¿Felices los tres?, el reto de las parejas con relaciones abiertas

Julio 26, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
¿Felices los tres?, el reto de las parejas con relaciones abiertas

El poliamor no se basa en ser libre para tener sexo con todo el que quiera. Implica abrirse a la posibilidad de que usted o su pareja tengan lazos afectivos muy fuertes y profundos (lazos de amor) por otras personas.

La pareja abierta o el ‘poliamor’ es la elección de muchas parejas que deciden darse espacio para tener otros amantes, aparte de su pareja oficial, sin que ello implique sufrimiento, celos o engaño.

Solo imagine el panorama: un matrimonio que lleva muchos años de unión, que tiene hijos en común y una vida sólida y estable a la que no se quiere renunciar. Sin embargo, algo falta en sus vidas, esa chispa sexual que tenían en sus días de noviazgo, la emoción de la conquista, o el placer de hallar otros afectos que complementen su mundo. 

¿Qué hacer? La conclusión a la que cada vez más parejas están llegando es la monogamia flexible o ‘matrimonio abierto’, que consiste en conservar la unión matrimonial como la principal en sus vidas pero, al mismo tiempo, estar dispuesto a que cualquiera de las dos partes de la pareja satisfaga sus deseos sexuales y afectivos sin que ello implique romper o dañar el vínculo principal.

La pareja abierta es un acuerdo que muchos ven como ideal para esta época,  pues muchos  matrimonios se acaban por una infidelidad o por celos, o por engaños terribles que podrían evitarse sin las dos partes asumen  que tienen necesidades afectivas y sexuales que no solo su pareja puede llenar. 

“Poliamor quiere decir mantener una relación íntima, sexual y amorosa con varias personas, donde todos los involucrados tienen conocimiento de la situación y lo consienten”. Así lo define la sexóloga brasilera Flavia Dos Santos, en su libro ‘Poliamor’, más allá de la infidelidad.

Pero aclara: “No significa ser promiscuo ni tampoco se trata de confundir la libertad con salir en búsqueda de relaciones sexuales sin compromiso, orgías anónimas, encuentros accidentales de una noche, tríos ni prostitución”.

La experta explica que el término Poliamor no es nuevo, es usado desde los años 60 en el boom del hipismo y del amor libre. 

No obstante, ha cobrado fuerza renovada por cuenta de la crisis de tantos matrimonios que reclaman un esquema menos rígido de relación y reclaman su derecho a  explorar su sexualidad y su afectividad de manera más libre. 

El poliamor no se basa en ser libre para tener sexo con todo el que quiera. Implica abrirse a la posibilidad de que usted o su pareja tengan lazos afectivos muy fuertes y profundos (lazos de amor) por otras personas, y que algunas veces pueden desembocar en sexo. 

Según Flavia “El poliamor lo practican personas que están abiertas al amor y a sus diversas formas, donde se acepta que pueden sentir emociones hacia varias personas al mismo tiempo”. 

1. Los dos deben estar igualmente convencidos

Según la psicóloga Silvana Iannini, el poliamor es una decisión de dos, y no de uno que acepta presionado por el otro, ni de uno que acepta lo que el otro popone por temor a perderlo. “No se vale que el uno le ‘venda’ la idea al otro”, afirma la experta, y la razón es que la única manera sana de entrar a una tipo de relación abierta es hacerlo de forma libre, voluntaria, madura, reflexionada, haciendo  balance de pros y contras.

Todo pacto de pareja abierta debe establecer unos límites de común acuerdo. Y los límites deben ser aceptados y respetados por las dos partes. Por ejemplo, ¿se dan la posibilidad de tener sexo con otros, pero jamás en la casa de ambos, ni en otros espacios que son solo de la pareja oficial? 

“Hay que dejar claras muchas cosas: ¿Si no me gusta la persona que mi pareja ha elegido para tener sexo lo puedo vetar? ¿Es válido meterse con amigos en común? ¿Las aventuras sexuales se comentan o no?”, explica Silvana Iannini. El grado de permisividad puede variar de pareja en pareja. Habrá unas que se permitan el uno al otro grandes libertades afectivas y sexuales, y otros que plantean una apertura moderada, pero en ambos casos dentro de ciertas reglas y límites.

3. Habrá sexo seguro

Si van a transitar de la monogamia a una relación abierta, deberán estar listos para protegerse contra las enfermedades de transmisión sexual. No habrá  sexo con desconocidos ni  orgías al calor de los tragos; tampoco encuentros sexuales  en primeras citas, sino solo con personas sanas que se han sometido previamente a exámenes que garanticen su salud sexual.

En todos los casos, los encuentros sexuales se harán usando condón y otros métodos anticonceptivos para evitar tanto enfermedades como embarazos no deseados. También, los miembros de la pareja y sus amantes tendrán que  hacerse chequeos médicos con regularidad. Lo que esto demuestra es que la apertura sexual no es promiscuidad, sino que   exige el doble de madurez y responsabilidad.

La pareja debe preguntarse para qué quiere tener tanta libertad sexual y afectiva, ¿para reforzar y complementar la relación principal? ¿O para darle largas a una relación agonizante mientras se enamoran de alguien más? Hay que ser muy claros y sinceros al respecto: las relaciones poliamorosas o abiertas deben tender a unir a la pareja y a hacerla más feliz y más completa. El propósito no es dañar la relación principal ni agobiar a la pareja.

Atención hombres: Esto es de parte y parte. No es solo una carta blanca para tener sexo. Significa que esa libertad también la tendría su esposa, para crear afectos profundos con otro u otros hombres y llegar incluso a encuentros sexuales habituales sin que ella sea juzgada o culpabilizada.

5. Las reglas son modificables

La gente cambia, madura, crece, se transforma cada día. Lo que hoy vemos como atractivo y excitante, luego se hace indeseable o innecesario. Y lo que hoy vemos con temor y tabú, luego se hará  tentador ante nuestros ojos. 

Por eso siempre es posible modificar la relación abierta, ya sea para hacerla más amplia  y permisiva o para reducir las libertades que se ha otorgado  la pareja en un momento dado. 

Las dos cosas son válidas siempre que todo sea en medio del respeto, el diálogo y la honestidad. Si uno de los dos miembros de la pareja  se siente vulnerado por el acuerdo o cree que no podrá manejar sus celos, hay que evitar este tipo de situaciones. Y si se  aceptan, asumir que será para el goce y la plenitud de las dos partes.

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