La historia del expresidente de Bancolombia que renunció porque su hija se lo pidió
ENTRETENIMIENTO

La historia del expresidente de Bancolombia que renunció porque su hija se lo pidió

Abril 23, 2017 - 05:35 p.m. Por:
 Anderson Zapata e Isabel Peláez / reporteros de El País 
Renunció el presidente de Bancolombia

Carlos Raúl Yepes, renunció a la presidencia de Bancolombia luego de una sentida carta de su hija. 

El País 

Que el hombre con uno de los cargos más importantes y mejor pagados del país renunciara a la presidencia de Bancolombia y a un sueldo de más de $60 millones mensuales, fue una historia que resultó asombrosa para más de un colombiano. Y que fuera su propia hija quien le pidiera que lo hiciera, fue aún más increíble para muchos.

Carlos Raúl Yepes, el hombre que en su gestión dejó $200 billones de activos y tuvo a cargo 53.000 empleados, que fue en parte responsable de convertir a Bancolombia en uno de los bancos más sostenibles de América Latina y a nivel mundial, dejó su trabajo para “disfrutar de los placeres sencillos”, como lo explicó al presentar su carta de renuncia en abril de 2016.

Ahora, basado en esa experiencia empresarial, el creador del concepto de “una banca más humana”, escribió el libro ‘Por otro camino’, una invitación a crear conciencia sobre nuestros problemas, el valor de lo humano y la importancia del otro, a desacelerar nuestro ritmo de vida y reconocer la importancia de la ética y la escala de valores en nuestra decisiones.

Aunque podría creerse que hoy en día disfruta de un feliz retiro, como dice su esposa Gloria, “antes le pagaban por trabajar bastante, ahora mantiene igual de ocupado, pero no le pagan”.

¿Por qué escogió al entrenador argentino Jorge Valdano para escribir el prólogo de su libro?

Es una gran conferencista y gran persona. Cuando se radicó en España teníamos un amigo en común, José Suárez, quien me dijo que yo me parecía a Valdano, que nos quería reunir y desde allí somos amigos. Vivimos en contacto, algunas veces hablamos de fútbol, otras de ética y a finales del año pasado, hablando con unos amigos de Penguin Random House, me dieron varios nombres para el prólogo del libro y me decidí por Jorge. Me conoce y logró plasmar en tres páginas el sentido del libro y de lo que yo quería decir.

¿Cuándo nació la inquietud por escribir el libro?

No pensaba escribir un libro. Por mi trayectoria era muy cercano a difundir con los periodistas estas ideas, al hablar de una banca más humana y de un liderazgo diferente, que en ocasiones chocaba, así que al presentar mi carta de renuncia varias editoriales me solicitaron que contara mi historia. Me pareció muy interesante el proyecto que me proponía Random House. Todo era novedoso para mí, a pesar de que en el banco me la pasaba dando charlas y he sido abogado y profesor, era un reto que debía hacer de la mejor manera.

¿Es cierto que le tocó reescribirlo, después de 40 páginas?

Sí. Un día le mostré lo que llevaba escrito a un amigo y me dijo: “El libro parece de administración de empresas y los que te conocemos y trabajamos con vos, queremos escuchar una moraleja”. Ese día boté a la basura esas 40 páginas y empecé de nuevo. Quería que quien lo leyera se llevará una reflexión, para eso se trabajé ocho meses hasta febrero.

Mucha gente cuando ve el libro se pregunta qué están haciendo un cura, un periodista y un futbolista en un mismo sitio. Y es que este es para todos. Quiero que haya mejores personas para que tengamos mejores organizaciones y una mejor sociedad.

¿Cómo y cuando decidió que quería estudiar derecho y ser abogado?

Por haber estudiado 12 años en el Colegio San Ignacio tengo una formación jesuística arraigada. Me gusta pensar en los demás. Cuando estaba en quinto de bachillerato quería ser cura, piloto o abogado, hice unas pruebas de perfiles con la psicóloga María Luz Mejía y resultó que yo era apto para el derecho, las comunicaciones y las relaciones interpersonales.

¿Qué fue lo más satisfactorio de ser presidente de un banco?

A raíz de la forma de ser y de pensar de los jesuitas, me pregunté qué era lo que me molestaba de los bancos y es que son lejanos, excluyentes, fríos e irrespetuosos, y allí nació la idea de una banca más humana.

Ahora que el banco estaba en mis manos quería que fuera cálido, cercano, respetuoso y incluyente. La banca más humana es construir relaciones de largo plazo, basadas en el respeto y la confianza. Las empresas no solo tienen un rol económico sino también como actores de la sociedad.

