Fauna marital: porque maridos hay muchos y muy variados

Abril 12, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Estas son las características de los diferentes tipos de maridos. Ni buenos ni malos del todo, pues cada dolor de cabeza tiene su pastilla.

Los hay de todas las formas y colores. El marido  escapista que se esfuma como por arte de magia, justo cuando su familia más lo necesita y  el que vive en modo autista y su esposa  solo sabe que está vivo porque lo ve respirar o mejor, roncar. 

También está el  que muestra a toda hora  un optimismo irritante o el Narciso que nunca superará el hecho de que  su mujer sea mejor que él en cualquier sentido. 

Los hay dictatoriales, sometidos y  nenés de mamá, sicorrígidos  e insaciables   que exigen sexo a cualquier hora del día y en cualquier lugar. 

En el programa ‘Escuela para Maridos’, del canal  Fox Life,que conducirá entre otros la  sexóloga Alessandra Rampolla, se verán algunos estereotipos como  el “eterno adolescente”, “el machista”, “el irresponsable”,  hombres que, con la seguridad del matrimonio o de una relación estable, han profundizado algunas de sus manías. No hay marido perfecto, como tampoco príncipes azules, pero sí se puede trabajar en los aspectos negativos para no convertirse en el sapo del cuento de hadas. 

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Su esposa y sus hijos son sus soldados, y existen solo para obedecer sin cuestionar. Este marido es feliz inspirando pánico, y al llegar a casa todos dejan de hacer lo que estaban haciendo y corren a limpiar y a estudiar para que El General no los encuentre mal parqueados. 

Rígido en la cama, pacato en demostraciones de afecto, exigente en la mesa y tacaño a la hora de demostrar el amor con regalos. Por otro lado, es un buen proveedor e ideal para mujeres sumisas que necesiten su inmenso poder de protección.

“Muchos hombres de hoy  están  modelados bajo el presupuesto antiguo de no dejar en evidencia sus más íntimas emociones y pensamientos, pues creen que eso  los puede poner en una posición de vulnerabilidad ante la mujer”, explica la sicóloga. 

Por naturaleza, la mujer habla más que el hombre, así que ella no debe esperar que su marido reemplace a su grupo de amigas. Tal vez él no es autista sino, tan solo, un hombre.

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Ella tiene sueño; es más, está profundamente dormida tras un arduo día de atender a sus hijos, cocinar y acudir a la reunión de padres de familia. Pero este marido no perdona: es capaz de despertarla a cualquier hora   para tener sexo. 

Y si ella se descuida, puede haber repetición. El insaciable no acepta un no como respuesta, no cree en la jaqueca, en la visita de los suegros en el cuarto contíguo, ni en nada que limite su irrefrenable deseo. Olvidar quitarse las medias es otro de los pecados de su premura.

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El marido perro se casa para tener una mujer a quién engañar. En su naturaleza no está la fidelidad, y se justifica en mil y un estudios científicos para justificar su adicción al sexo.

A diferencia del infiel ocasional, el perro clásico tiene grabado en sus genes y en su psíquis la promiscuidad. Ese es su estilo de vida, y suele dar con mujeres que  toleran,  justifican y perdonan su actuar.

Ellas son machistas, también, y sueñan con ser esa mujer que los “regenerarᔠpara siempre. Su sueño ideal es que varias damas se peleen por él.

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Es el marido de mostrar y su esposa lo tiene   siempre en un pedestal.

Es buen mozo, tiene un trabajo de prestigio, una  cuenta bancaria envidiable, es deportista, tiene una familia sin tacha aparente pero, al mismo tiempo, su mujer debe soportar las comparaciones odiosas de quienes piensan que ella es “afortunada por tenerlo a su lado”. 

Don Perfecto tiene pies de barro, pues ni el salario, ni los proyectos, ni el trabajo de su esposa estarán a su altura y  esperará que ella se conforme con  ser la reinita perfecta  del  hogar perfecto.

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Para algunas   mujeres la relación de pareja solo sirve para satisfacer el amor  exacerbado que sienten por sí mismas, relación en la que el hombre simplemente ocupa el rol del perrito faldero  que les da compañía  y consuelo en su camino hacia el estrellato  personal. 

Lo adiestran de tal  manera que él mueve su colita cuando ella lo halaga con su sola presencia.  Siempre está dispuesto a recibir lo que venga de ella, así sean migajas. No se queja,  no exige,  no critica. Este marido es la mascota predilecta de las mujeres narcisas que no conciben estar al lado de  un hombre autónomo,  con personalidad fuerte y proyectos propios.

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A primera vista es el esposo que todas las amigas envidiarían: siempre está de buen humor, tiene una broma en la punta de la lengua y no le encuentra problema a nada (claro, porque sabe que todo lo solucionará su mujer).

Si lo despiden,  sigue sonriente. Si las deudas apremian, se da media vuelta y sigue durmiendo. Y cuando su esposa está triste o necesita su apoyo se irrita,  porque está tan metido en su supuesto “positivismo” que no puede soportar que lo saquen de su zona de confort.  Siempre tiene en mente un negocio que lo hará rico  y muy tarde su mujer descubre que no era positivo, sino atenido.

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Este marido es un mago en  el arte de desaparecer cuando más lo necesita su mujer. Sus hijos  casi que lo conocen por fotos y, si tienen suerte, lo contactan por  redes sociales. 

A la esposa de este maestro del escapismo le toca convertirse en  investigadora privada para dar con la pista de su paradero. Nadie sabe si el hombre está en su oficina en una junta (de ombligos, quizás), o en algún lugar (paradisíaco) de negocios.  Es el último en enterarse de los logros de sus hijos, y  no sería raro que su esposa tuviera que  llamar a hospitales, cárceles, hoteles  y morgues para buscarlo.

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Su esposa parece su madre. Él, más que esposo, parece un hijo que exige mimos y contemplaciones. Al marido-hijo le cuesta crecer. 

Por lo general tiene un empleo de baja responsabilidad y gana menos que ella, pero eso lejos de afectarlo le fascina, así ella puede comprarle ropa de marca (porque exigente sí es), cambiarle de carro (porque gasolinero también es) e  invitarlo de vacaciones a todos los sitios que él  soñó conocer (porque buena vida es y será siempre). Si logra hallar a una mujer con gran  espíritu maternal, estarán juntos hasta que ella le herede su fortuna al morir.

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Es el hombre  cuyo ego bastante exaltado  tiende a disminuir a su pareja. Detrás de esta actuación masculina, según los terapeutas de pareja, hay  una estrategia psicológica muy usada por aquellos  que tienen complejo de inferioridad, que se sienten disminuidos y a cambio devalúan al otro para compensar su  propia minusvalía.

Son los que se auto-elogian permanentemente y  exaltan de manera exagerada o mentirosa algunas de sus características o actuaciones. Para el narciso, admitir que su pareja puede superarlo en algún aspecto es algo que no se puede permitir, así que trata de mantener el bajo perfil de su pareja.

 

 

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