El abecé de la champeta, el ritmo 'prohibido' que se pondrá de moda

El abecé de la champeta, el ritmo 'prohibido' que se pondrá de moda

Enero 12, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera | Reportera de El País
El abecé de la champeta, el ritmo 'prohibido' que se pondrá de moda

Kevin Flórez (der) impuso ‘La invité a bailar’ a nivel nacional. En 2013 ganó El Congo de Oro y el Premio Shock a la música.

La champeta es polémica por la carga erótica de sus pasos y sus letras. Entre la fiebre y la aversión total.

Un temblor amenaza con sacudir a todo el país. Viene desde Cartagena con sabor a palenque africano, letras explícitas y movimientos sensuales y desenfrenados: la champeta.Más que un baile, la champeta es un fenómeno cultural que se verá reflejado en ‘Bazurto’, una nueva serie colombiana que revela las interacciones sociales –y sexuales– de las clases populares de Cartagena, ciudad donde este ritmo surgió hasta alcanzar un arraigo cultural fuerte que se extendió por la Costa Atlántica.Con su nombre prestado del cuchillo con el cual los pescadores descaman el pescado, la champeta es un movimiento de barriada, de los que no tienen cómo ir a una discoteca –ni pagar las boletas de casi un millón de pesos del reciente Summerland– y se reúnen alrededor de un gran protagonista: el ‘pick up’, un equipo de sonido de potentes bafles que se saca a la calle. La música atrae la gente y forma un torbellino de alegría.‘Champetudo’ era la forma despectiva en que, desde 1920, las élites cartageneras llamaban con desprecio a los más pobres, a los afrodescendientes de los barrios marginales. El equipo de sonido es a la champeta lo que el acordeón es al vallenato: alrededor de este aparato que muele ese ritmo afrocaribeño se reúnen hombres y mujeres a bailar, a socializar, a conocerse, a enamorarse. Por eso, a la fiesta de champeta se le llama, justamente, ‘pick up’. Hoy por hoy, un ‘pick up’ es una emisora ambulante que, en una escena muy macondiana, va llevando de barrio en barrio, de pueblo en pueblo a lo largo y ancho de la costa, los nuevos temas de artistas naturales y espontáneos. Luego ellos graban sus propios videos y los suben a Youtube, y cuando ya están pegados, la gente los reclama y las emisoras los hacen sonar.Así lo explica Leonardo Iriarte, relacionista público de Rey de Rocha, el ‘pick up’ más grande de la Costa Caribe colombiana y que impuso su estilo de presentar a sus propios artistas en vivo, haciendo ‘taqueo’ (lleno total), en una especie de verbenas dominicales en La Boquilla, Turbaco, Bocachica, Didonkee y, por supuesto, en Bazurto, asentamientos de raíces afro en La Heroica.Rey de Rocha, con su infraestructura de 16 bafles, pantallas gigantes, una tarima importada de China, luces y humo, organiza ‘pick ups’ que “se llenan monstruosamente”, hasta 5.000 personas, en la Plaza de Toros de Cartagena o La Boquilla. En Barranquilla ha hecho cinco ‘espeluques’, como los llaman en la costa. A Caracas han ido dos veces y dos más a tierras ajenas a esta cultura, como Bogotá.Por la Organización Musical Rey de Rocha, OMR, han pasado los mejores exponentes de este género musical, desde hace 27 años que fue creada esta empresa. Ha grabado 56 volúmenes de champeta con su sello OMR y su sitio en Facebook tiene más de 40.000 seguidores que por seguir al rey se denominan ‘reynaldistas’.Primer paso: champeta africanaEn el Festival de Música del Caribe en los años 80 algunos grupos comenzaron a interpretar música africana ‘importada’ de Zaire, Zimbawe, Camerún y Nigeria, dice Luis ‘El Chino’ Higuera, creador de SalsaSocca, espacio de Madrigal Stéreo de Barranquilla desde hace 30 años, antes llamado ‘Pick-uptiando’.Pero el ritmo halló su nicho natural en la población afrodescendiente de Cartagena. Es como si la hubiesen escuchado y bailado durante los cinco siglos de desarraigo desde que fueron traídos de África sus ancestros como esclavos, hasta hoy.Segundo paso: terapia criollaEn los años 90, el movimiento evolucionó a la champeta criolla, llamada también ‘terapia criolla’, en la que cada artista hace fusión de hasta 20 ritmos afro (soukous, highlife, mbquanga y juju) con sonidos antillanos (rap-ragga-reggae, compás haitiano, zouk, soca y calipso).También lleva ritmos indígenas y afrocolombianos como bullerengue, mapalé, zambapalo y chalupa. Fiel exponente de ella y pionero en el país es el palenquero Viviano Torres y su grupo Anne Swing. Luego surgieron talentos como Rafael Chávez, Hernán Hernández, Kussima, Álvaro ‘El Bárbaro’, Elio Boom y los tempranamente fallecidos y reconocidos John Jairo Saya Díaz, artísticamente llamado ‘El Sayayín’ y el ‘Afinaíto’, así como Mr. Black, aún vigente.Tercer paso: champeta urbanaY hace tres años tomó auge la champeta urbana, con más influencia digital. Allí destacan Kevin Flórez, Twister El Rey, Mr. Black y Young F., quienes aparecerán en una presentación en vivo en la serie de Tv., cuya banda sonora incluye 49 canciones de ellos y otros artistas de Rey de Rocha. “Rey de Rocha es una marca de este movimiento, por eso Caracol nos buscó como pieza fundamental de la producción de ‘Bazurto’”, dice Leonardo Iriarte, jefe de Relaciones Públicas de esta organización. ¿Y cómo explicar la fuerza de este fenómeno de masas? La champeta es el gran catalizador que le permite al pueblo disimular las penas diarias los fines de semana para empezar otra vez el lunes a buscarse la vida, porque muchos de sus fans son trabajadores informales. Así describe el fenómeno social Humberto Castillo, productor ejecutivo de OMR. Todos los fines de semana champeteros entre 18 y 40 años llenan los ‘pick up’ y dicen que hoy hasta gente de estrato 5 y turistas extranjeros se interesan por esta expresión cultural. De hecho, Bazurto Social Club es la discoteca ‘in’ de champeta más visitada de La Heroica, junto con Babar, Mr. Babilla y Guacamayo. El movimiento es tan fuerte que copa el 50 % de la programación de las emisoras cartageneras y el otro 50 % se lo reparten el vallenato y otros géneros musicales. Y bailar champeta les resulta tan natural que no hay academias como las de la salsa en Cali. Sin embargo, hay letras, pasos o poses como ‘la camita’, ‘el choque’ o ‘la grapa’ que escandalizan a veces hasta a los desinhibidos costeños. Aparte del estigma social, la champeta es mirada con recelo por pasos y poses que parecen más propios del acto sexual que del arte de bailar. Kelvin Medina, locutor de Tropicana, emisora que difunde básicamente champeta, coincide con Higuera en que este baile es sensual, mas no sexual. “Los del interior del país le ven una carga erótica fuerte, pero culturalmente los cartageneros y costeños no, porque, aunque las parejas juntan sus partes, no están pensando en el acto sexual sino en seguir la música y disfrutarla”, dice Higuera.“La champeta tiene poses atrevidas, pero sin faltar al respeto, es solo una forma coreográfica de disfrutar el ritmo musical”, insiste Kelvin Medina. Promotores y estudiosos del mismo, como Higuera, dicen que “no ha sido fácil el tránsito de la champeta desde el ‘pick up’ de barrio hacia los estratos altos de la sociedad”. Por ello, si los productores de televisión la han tomado como el centro de una novela, “nos da un parte de victoria a los que hemos creído en este movimiento que fue de menos a más, porque otras emisoras no arriesgan, les gusta moler la música que ya les entregamos digerida”, dice Higuera.Del mismo parecer es El Coreano, dueño de otro ‘pick up’ desde hace varios años en La Boquilla y en San Fernando, quien se muestra dispuesto a seguir divulgándola hasta lograr quitarse el estigma de música de ‘champetudos’.Ellos ya no quieren que la champeta sea mirada como la música del pueblo surgida en Chambacú, en el sur de Cartagena, sino llegar al otro extremo de la ciudad, a los barrios pudientes. Ya no quieren ser los colados del norte, sino los de la champeta social y culturalmente aceptada y respetada no solo allí sino en el resto del país, a donde quieren llegar con su ola de música y baile vistoso y sensual, que amenaza con contagiar a los colombianos.

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