Para mí lo más importante eran los empleados, después los clientes y los inversionistas. Si un empleado, que es quien está al frente de todo, no siente satisfacción, no se siente estimulado y no ve que puede crecer, nunca va a hacer feliz a un cliente.

Su oficina siempre estaba abierta a todo el público. ¿Por qué?

Mi oficina no tenía baño privado, yo iba a donde iba todo el mundo. Casi nunca cerraba la puerta y no me gustaba atender a la gente desde mi escritorio, pues era como una barrera, prefería trabajar en una mesa redonda o tomaba el computador y caminaba por el edificio, donde hubiese un sofá me sentaba y no pasaban más de 30 segundos y llegaba alguien a conversarme. En ocasiones se me enredó la vida porque la gente sabía que podía hablar conmigo y escribirme y que yo respondía los correos.

Me levantaba a las 5:00 a.m. sábados y domingos a responderles. A veces bajaba por los ascensores de carga y me encontraba con el personal de servicio y me quedaba en un butaco escuchándoles las historias.

¿Qué aportaron sus padres en su formación como líder?

Mi papá era músico y director del Conservatorio de la Universidad de Antioquia, y mi mamá, ama de casa. Soy el mayor de cinco hijos (cuatro hombres y una mujer). Eramos muy unidos. Un día estábamos reunidos en la mesa y mi papá nos dijo: “En esta casa cuando se va a hablar de alguien es para hablar bien”.

¿Cómo recibió la carta en la que su hija le pide renunciar?

Como lo cuento en el capítulo del libro ‘Las tres cartas’, todo empezó desde que me operaron a corazón abierto cuando tenía 33 años, tuve problemas de páncreas, de diabetes, de hígado y un día un amigo de mi papá me regaló un libro sobre el desapego del poder, de lo material y del dinero.

El día que quedé como presidente del banco, escribí mi carta de renuncia al banco, decía que no podía quedarme allí más de 8 años, quería estar máximo hasta el 1 de febrero de 2019. Hasta la autentiqué. Quería irme a la calle a hacer visibles a los invisibles, a cumplir sueños aplazados, tenía 53 años y empecé a temerle a la muerte.

Como presidente del Banco fui 10 veces a la clínica y el deterioro físico fue evidente por el estrés. En el 2012 me dio peritonitis y colectomía, estuve en cuidados intensivos por 20 días y otras tres veces por pancreatitis. Lo de la carta de mi hija pasó después de que salí de la clínica en septiembre del 2015.

Estaba escrita a mano, la encontré sobre la almohada. Me pregunté si estaba equivocado. Guardé la carta en el maletín y en los aviones la leía. Mi esposa me decía que ya era hora de hacerme a un lado, pero ¿por qué? Estaba en una buena empresa y mis hijos ya estaban jóvenes. Fue luego de las vacaciones que decidí recuperar mi salud, atender a mi familia y cumplir sueños aplazados.

¿Cómo reaccionó la gente cuando se dio cuenta de que iba a renunciar?

Muchas veces pensé en qué iba a decir la gente, pues yo solo llevaba como presidente cinco años y medio. La noticia fue una bomba, nadie se lo esperaba, pero yo tenía claro que cuando uno está en una empresa o se jubila o lo echan, yo no quería ninguna de las dos. A los vicepresidentes del banco, en una junta extraordinaria les leí la carta de renuncia y a todos se nos vinieron las lágrimas. Cuando salí los empleados me regalaron más de 3000 cartas.

¿Cuáles son esos otros placeres sencillos de la vida que añoraba?

Cosas muy sencillas, como comerme un helado. Una vez estaba en un centro comercial y me senté en una banca a comerme un helado, un señor se me sentó al lado y me dijo: “Yepes, está cumpliendo sus sueños”. Le dije: “Sí, parece que sí”. Cosas de la vida como estar con mi mamá un día a las 5:00 p.m., ir a comerme una almojábana, cosas que desde hace 30 años no hacía como levantarme a las 5:30 a.m. a hacerles el desayuno a los hijos o llevarlos a la universidad.

¿Le ha costado adaptarse al cambio?

Para nada. Hace poco iba con un amigo en carro y pasamos por la sede principal de Bancolombia y él la miró y me dijo que si no me daba duro dejar todo eso. Le respondí que no, que más duro fue desprenderme de las personas.


¿Qué les diría a quienes llevan más de 10 años en una empresa?

A las que llevan 30, 10, 5 años, les digo que vivan con un propósito y que desaceleren, que hagan un alto en el camino para preguntarse: ¿Me hace feliz o infeliz lo que hago? ¿Me alegra? ¿Me mortifica? Las respuestas están adentro. En el trabajo, la mayoría de las veces uno renuncia a su familia y a sus amigos y no hay tiempo de nada, la vida se vuelve monótona.

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