimioterapiasEsa fe, esa fuerza interior que demuestra Anabella, le ha permitido seguir haciendo presentaciones artísticas, como la que tuvo esta semana en Bogotá, en un homenaje al exvicepresidente Angelino Garzón. “Cantar ha sido, es y será mi mejor medicina”. Pero además, quién lo creyera, esa fuerza interior la hace, incluso, gozarse momentos que para otras enfermas de cáncer de seno pueden ser angustiantes, como cuando tienen que raparse por la constante pérdida de cabello o someterse a las quimioterapias.Su alegría y su mirada positiva para asumir y combatir a ‘Merlyn’ han hecho que ya varios pacientes le pidan a la enfermera jefe que le programen las quimioterapias los mismos días en que a ella le toca, para gozar de su presencia, porque Anabella les canta, les echa cuentos, les hace bromas y hasta aconseja. Como hizo con una joven atribulada por la inminente pérdida de su cabellera. Le dijo, “no te preocupés, mirá mi calva, nos vemos lindas. O comprate un sombrero”.En realidad, revela esta mujer de 41 años, se siente “feliz” con su “calva al aire”, porque sostiene, ella no es como Sansón: su fuerza no está en su pelo sino en su actitud frente a la vida. Y comenta jocosa: para todo hay solución. Como las uñas se ponen morada, se tapan con esmalte rojo; si se caen las pestañas, para eso están las postizas o si se caen las cejas, pues se pintan. ¿Quién ha dicho que en la vida todo es fácil?”, reflexiona.Por eso a la ‘tusada’ no le vio problema. Desesperada de que su cabellera se le cayera de manera loca, que andara cual “perro mudando pelo” por secuelas de las primeras quimioterapias, “pues eran de las más fuertes”, se hizo cortar el cabello bien corto y tiempo después, decidió lucir totalmente calva. Mandó a buscar a un barbero y le dijo que la tusara toda, pero antes, ante la mirada de familiares, le pidió: “Haceme una coronita para quedar igual a mi papá”. El barbero siguió al pie de la letra sus indicaciones y luego ella se tomó una fotografía para el recuerdo: “A mí me escondieron esa foto, porque a todos los demás les estaba dando ‘ataques’ y yo estaba muerta de la risa”. También hay lágrimas Anabella, abanderada del legado musical de Helenita Vargas, no niega que también ha derramado lágrimas por la situación que padece. Como aquella vez, luego de su primera sesión de quimioterapia. Se sentía tan bien, que en el aeropuerto quiso subir corriendo a tomar el avión, ya que estaba sobre el tiempo y “pasó de ser Supermán a la Superpulga”, no entendía qué pasaba y lloró desconsolada.Ha permanecido, además, en algunas ocasiones, “en modo Snoopy”: pasa con facilidad del canto a grito herido a un mutismo total y de pronto la ven “encerrada llorando”. Le dio duro también, tener que informarle, sobre todo a su mamá, sobre la enfermedad que le descubrieron, pues ella proviene de una cultura donde la palabra cáncer significaba muerte. Pero Anabella lo hizo de una manera tan “entretenida, mientras cocinaba”, que la convirtió en una cómplice más para derrotar a ‘Merlyn’, ese intruso que ya hoy mide solo milímetros. A ganar la batalla Anabella tiene fe de que, con la ayuda de Dios y de la medicina, vencerá a ‘Merlyn’. Ya cumplió el primer ciclo del tratamiento: cuatro quimioterapias que, por fortuna, no las sintió tan terribles como le habían comentado. Empezó la segunda parte del proceso: doce semanas consecutivas de sesiones de quimios que irán hasta finales de febrero de 2015. En la más reciente de esta sesiones, como el medicamento que le suministran le produce sueño, recuerda riendo, cómo la enfermera jefe le decía: “¡Logré domarla, no lo puedo creer!”. Posteriormente, se someterá a una cirugía de extirpación de sus dos glándulas mamarias para arrancar el tumor de raíz. Todo el proceso, calcula, le estará tomando alrededor de un año.Mientras tanto, seguirá luchando hasta el último minuto por vencer a ‘Merlyn’, sintiendo que le gana una batalla no solo cada día que ella ve un nuevo amanecer, sino cuando se entera que, gracias a su compartida experiencia, una amiga, compañera de colegio, un familiar o un fans deciden hacer un alto en el camino y hacerse un examen médico a tiempo.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad