Diferencias entre ser una buena madastra y una bruja malvada
ENTRETENIMIENTO

Diferencias entre ser una buena madastra y una bruja malvada

Abril 22, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Liliana Bedoya S., reportera de El País
Diferencias entre ser una buena madastra y una bruja malvada

Pautas que marcan la diferencia entre ser una madrastra buena y una bruja malvada como la de los cuentos. Sea una madrastra ejemplar.

Ser la madrastra o la segunda esposa de un hombre con hijos, no es la aspiración ni el sueño de una mujer. Sin embargo, por cuenta de los divorcios y la reconstitución de los hogares, esta figura ha vuelto a tomar vuelo. Cuentos clásicos de hadas como ‘Blancanieves’ o ‘La Cenicienta’ han presentado a la madrastra como aquella bruja dispuesta a hacer lo que sea con tal de sacar de su camino a los hijos de su pareja o llegar al punto de degradarlos y hacerlos sus sirvientes. Este estereotipo ha hecho que quienes se le miden a la compleja labor de criar hijos que no son los propios, sean vistas como seres perversos. “Cuando una mujer asume una relación de pareja con un hombre que tiene hijos de una unión anterior, no tiene la intención de asumir el rol de madrastra ni buena ni mala; sin embargo frente a los ojos de los hijos de su pareja el ocupar “el lugar de su madre”, ya la convierte en mala. Es una forma natural e inconsciente de fidelidad hacia la madre”, explica Ana María Gálvez, orientadora familiar.Aquí algunas pautas para reconocer si usted es una madrastra de las buenas o de aquellas que ven en los hijos de la pareja sus pequeños grandes rivales. 1. ¿Está lista para ser madrastra?“Toda mujer desea construir su hogar. Si asume un proyecto de vida en el que hay hijos de una unión anterior debe tener la suficiente flexibilidad y paciencia para conciliar sus propios deseos con los del hogar que ya los chicos conocían, y a los cuales ellos no están dispuestos a renunciar. Hay que tener la suficiente madurez emocional para no caer en sentimientos de competencia  e imposición de sus parámetros en aras de “borrar” el esquema de la mujer que ocupaba el lugar de pareja de quien ahora es su esposo”, explica Ana María Gálvez Fernández, orientadora familiar y psicóloga transpersonal. 2. Aguarde a que su pareja sea quien la acerque a sus hijosPara garantizar que la relación con sus “nuevos hijos” sea exitosa, nunca debe presionar o forzar el acercamiento con ellos. “El hombre es quien da la pauta de ingreso de su nueva pareja a la vida de sus hijos, muchas mujeres se apresuran pero el hombre no está muy dispuesto a hacerlo porque lo considera intromisorio para su vida y la de los niños”, explica Adriana Banguero Sánchez, especialista en sicología del niño y coordinadora del área de desarrollo humano de la U. San Buenaventura Cali. Una razón para hacerlo de manera gradual es que, cuando hay una ruptura o separación, el niño siempre anhelará que sus padres vuelvan a estar juntos, pero si llega una tercera persona verá a esta como una amenaza. Carolina Luna, sicóloga y docente del Politécnico Grancolombiano argumenta que no se puede pretender “ser madrastra de la noche a la mañana” y estima que tras una separación padre e hijos deben tener un periodo de adaptación que vaya de seis meses a un año. Y al establecerse una convivencia con los hijos y la nueva pareja, hay que dar el mismo compás de espera de adaptación. 3. Sea la consejera y no la enemiga“Una madre nunca se va a sustiur, pero puede optar por ser una buena consejera con los muchachos”, sentencia la sicóloga Luna quien además recuerda que una madrastra “no está autorizada para ejercer el castigo físico o ser agente de seguridad para los muchachos, pero sí puede cumplir funciones como el papel de amiga, orientadora, así como brindar soporte en cuanto a lo que es adecuado o inadecuado”. Para Ana María Gálvez hay que saber actuar. Pues cuando se asume una actitud ‘educativa’ en donde se dicta que deben ser ordenados, obedientes, responsables, puede llegar a ser “malentendido por los chicos, quienes sienten que el señalamiento de sus faltas es una agresión”. Sugiere entonces, ser la facilitadora de la sana