José Ordóñez, el pastor de la risa
ENTRETENIMIENTO
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José Ordóñez, el pastor de la risa 

Mayo 25, 2017 - 11:45 p.m. Por:
Por Isabel Peláez / reportera de El País 
José Ordoñez cumple récord mundial contando chistes por 86 horas

El comediante José Ordoñez reside con su familia en Miami, donde se desempeña como pastor de una iglesia. 

Con tan solo tercero de bachillerato, José Ordóñez es un autodidacta consumado. Aprendió a hacer televisión sobre la marcha, escribe todos sus libretos, es editor, musicalizador, diseñador gráfico. Ha hecho además radio, teatro, cine, ha escrito siete libros de humor, ha lanzado varios DVD, tiene 19.000 chistes en su repertorio, y en octubre empezará un proyecto con su hijo que es productor cinematográfico.

Él mismo se confiesa hiperactivo, tenerlo quieto seis horas es imposible, y su contínuo movimiento de los pies durante esta entrevista delatan su ansiedad por estar activo.

Actualmente vive en Miami con su esposa y sus hijos, es pastor asociado a Casa Roca, (iglesia cristiana) y es consejero de parejas. Vino a Cali para presentar el show ‘30 años ordeñándonos de risa’. “En 1987 ingresé a ‘Sábados felices’, en el 88, me gané un automóvil y desde ahí comenzó todo, decidí dedicarme a esto del humor”, recuerda.

Realmente se dio cuenta que podría vivir “del cuento” cuando no lo echaron del colegio, todo por ser el alma de las semanas culturales. Él era el culpable de que la institución ganara el primer lugar en canto, en poesía, en teatro. “Salir con esa capacidad de volverlo todo risa, chiste, mofa, al comienzo es un problema”, dice.

Y es que el hiperactivo José Bernardo, el segundo de tres hombres y tres mujeres, era un problema en su casa, sus papás no hallaban qué hacer con él. “Mis hermanos sí eran normales, decían que querían ser futbolistas, astronautas, doctores. Yo, en cambio, insistía en ser comediante y mi familia creía que yo iba a terminar siendo un burdo payaso”.

El humor lo heredó de su papá. “Él hacía con relativa frecuencia participaciones en ‘Sábados felices’. Él fue latonero toda la vida, pero se convertía en el personaje del barrio cuando en las fiestas se ponía a echar chistes. De ver cómo él se transformaba, decidí que yo iba a seguir por el camino del humor”.

Al padre le hizo gracia aquello, tanto que los primeros libretos de los chistes de Ordóñez en ‘Sábados felices’ Don José se los escribió a Junior. “Aprendí a escribir mis primeros libretos, a mano, al lado de él”. Fue en 1982, cuando José Jr. tenía 14 años. “Soñaba con producir radio, televisión, con poder comunicar humor. Los humoristas no nos hacemos sino que nacemos con esa capacidad e inventiva para el humor”.

No todo el mundo sabe que cuando Ordóñez se ganó el carro en ‘Sábados felices’ se lo robaron, perdió toda la plata y volvió a quedar “en tablas”, como dice él. “Me enojé con Dios, viajé de Bogotá a Bucaramanga defraudado, no quería ser comediante, no quería hacer nada en la vida, hasta que me encontré con mi esposa que me ayudó a volver a creer en mis sueños y en mis capacidades”, cuenta José, quien asegura que él mismo no se tomó en serio sino hasta que vio que podía ganarse la vida haciendo reír. “Aquí estoy, 30 años después manteniendo cuatro hijos, una esposa, una perra, un loro”.

De su época en la televisión con ‘Ordóñese de la risa’ destaca que sacó las cámaras a exteriores, cambió la forma de hacer humor y de 1993 a 1999 fue el programa número uno.

Pero lo que le dio más popularidad fueron los récords mundiales logrados en sus maratónicas de humor. “En 1993, un 28 de diciembre, rompo mi primer récord mundial de 24 horas, luego en Uruguay hago 26 horas y en 1994 hago 36 horas de chistes. La Feria de Cali se convirtió en la feria de chistes de José Ordóñez. Tengo diez récords mundiales, el último fue de 86 horas de chistes sin parar, en 2014.

Medio en serio y medio en broma dice que “quien no tiene una docena de cheques de empresarios que te quedaron mal, no es comediante”.

Y eso que ya no es aquel muchacho deprimido, cortavenas que le inspiró su personaje de Pablo Remalas “el que montó una fábrica de hielo y se le incendió”, ese, que confiesa, lo sacó de su propia vida entre los 16 y los 21 años, cuando su papá y su mamá se separaron y él entró en modo ‘emo’. O Benito, el niño de 7 años, impertinente y curioso, que proviene de Bernardo, su segundo nombre. Con ‘Los celios’ no se identifica, de perezoso no tiene nada. Luego llegaron Wendy Vanesa, ‘la cara fresca de las noticias’, Olinto Manjarrés, Rambu y Gallo Tapao, personajes a los que considera “hijitos”.

Dice que no es leyenda urbana que la mayoría de comediantes son malgeniados. “Pasé por esa etapa, pero aprendí a disfrutarme la vida. Sí soy es asocial, necesito estar solo, ahí fluyo, escribo. Mis hijos dicen que soy estricto, pero todo el tiempo estoy haciéndolos reír a ellos y a mi esposa”.

Son pocos quienes conocen su otro talento. “Alguna vez pensé que me dedicaría a cantar. Pero dije ‘la música colombiana ya tiene su feo, con Galy Galiano es suficiente’. Me gusta con mi esposa poner un karaoke, tomarnos una copa de vino y dedicarle canciones”. Y si bien acepta que la conquistó con humor, aclara que “para hacer reír a una mujer se requiere de tacto. El chiste debe ser como la ropa interior femenina, fino, corto y transparente”.

Aunque no hace ‘chistes verdes’ o vulgares, los opitas se molestaron por ‘Los celios’. “Me llamó el gobernador pidiéndome que los quitara del programa o me ponía una tutela. Aún deben estar allá diciendo ‘Ceeeeliooo... póngala usted’. Los pastusos también se enojaron, me inventé al Bobo Tanainas, le pasé esos chistes y ofrecí disculpas”.

Cuando empezó a predicar, los primeros en oponerse fueron los de la misma iglesia, “me decían ‘predique, pero nada de chistecitos’. En un tiempo entré en ese juego de ser serio en mis predicaciones, hasta que Dios me reclamó: ‘¿Qué estás haciendo con el talento que te di?’.

Siendo un pastor comediante he aprendido a caminar por el filo de una navaja, hay gente en la sociedad que no me perdona que yo sea cristiano y hay cristianos que no me perdonan que no haya dejado el humor. Pero ese número de detractores mermó, ya aceptan que los chistes no riñen con la comunicación de principios, siempre y cuando sepas hacerlos”.

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