El hombre que encarna el papel del Papa en la serie 'Francisco: El jesuita'

Noviembre 26, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Liliana Bedoya / Reportera de El País
El hombre que encarna el papel del Papa en la serie 'Francisco: El jesuita'

‘Franciso: el jesuita’ es una miniserie de cuatro episodios que permitirá conocer al hombre detrás del Sumo Pontífice, quién es y de dónde viene Jorge Mario Bergoglio. Sus días como sacerdote en Argentina hasta llegar a ser el líder de la Iglesia Católica.

La historia de Gustavo Yanniello, el argentino que interpreta al Papa en la serie que se estrena hoy por el canal History.

Meterse en los zapatos del Sumo Pontífice estaba en el destino del argentino Gustavo Yanniello.

Una especie de premonición ha rodeado, desde hace 30 años,  al protagonista de la serie 'Francisco: El jesuita', que desde hoy trae  a las pantallas el canal History para recrear  la historia del Papa Francisco. 

“Me pasaron muchas cosas extrañas”, dice en diálogo con  El País este actor  argentino de 58 años recién cumplidos, que ha hecho “un montón de cosas” antes de abrazar el reconocimiento público.

Yanniello fue coordinador de disciplina en un colegio de secundaria, trabajó en el control de producción en una fábrica de galletas, fue vendedor de cosméticos, laboró en una fábrica de grifería y en una de cerámica donde producían sanitarios. 

Todo esto para mantener la vida artística que empezó a alimentar desde 1984 como actor de teatro y luego como locutor, carrera que hoy sostiene buscando sus propios anunciantes. 

Separado y padre de Alan, de 25 años, y Miranda, de 21, Gustavo reconoce que su vida ha estado marcada por una fecha: 20 de mayo.  

“Tenía 20 años y  mi novia era una chica que se llamaba Donatella y fue a ver a una vidente que tiraba las cartas del tarot. Ella le dijo:  ‘Decile a tu novio que se acuerde del 20 de mayo porque ese día le va a cambiar la vida’. Esa frase o esa fecha me acompañó durante toda mi vida. Siempre esperaba algo bueno, pero nada pasaba”.

“Y en el matrimonio cuando las cosas no alcanzaban a fin de mes le decía a mi esposa: ‘Quédate tranquila que el 20 de mayo va a cambiar mi vida’. Hasta  a mis hijos les sonaba familiar la fecha”, recuerda hoy con humor. 

Sus días los reparte así:  de 9:00 a.m. a 12:00 m., participa en el programa radial ‘Digo lo que pienso’. Y las tardes las dedica a buscar anunciantes. 

En cierta ocasión ingresó a su perfil en Facebook “para revisar uno de estos grupos donde publican convocatorias a cásting. Cada tanto entro a mirar qué hay. Encontré un publicación en donde convocaban a actores de 20 a 60 años. Me interesó porque creía que si no llegaba a entrar en una convocatoria tan amplia, realmente estaba muy mal”.

“La verdad, no sabía de qué se trataba, solo pensaba en que fuera un trabajo más, no importaba demasiado si era protagonista, secundario, extra o si me tocaba mostrar un zapato, para mí era importante porque el trabajo de actor  me enorgullece. Así que mandé  una foto y mi curriculum”.

Ese envío trajo de vuelta una respuesta. “Recibí un mail en el que me decían:  ¿Podés mandar unas fotos? Mandé otras fotos sin saber todavía de qué se trataba. Tengo que confesar algo: yo no tengo ningún ‘book’ ni nada profesional, eran fotos espontáneas, muy caseras. Entre esas fotos mandé una en la que personifiqué en el 2011, en una obra teatral pequeña, a un pastor brasilero”.

Luego llegaría un correo donde le notificaban que había sido preseleccionado para participar de un cásting para el papel del Papa Francisco. 

Allí recordó que en una ocasión, en uno de los recesos de la emisora,  “en uno de los monitores estaba la imagen del Papa Francisco y les dije a mis compañeros: 'La verdad, yo siento que me parezco a él y seguro que cuando yo tenga más años vamos a ser más parecidos. Y si alguna vez van a hacer una película o una serie del papa,  ¿cómo se enterarán de que yo existo y yo cómo voy a enterarme de que van a hacer una película? Todos me miraron y se rieron”. 