convivencia, actuar como una maestra y no como una mamá. “La madrastra puede sugerir a sus hijastros cómo solucionar sus conflictos y aprovechar sus fortalezas. Su obligación no es reemplazar a la madre ni las funciones educativas del padre”.4. No hable mal de la mamá biológicaHoy, en medio de tantos hogares que se reconforman, las madrastras deben “tener una relación cordial con la mamá de los muchachos, no se espera que sean amigas, pero sí tener una buena relación para que no se afecten los vínculos”, dice Luna. Adriana Banguero sugiere, en aras de la armonía, “nunca hacer comentarios desvalorizantes de la mamá, así los mismos niños cuenten cosas negativas de ella. Hay que escuchar lo que ellos quieran decir, y si las situaciones son difíciles, debe comentarlas en privado con el papá del niño”. 5. No se deje desestabilizarComo madrastra, seguramente tendrá que lidiar con situaciones incómodas y estas son generadas por el arraigado mandato cultural de que “madre no hay sino una” y cuando eso no se cumple, resulta chocante para los chicos. Además, tendrá que ser testigo de situaciones como la relación buena o mala que tiene el hijo con su madre, las posibles fricciones por la manutención, la existencia de normas diferentes en ambas casas, torear los brotes de rebeldía de la adolescencia y algunos actos de manipulación que emprenden los hijos para echarle el agua sucia a usted. Ante todo esto, las especialistas consultadas por El País sugieren no angustiarse, mantener la calma y en todo momento mostrarse firme y respetuosa; pues allí los hijos entenderán que usted es una persona en la que pueden confiar sin entrar en conflicto con la mamá.¿Quién manda a quién?Estos son algunos aspectos a tener en cuenta sobre el manejo de la autoridad, los premios y los castigos:Conozca cuáles son las pautas de crianza que tenían antes los hijos. De común acuerdo con su pareja establezcan unas reglas en el nuevo hogar.Si no está de acuerdo con las normas o sanciones que el padre tiene con sus hijos, hable con su pareja en privado.Si los niños no viven con usted pero van de visita a su casa con bastante frecuencia, también hay que indicarles que en la casa hay normas de convivencia y de respeto hacia los demás que se deben seguir. Tenga una postura generosa, amorosa y de sana firmeza ante las faltas de los chicos. La idea es apoyar la formación de los hijos del hombre que se ama pero no relevarle a él la responsabilidad de la crianza. Hay padres biológicos que nunca le han pegado a sus hijos y si como madrastra lo hace, eso va a quebrar todas las leyes al interior de la familia. Si es demasiado flexible puede promover las malas conductas de los hijos. La justa medida es ser democrático: sin usar el castigo físico, premiar cuando hay conductas adecuadas y llamar la atención, de manera inmediata, cuando cometen una falta. A la hora de premiar y castigar asuma siempre un papel neutro tanto con sus hijos de sangre, como con los de su pareja. No se trata de que usted quiera más a uno que a otro, ni que ellos quieran más a un papá que al otro.Una mujer es madrastra cuando se inicia una convivencia con el hombre que tiene hijos. En el noviazgo es saludable compartir actividades con los niños y permitir que ellos también opinen sobre los sitios que quieren visitar. Recuerde que usted debe equilibrar sentimientos que hay en los niños quienes la podrán ver como la sustituta de la mamá o la mujer con la que deben compartir el amor de papá.Otras reglasNo pretenda “ganárselos” en la primera cita. La confianza y el respeto se ganan cuando la mujer se deja conocer poco a poco por los hijos. Cuando esté en el plano del noviazgo permita que él tenga tiempos a solas con su hijos, a solas con usted y otros compartidos. El hombre debe contarle a sus hijos que tiene una relación. No para recibir aprobación, sino para que sepan que existe una persona que lo ama. Si la madre de los niños falleció, dé las gracias por tener la misión de criar a sus hijos. Si usted honra y respeta la memoria de esa madre, y lo inculca en los niños, el sistema familiar no se verá alterado.

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