Esta noche, Yuri Buenaventura llenará de salsa el Teatro Municipal de Cali

Diciembre 22, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Esta noche, Yuri Buenaventura llenará de salsa el Teatro Municipal de Cali

Yuri Buenaventura, salsero vallecaucano que arrasa con su música desde hace años en Francia.

Yuri Buenaventura, el salsero más reconocido de Francia, llega a la capital del Valle del Cauca más maduro y más cercano a sus raíces.

En Buenaventura, la tierra de la que brotó esta voz, cuando un niño nace le tocan música. Y al nacer Yuri Buenaventura, en su primer soplo de vida, se inyectaron los sonidos de los tambores, los cununos y la marimba, y se quedaron adheridos en sus cuerdas vocales y vibrando en su alma. Yuri Buenaventura no es un salsero cualquiera. Y aunque algunos caleños aún no lo conozcan, ha sido el mayor embajador de la salsa en los escenarios de Francia, y un colonizador del género en prestigiosos festivales de música de Europa y África. Bautizado así en homenaje a Yuri Gagarin, primer hombre en viajar al espacio, este estudiante fugado de la facultad de ciencias económicas de la Sorbona empezó tocando en el metro parisino y se convirtió en uno de los cantantes de salsa más conocidos del París latino, y en amigo cercano de Camilo Azuquita, Ernesto ‘Tito’ Puente y Orlando Poleo. Su versión salsa de ‘Ne me quitte pas’, de Jacques Brel, le dio el impulso que necesitaba en Francia y fue el primer salsero en obtener disco de oro en Francia, y lo hizo con su álbum ‘Herencia Africana’.Muchos seguidores de Yuri se preguntaban qué pasó después de su quinto álbum, ‘Cita con la luz’, hecho entre Colombia y Cuba, en 2009, un álbum tintado de latin jazz. Pues bien, Yuri confiesa que vivió dos años difíciles porque tuvo que recuperar sus discos, ya que había entregado la mayor parte sus derechos. “Esos procesos allá son tremendos. No llegamos a instancias legales, pero compré mi catálogo. Como yo no sabía que era un editor, un productor, lo que me dijera una persona para mí era bueno. Llegué a dar el 115% de mis derechos”, explica. Para evitarse más dolores de cabeza, Yuri montó su propia empresa, Buenaventura Vivo. Si todo sale bien, su mánager a nivel mundial será el mismo de Nina Simone. Sin embargo, dice que aún no quiere hablar de un nuevo álbum, hasta que no tenga algo bueno que decir. Y es que Yuri se toma muy a pecho cada canción. Prueba de ello es su éxito ‘Donde estás’. Dice que un día tuvo que ir a buscar a un músico, que estaba perdido en el basuco, en una olla de la ciudad. Y tuvo que recorrer habitaciones de espanto del centro, peligrosos corredores, y empezó a sentir y a vivir la letra de su canción: “Dónde estás, Dios de madres abatidas, Dios de niños violados, de niños trabajadores, dónde estás”... y estalló en llanto. Al llegar a su casa, aún en trance, escribió la letra de la canción con su pluma, como acostumbra. Y al despertar de esa especie de sueño, para repasarla, vio que sus lágrimas habían borrado la canción. “Esa canción para mí es la más fuerte que he hecho, primero la canté solo y luego con Orishas. Pero siempre se me olvida la letra, me la tienen que soplar”, dice. Él, que tuvo el honor de presentarse en el Palacio de Versalles con el tenor Roberto Alagna, prefiere al público caleño. “Aunque es un privilegio cantar en lugares como ese, la energía allí es muy baja, porque es un público que viene de la música clásica y uno a veces siente que están con un bisturí en la mano”. En cambio, describe a los espectadores caleños con el calificativo ‘naif’, es decir, inocente. “La salsa no sería lo que es si el público caleño no fuera tan bonito, tan generoso, muy pasional e impulsivo”. Y confiesa que su sueño es hacerse amar de ese público. “Porque Cali tiene un futuro histórico, como lo tuvieron en su momento Puerto Rico y La Habana. Cali va a ser un punto de observación mundial de ese fenómeno de la salsa. La salsa no ha dicho la última palabra”. También habla del folclor del Pacífico: “Para mí el jazz del siglo XXI está en el Pacífico Colombiano, éste y Cali formarán la Nueva Orleans”, pronostica. Sobre grupos como Chocquibtown, que fusionan folclor y música urbana, advierte: “No se puede perder de vista la responsabilidad étnica. Un músico debe ser más que un vedette, más que una estrella comercial. Fusionar la música del Pacífico y lo urbano es válido, pero el folclor debe tratarse con respeto. Porque donde están los folcloristas es donde están los desplazados, la violencia, la guerra, y uno no puede irrespetar ese mensaje social que ellos quieren dar”. También se queja de no ser profeta en su tierra, pero no porque sus conciertos no se llenen sino porque ni lo programan en la radio, ni lo contratan en la Feria de Cali: “Nosotros mismos nos producimos en este concierto, porque no nos contratan, los que programan todavía no creen que lo nuestro gusta. No creen en nuestros valores. Me han dicho que tampoco está Guayacán. ¿Qué pasa?”, se pregunta.Entonces recuerda: “En una de mis visitas a Colombia mi mamá me contó un chiste y no me reí, y ella me dijo: ‘Usted ya no es de aquí’. Y me puse a pensar: ‘Si yo me vuelvo francés, me perdí, no hice nada. Y ahí mismo empecé a crear proyectos que me permitieran tener el pretexto de estar viniendo a mi país, a mi Buenaventura. Defender mi cultura me interesa más que pegar una canción”.

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