En marzo Gustavo ya había tenido una semana para preparar el libreto para su cásting, que debía presentar un lunes a las 2:00 p.m. 

En el amanecer de ese día, a las 3:00 a.m., “me llega un mail que decía: ‘Hubo una equivocación, en  vez de lo que te mandamos esto es lo que tienes que preparar’”. Y así como así le cambiaron el parlamento.  

“Decidí dormir tranquilo y  hacer mi día normal con mucha tranquilidad. De 9:00 a.m.  a 12:00 m.  fui a la radio y entre tanda y tanda de comerciales intenté interiorizarlo, no memorizarlo. Era un texto de una omilía que más parecía un trabalenguas”.

Pasó el cásting y dos meses después, un 20 de mayo sonó su teléfono. “Era el director y me dijo: ‘Gustavo, vos sos el que elegimos para que haga el papel de Francisco’. Eso me emociona aún hoy. Esto es lo más importante que me ha pasado a nivel profesional y personal”.

¿Entonces la carta de la vidente fue una premonición? “Mmm, parece que sí. Además viví a tres cuadras de la casa de Bergoglio. Mis padres viven a 300 metros de la casa donde vivió él siempre, en el barrio  Flores.  Así que todos mis amigos y conocidos están orgullosos porque otro hijo de Flores salió del mismo barrio”, revela con mucha naturalidad Gustavo. 

Asegura que su interpretación le dio la oportunidad de “estar en los zapatos más importantes del planeta. Ese es el par de zapatos. Esos zapatos  son muy especiales porque son los zapatos de la humildad, del tratar bien al otro, de incluir a todos. Y si tuviese que  elegir un par de zapatos, estos serían los que elegiría”.

Personificar al Papa no le exigió muchos cambios físicos. “Las  orejas de Francisco tienen una dimensión un poco más grandes a las mías y  resolvieron sacarme una especie de molde y hacerme unas orejas de silicona. Me maquillaban una que otra arruguita. Y me pusieron un chaleco para darme un poco más de volumen. La idea era acercarse sin perder la naturalidad”.

Asegura que no le pesó lucir como Francisco. “Lo disfruté. Por un lado estaba viviendo con intensidad lo que me estaba pasando. Y por otro lado era testigo de lo que sucedía. Me repetía 'Esto no me va a pasar otra vez'. Al segundo o tercer día de rodaje ponerme la sotana blanca era para mí muy natural”.

Hace unos días Gustavo Daniel Yanniello recibió en su Facebook una solicitud de amistad, era de  Alejandro Bergoglio, sobrino del papa, quien le manifestó que ya había visto la producción y lo felicitó porque de alguna forma había  captado la manera de ser de Jorge Mario Bergoglio. 

“Al menos  ya tengo la crítica de un familiar directo porque siempre  la familia de los personajes es la más crítica. Tener a alguien que lo haya aprobado es una caricia para mí”. 

Por primera vez en la vida, el hombre que ha pasado sus mañana del otro lado el micrófono haciendo “comentarios infortunados”, como él mismo lo dice, esta vez está al pie del micrófono para contar su historia. 

Con mucha humildad, como esa que tanto admiró en Bergoglio desde joven cuando se lo cruzaba en el barrio Flores, Yanniello solo atina a decir: “No sé si esto me va a cambiar más la vida. Siempre soñé, desee una oportunidad para poder mostrarme. Me siento actor, siento que puedo abarcar y comprometerme con ciertos trabajos. Esto es algo bueno, grande, que la vida me dio, lo disfruto y algún día lo voy a procesarlo y a definirlo”. 

No conoce al Papa porque, cuando fueron a realizar la producción en Roma, él estaba en su gira por Bolivia. Dice que después de su papel, de saber que es un hombre que atiende tantos asuntos, no se vería ni siquiera pidiéndole cinco minutos de su tiempo, “aunque fuera para hablar de fútbol argentino porque yo soy del Boca y él de San Lorenzo”. 

Y si le dieran un minuto con el Papa, ¿qué le diría? “Eso me emociona pensarlo... le diría que soy uno de los que reza por él”.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad