ENTRETENIMIENTO

¿Hace parte de la generación de los 'amos de casa'?

Enero 24, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Meryt Montiel Lugo, editora equipo de domingo
¿Hace parte de la generación de los 'amos de casa'?

Los hombres colombianos participan cada vez más en las labores domésticas, y son padres más entregados.

Los hombres colombianos están más comprometidos en las tareas del hogar que hace 30 años. Se involucran  sobre todo en el cuidado de los hijos (los llevan al colegio, a citas médicas, fiestas infantiles y juegan con ellos); al mantenimiento de la casa (arreglan desperfectos o se encargan de buscar a quien lo haga); en la compra en los supermercados (aunque no decidan qué se va a comprar porque el 60 % de las decisiones las realizan las mujeres) y cocinan. Pero eso sí,  en fechas y momentos especiales. 

Son los más jóvenes, especialmente los treintañeros, los más abiertos a este involucramiento mediante el cual no solo actuan como proveedores sino que se aseguran de que los recursos que proveen sean bien utilizados. Si hay que contratar a una persona que limpie la casa, por ejemplo, buscan que sea la mejor. Y son varones que por lo general han vivido solos antes de casarse y que tienen una percepción positiva de las labores domésticas que hacen (las realizan con gusto, a diferencia de las mujeres que,    por la obligatoriedad y cotidianidad no las hacen con  agrado). 

Son hombres que ya no tienen por sentado que cuando lleguen los hijos la mujer deje su trabajo para dedicarse a la crianza de estos, sino que están más conscientes de que  esta decisión deben tomarla en conjunto. 

Estas son algunas de las conclusiones que arrojó un reciente estudio de la escuela de negocios  de la Universidad de la Sabana sobre ‘Armonización, trabajo y familia’, liderado por  Sandra Idrovo Carlier, comunicadora social con doctorado en comunicación pública.

La investigadora del Centro ‘Cultura, trabajo, cuidado’ de dicha escuela, recordó para El País que,  de acuerdo con cifras del Dane de 2013, los varones colombianos utilizan 2 horas 23 minutos al día para realizar actividades del hogar, pero que las mujeres invierten  7 horas 58 minutos. “Son datos significativos: antes esas dos horas y 23 minutos de los varones dedicadas a  los quehaceres domésticos no existían, sin embargo, dice, también vemos que es la mujer la que asume mayoritariamente las labores del hogar, eso no ha cambiado”.

En Cali el panorama machista comienza a cambiar, si consideramos los resultados de  un sondeo de opinión realizado en la fan page de Facebook de este diario, pues un 37 % de las caleñas aseguran que sus maridos cooperan “siempre” con las labores domésticas; un 34 %,  dice que  “regularmente”,  y un 29 % sostiene que “nunca”.  Y los hombres caleños manifiestan que prefieren la limpieza de la casa (un 45 %); cocinar (un 29 %) y cuidar de los niños (un 26 %).

Según el sicólogo y terapeuta de familia René Solano estas conductas se dan porque ha habido  cambios de paradigmas culturales: los roles en las tareas domésticas tradicionales de hombres y mujeres se han venido transformando. Antes, la cultura machista planteaba la desigualdad en el hogar con acuerdos tácitos en el que el hombre era el encargado de las cosas de fuera de la casa: la producción, los asuntos públicos, políticos y la mujer era la de las tareas domésticas, la del cuidado emocional, la de las comunicaciones. En la actualidad existe la posibilidad de relaciones más igualitarias, donde ponen los dos y construyen sus propios paradigmas, los que les permiten ajustarse con mayor comodidad y eficacia para resolver los asuntos de crianza y el manejo de los asuntos domésticos.

Aunque, advierte Solano, aún encontramos familias en las que existen arraigos machistas, en las cuales hay muy pocas funciones domésticas para el varón y en donde existen padres que no permiten que se ejerciten en este tipo de actividades.

La mujer, con tantas responsabilidades en la crianza, en el trabajo y en el hogar está sobrecargada, interviene Viviam Unás Camelo, comunicadora social con maestría en sociología, jefe del Departamento de Pedagogía de la Universidad Icesi. 

La responsabilidad sobre la casa, agrega Unás, sigue siendo femenina al punto que decimos: ellos nos ‘ayudan’, nos ‘aportan’ y los aplaudimos, se lo celebramos...cuando  el quehacer doméstico debe ser visto como una responsabilidad compartida y no solo como la pequeña tarea en la que el hombre colabora, sino como el trabajo intelectual de administración del hogar:  una labor enorme  que es subvalorada pues, como decían las abuelas, es una labor desagradecida y desgastante, ya que solo se nota cuando se hace mal.

“Debe haber corresponsabilidad. Cada hogar debe diseñar su propio mundo y sus propias reglas sobre la distribución del trabajo doméstico partiendo, por supuesto, de hacer tareas que les gusten a ambos y desechando la idea de que son solo las mujeres las que deben ser las responsables de la casa. Hay que romper paradigmas: que los hombres asuman que esta no es una ayuda, ni una participación, esta tarea debe ser asumida como una corresponsabilidad”, manifiesta Unás.

Similar apreciación tiene la investigadora Sandra Idrovo, quien manifiesta que cuando el hombre dice en su lugar de trabajo ‘voy a recoger a mi hijo al colegio’ la gente le manifiesta frases como qué bien, eres un padre comprometido, qué chévere, hasta el jefe lo ve como un buen elemento, pero cuando es la mujer la que pide permiso para ir por su hijo provoca comentarios como: ‘ya viene otra vez con lo mismo’. ‘¿Es que no tiene alguien quien la ayude?’. Se ve distinto y se empieza a generar algún problema. 

Por eso, dice Idrovo, es la diferencia en la percepción positiva que tienen los hombres sobre las tareas que realizan en casa  (que son muy puntuales) y la percepción negativa  que  de estas tienen las mujeres.

Hombres con otro chip

La verdad es que no se puede negar que hoy existen hombres bastante comprometidos con las labores del hogar y la crianza de los niños, aunque en nuestra sociedad aún se vean como “marcianos”, “extraterrestres”, “con un chip súper evolucionado” o de los que ya no tienen par porque “se rompió el molde”, como se escucha decir popularmente a hombres y mujeres.

Es el caso de Germán Rodríguez, esposo de la ama de casa caleña Diana Varón desde hace 17 años y con quien tiene una hija.

Diana cuenta entusiasmada cómo amigas y amigos tildan a “’Germancho’ de ser “un extraterrestre”, porque este diseñador gráfico se le mide a todo en el hogar.  Antes o luego de cumplir con su trabajo él no tiene ningún problema en colgar la ropa que ella por salir a las carreras deja en la lavadora; o de ponerse a doblarla al mediodía antes de hacer la siesta; en limpiar si algo está sucio; de lavar en la mañana  las ollas que ella deja ‘remojando’ la noche anterior; de poner la loza en la alacena; hacer su café, prepararse el desayuno....

“Con la niña, cuando bebé, también me cooperaba mucho. La bañaba, jugaba con ella, le daba el tetero, tenía toda la paciencia del mundo para sacarle los gases, a veces hasta demoraba una hora en esa tarea. Si él hubiera tenido pucheca hubiera amamantado a Valeria”, cuenta Diana entre risas.

Es que a los hombres de hoy no nos queda grande nada, asegura Aurelio Chamorro Roldán, asesor empresarial y de familia. “Yo conozco hombres y me incluyo, que hasta peinamos a nuestras hijas. Hacemos actividades en las que anteriormente nuestros padres no se involucraban para nada, todo se lo dejaban a la mujer”.

El hombre le perdió el miedo a las tareas de la casa, continúa Chamorro, quien considera que el involucramiento de los varones en la crianza y en las labores del hogar en la actualidad no genera tanta crítica ni tanta admiración. “Es un tema ya normal, cotidiano. No somos el ciento por ciento de los hombres los comprometidos, pues todavía hay reductos que repiten las conductas de hace tiempo. Pero los hombres menores de 50, 55 años, participan de los roles fundamentales. Y creo que la tecnología nos ha ayudado: poner a hacer un café es mucho más sencillo usando la cafetera; hacer un arroz en la arrocera e incluso, lavar  la ropa en una lavadora que hace todo el proceso ha contribuido a esta tendencia”.

“No me da pena”El representante artístico Luis Carlos Jaramillo, más conocido como ‘Súperboy’ entre sus conocidos, se considera un muy buen amo de casa.  Dice que de 6:00 a 8:30 a.m., antes de emprender sus actividades de tipo empresarial, lava baños, recoge toallas, limpia, organiza, aspira tapetes, lava y a veces cocina (es experto en pastas). Con Isabel, su actual pareja, una joven veinteañera que estudia actuación y música, ha hecho un convenio. “Como a ella  le gusta cocinar, pero no arreglar la cocina, ella cocina y lava, y yo acomodo los platos, organizo y limpio la cocina. Y cuando yo cocino le saco brillo a todo, hasta al lavaplatos”.  A ella, asegura, le enseñó a lavar la ropa blanca con jabón de coco. “Le expliqué que lo echara a la lavadora rallado, que lo rallara como si estuviera rallando una zanahoria. Y ya ella esto se lo ha enseñado a la hermana”.  El desayuno siempre se lo llevo a la cama, revela él. “Un amigo me dice, ‘No acostumbres mal a las mujeres’, pero no le hago caso. Hay hombres que no tienen esa cortesía, les da pena. A mí no. Yo lavo la ropa y hasta la ropa interior se la tiendo. A mí no me encuentran  las 6:00 a.m. en la cama. Como soy cucarachofóbico, polvofóbico, trapofóbico, comenta Jaramillo,  me gusta tener las cosas organizadas, limpias. “Por eso no tengo problema si mi pareja se levanta tarde. Yo la atiendo, sé que está cansada y la dejo dormir hasta las 11:00 a.m. Cuando ella se levanta yo ya tengo desayuno, la ropa lavada, los trastos lavados. Ella me dice que le cuenta a sus amigas sobre todo lo que hago en la casa y que ellas no le creen. A mí me gustan las plantas, regar el jardín, todo tenerlo organizado y si uno da ejemplo de orden y de limpieza los hijos también van a ser como uno, comenta el representante artístico. Cree que su gusto por las tareas del hogar proviene de la crianza que recibió de su abuela “matrona” y dos tías que eran muy organizadas y que desde pequeño  lo ponían a barrer el andén, el antejardín y a sacar a pasear a  los perros. Busca armoníaJohan Palacio* es un caleño de 33 años, casado hace doce con una ejecutiva caleña, con quien tiene dos hijos, una niña de 11 años y un bebé de 10 meses.  Cuenta  que “colabora con mucho gusto” con su esposa, quien trabaja fuera de casa,  en una editorial. Él, dice, prepara la comida, cuida de los niños, hace aseo en la casa, a veces lava la ropa y como ahora es un trabajador independiente y su empresa queda cerca de su residencia, “se me hace mucho más fácil atender a mis hijos”. Sostiene que todo eso lo hace porque su esposa llega tarde de trabajar y labora incluso fines de semana. Manifiesta, además, que a las bromas que le hacen sus amigos por ser un hombre comprometido con los quehaceres domésticos no les presta atención. “Sé que lo hacen por recochar, no por ofender. De todas formas, a mí  no me preocupan los comentarios. Yo todo lo que hago, lo hago por los míos, por la armonía de mi hogar. Claro, que a veces mi mujer cuando descansa se relaja mucho y quiere que yo esté ahí, en las mismas, haciendo oficio”.*Nombre cambiado.

Ventajas

 

 

Tenga en cuentaAntes de vivir en pareja hay que conversar y concertar sobre cómo será la distribución de las tareas domésticas: quién va a lavar los platos, a cocinar, a limpiar... Hay que hablar y que ni el hombre ni la misma mujer asuman que ella lo tiene que hacer todo por el solo hecho de ser mujer.  Discutan qué saben y qué les gusta hacer a cada uno, divídanse las tareas y háganlas bien. Los acuerdos que se pacten deben ser cumplidos por  ambos.Ya siendo una pareja,  no le tema al conflicto de transformar los roles de género con que hemos sigo criados. La conflictividad es saludable porque busca la transformación de la manera como nos estamos distribuyendo las tareas. Busquen la forma más inteligente de resolver los problemas, pero que no sea exprimiendo a la mujer.A veces las principales enemigas de que el varón se involucre más en la casa son las mujeres porque no los dejamos, los criticamos, menospreciamos su labor o no les exigimos cooperación. O  no los acostumbramos a que ellos ellos tomen las decisiones con respecto de algunos temas. Como la mujer que le pide al marido que lleve la niña al colegio y le deja una larga lista casi interminable de lo que tiene que hacer antes e inclusoooo, hasta con qué ropa vestirla.  Les ponemos reglas tan  difíciles que ellos terminan diciendo: ‘si no confias en mí, entonces, hazlo tú’.   La mujer debe bajar los elevados estándares que tiene, como el de una limpieza impecable en la casa. Si la mujer quiere trabajar fuera de casa, tener éxito en su carrera, también, probablemente, tenga que renunciar a algunas cosas, como mantener todos los días el hogar rechinante de limpieza.  Tiene que descansar, relajarse, dedicar tiempo  para ella, para su pareja y su familia.Que los hombres se adapten a los nuevos estándares de limpieza y que dejen a un lado aquellos con los que seguramente fueron formados en una sociedad donde las mujeres no tenían que ir al trabajo.Hay que enseñarles a los hijos varones que el mundo de lo doméstico es amplio, creativo, en el que hay mucho trabajo y donde deben ser corresponsables, no meramente participantes. Este tipo de comportamientos forman una sociedad distinta, ayudan a  construir un mundo mejor. Las organizaciones tienen que estar conscientes de que las empresas que cuidan de su gente y sus familias rinden más. Si quieren aumentar el compromiso de sus empleados  y no tienen dinero para ello, hay otras formas de hacerlo, como flexibilizando horarios, permitiendo el trabajo en casa. Es un tema de mentalidad que debe ir cambiando.Las empresas deben entonces adoptar medidas de conciliación de la vida personal, familiar y social, es decir, que los trabajadores tengan por ejemplo, mayores posibilidades de compartir con sus hijos: de irlos a recoger al colegio, de ayudarlos a hacer las tareas temprano, de servirles el almuerzo o ir a su primera presentación artística.

 

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