ENTRETENIMIENTO

Escucha tu corazón para encontrar el camino de la libertad

Junio 18, 2013 - 12:00 a.m. Por:

Esta es una de las parábolas incluidas en el libro ‘Escucha la voz de tu corazón’.

El joven que iba a ser sicarioHace algunos años, en la época en que la guerrilla hacía retenes frecuentes en las carreteras de Colombia, iba yo de Medellín a Bogotá en mi camioneta, y en plena zona de guerrilla la llanta derecha se pinchó. En esos días, por aquella carretera prácticamente no transitaban carros, y mucho menos personas. Me bajé del carro, y para mi sorpresa el gato de cambiar la llanta se encontraba dañado. Me senté a pensar qué iba a hacer, cuando vi a un muchacho que venía caminando y se fue acercando a mi carro. Era un joven de unos 22 años, vestía ropa muy sucia y se notaba que llevaba muchos días sin bañarse. Se me acercó y me preguntó si necesitaba ayuda. Le comenté lo que sucedía con la llanta, y me dijo que no veía ningún problema, que él la podía arreglar. Cogió unas piedras que había en el camino, subió el gato sobre ellas y con una palanca que se inventó, subió el carro para poder cambiar la llanta. En diez minutos había terminado y me dijo: “Listo, ya se puede ir, ya terminé”. Yo no podía creerlo: a ese ser desaliñado que se encontraba frente a mí, en ese momento lo vi como un ángel, ya que había aparecido prácticamente de la nada para ayudarme. Le di un dinero y le pregunté a dónde se dirigía, a lo que me contestó que para cualquier lugar, que no tenía destino fijo. Me despedí de él, encendí mi carro y seguí mi camino hacia Bogotá. Durante cinco minutos seguidos estuve pensando que había dejado tirado en esa zona peligrosa a ese ser tan lindo que me había ayudado, por lo que decidí dar vuelta atrás y recogerlo. Le di un overol limpio que tenía dentro de mi carro, para que se quitara esa ropa maloliente que llevaba puesta, y se subió al carro. Le dije que me dirigía hacia Bogotá, a lo que me respondió que le parecía perfecto. Nos fuimos hablando todo el camino sin parar, sin saber que la historia que él me iba a contar me iba a impactar profundamente y a enseñarme muchas cosas sobre el porqué de ciertos actos sin sentido que cometen las personas.Él era un muchacho que vivía en una de las peores y más paupérrimas comunas de Medellín, donde el hambre y la miseria se encuentran en cada esquina. Siempre se había caracterizado por ser un muchacho sano, lo que consideraba algo muy difícil en un sitio como ese, donde la droga, los hurtos, los atracos, las violaciones y los asesinatos eran el pan de cada día. Siempre veía cómo rebuscarse la comida para él y para su mamá. Lo que él no sabía era que un grupo de sicarios le había puesto los ojos encima para reclutarlo y convertirlo en parte de su equipo, por lo que un día al salir de una panadería se le acercaron unos hombres y le preguntaron si necesitaba dinero. Él respondió que sí. Ellos le dijeron que sabían de una manera de ganar mucho dinero, y que si estaba interesado, en cinco días volviera al mismo sitio para irse con ellos. Este muchacho, después de pensarlo mucho, tomó la decisión de irse con ellos para buscar “mejores” horizontes. Lo llevaron a un sitio dentro de la misma comuna, donde los sicarios tenían un centro de entrenamiento para la muerte. Lo entrenaron en el manejo de todo tipo de armas durante algunos meses, pero la prueba final para poder entrar al grupo y comenzar con sus labores era matar a una persona cualquiera, como muestra de su lealtad y compromiso con la causa. Salió con su gente a un parque, y el jefe le señaló a una viejita que estaba sentada en una banca. Le dijo que la anciana siempre iba a ese parque y se sentaba allí durante varias horas, y que él debía regresar al día siguiente para matarla. Aquella noche, me contó él, fue un infierno, ya que tenía que tomar una decisión sobre lo que iba a hacer al día siguiente. Muerto de miedo decidió escapar metiéndose por entre los tubos del acueducto. Sentía una gran cobardía por no poder matar a esa viejita, por lo que se iba a meter en un problema terrible con sus jefes, que probablemente lo iban a matar. Cuando yo lo recogí, venía huyendo; había pasado toda la noche corriendo y tratando de escaparse. Lo que más me impresiona de esta historia es la confusión en que este muchacho se encontraba debido a sus creencias. Él huyó porque su corazón le gritó fuertemente que no matara a esa viejita, pero él creía que había sido muy cobarde por no haber sido capaz de asesinarla. Me tomó el resto del camino explicarle que la decisión que él había tomado era la mejor y que no se debía sentir un cobarde sino un héroe que había valorado la vida y el amor.Casi todas nuestras acciones provienen del miedo, razón por la cual en lugar de actuar tranquila y conscientemente, la mayoría de las veces reaccionamos de manera sorpresiva sin darnos cuenta realmente de la magnitud de las cosas que estamos haciendo. En estados de inconsciencia es cuando los seres humanos cometen los actos más atroces.Muchas veces cuando las personas se ven acorraladas es cuando pueden analizar con cabeza fría lo que sucede en sus mundos y entienden que por ansias de dinero o por buscar prestigio, fama y reputación hacen cosas que van en contra del corazón. Para algunos de ellos ya es demasiado tarde dar vuelta atrás, pues han realizado actos por los que tienen que pagar con sus propias vidas; pero en cambio existen otras personas, como este muchacho, que a pesar de la confusión en que se encuentran, por un instante escogen escuchar su corazón y retoman el camino que los llevará a la libertad.Por eso a todas las personas que tienen que tomar alguna decisión difícil en sus vidas, siempre les digo que hagan un alto en el camino y observen con los ojos del corazón conscientemente, no con los de la mente, la situación por la que están pasando, y así podrán tomar una decisión adecuada. Cuando decides en contra de tu corazón, siempre te vas a estrellar y vas a sufrir.

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