Javier Arcenillas, el fotógrafo que retrata a las víctimas de la guerra de pandillas

Javier Arcenillas, el fotógrafo que retrata a las víctimas de la guerra de pandillas

Mayo 22, 2018 - 09:31 a.m. Por:
Jaír Fernando Coll Rubiano, del Semillero de Periodismo UAO - El País
Fotografía de Javier Arcenillas. Una tienda en Puerto Triunfo, Antioquia.

Fotografía de Javier Arcenillas. Una tienda en Puerto Triunfo, Antioquia. Fecha: agosto del 2017.

Javier Arcenillas / Especial para El País

La única iluminación era el destello de los disparos. En una calle de San Pedro Sula, ciudad del norte de Honduras, Javier Arcenillas estaba en posición fetal, en un punto ciego en donde era inmune a las balas de dos pandillas enfrentadas. Debía cuidarse de moverse lo menos posible o, de lo contrario, lo confundirían con un pandillero. Y más si cargaba un artefacto que podía ser confundido con un arma, pero que no era otra cosa que la cámara con la que él venía captando la violencia de Latinoamérica.

“Hasta me oriné en los pantalones. Una auténtica pesadilla, una cosa asquerosa… pero bueno, son gajes del oficio”, señala.

Javier no cambió su posición hasta el amanecer, cuando el Ejército y la Policía desarmaron a las dos bandas. Y tras revisar su cámara, descubrió que la mayoría de las fotos estaban oscuras, a veces con pequeños destellos de luz, violentos y con mucha pólvora.

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Era agosto del 2012 cuando ocurrió el incidente. Javier ya estaba familiarizado con la violencia del continente, desde el 2007. Honduras, El Salvador, Colombia y Guatemala: esos fueron los países en las que estuvo diez años para fotografiar la guerra de pandillas, las noches de nota roja y el narcoturismo. Su trabajo se llamó ‘Latidoamérica’ y hace poco fue reconocido por el World Press Photo como tercer mejor proyecto de largo aliento.

De 30 fotos que componen ‘Latidoamérica’ una llama la atención por la extrema dificultad que conllevó . Es la del sicario que, con un arma, intimida a otro hombre en Guatemala. ¿Cómo logró esa imagen?

Fue bastante difícil, me costó muchísimo tiempo acceder a los sicarios. Y durante un paseo con ellos, uno vio a alguien que le debía dinero y empezó a perseguirlo. Fui tras él hasta unas escaleras, en donde pude fotografiar, con tan mala suerte que la imagen me salió movida. Apenas pude medir la luz y darme cuenta de lo que sucedía hasta después de la amenaza. ¿Por qué no se daban cuenta que estaba allí? Supongo que para ellos yo formaba parte del entorno, les daba igual que estuviera.

¿El sicario supo que usted captaba ese momento? ¿Le mostró la foto?

No, nunca me pedían explicaciones por las fotos que hacía, salvo con alguno que otro retrato en su entorno familiar. Yo llevaba una mini- impresora y, de cuando en cuando, les regalaba imágenes de ellos riéndose, de situaciones esporádicas.

¿Fue difícil ganarse la confianza de estas personas cuya labor es quitar la vida de otros?

Fue complicado. Yo trabajaba en El Periódico de Guatemala y llevaba meses cansado de hacer nota roja, porque no tenía acceso a quienes mataban. Pero gracias a un trabajador del diario, conocí a varios sicarios de la Zona 14 de la Ciudad de Guatemala, en el sur. Me interesaban sus historias, quiénes eran, por qué se dedicaban a matar, para qué los contrataban. Y desde entonces me fueron consintiendo hacer ciertas fotografías. En ningún caso mi trabajo es fruto de la improvisación sino del tiempo, de mucha paciencia. Una vez que pierdes la confianza de estas personas, lo pierdes todo y puedes hasta perder la vida.

Algunos colombianos guardan culto a los narcotraficantes, bien sea por telenovelas o por comprar camisetas con la cara de Pablo Escobar. ¿Qué conclusión sacó de esta situación cuando la incluyó en ‘Latidoamérica’?

No me hizo ninguna gracia. No entiendo cómo en Colombia, en donde la adoración debería ser para García Márquez, sea para Pablo Escobar. Aunque también entiendo que este tipo de situaciones han venido dadas por telenovelas que han acrecentado un mito que es bastante cínico e hipócrita.

Hace un par de meses escribió esto en su Facebook: “Los premios son una mierda, llenos de ego y lustro que apenas me interesan”. ¿Qué busca entonces al participar en concursos de fotografía y más ahora que ha sido reconocido por WPP?

Me interesa la difusión. Cuando la gente va a una exposición de World Press Photo permanece frente a mis imágenes al menos cinco minutos. Ni de broma le dan el mismo tiempo a un periódico y menos en un portal de Internet. Lo hacen apenas unos segundos. Y por otro lado, se encuentra la financiación que uno busca con los concursos de fotografías y más si en el oficio del fotoperiodista se sufren dificultades económicas.

Me presento a los certámenes porque me pagan más que cualquier publicación. Un premio puede financiarme un año de trabajo y una publicación, un boleto de avión.

En una Ted Talk (charla) dijo que, al terminar un trabajo, transporta “fantasmas que luego debemos ocultar a las personas que tenemos cerca”. ¿Cuál es el fantasma con el que lidia?

El peor fantasma es perder amigos y colegas del periodismo, reporteros que han sido asesinados en México, Honduras, Guatemala, El Salvador. En Colombia no he perdido amigos, pero sé de algunos que han sido amenazados. Esto no se puede consentir, somos heraldos, mensajeros de la información.

"El peor fantasma es perder reporteros que han sido asesinados. Eso no se puede consentir".

Javier Arcenillas

El hombre detrás de ‘Latidoamérica
Javier Arcenillas nació en Bilbao, España, en 1973. Es soltero. Aunque se graduó como psicólogo en la Universidad Complutense. Decidió dedicarse al fotoperiodismo y la fotografía documental. Su trabajo ha sido publicado en la revista Time, Der Spiegel o el Miami Herald Magazine y ha sido reconocido con premios como el Arts Press Award, Euro Press de Fujifilm, etc.

Nuevos proyectos
“Estoy un poco cansado de la violencia. Necesito despejarme y para ello tengo dos trabajos destinados a exhibiciones en galerías: territorios OVNIS en EE.UU. y la cuna del cristianismo en Israel, Armenia y Jordania. Y pienso visitar los lugares en donde estuvieron las maravillas arquitectónicas del mundo clásico”.

Tiene una foto de 2015 de una niña que llora sobre los ataúdes de las hermanas Daysi y Mary Luna en Usulatán, El Salvador. Ambas fueron asesinadas por Mara 18, organización criminal.

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